La evolución del jardín
Dominicas de Lerma |
Hola, buenos días, hoy Sión nos lleva al Señor.
Que pases un feliz día.
En mi celda, tengo un pequeño espacio para mis
plantas. Es la “zona verde”, y la tengo bautizada como “mi jardín”.
Lo cierto es que no me da mucho trabajo: con
los fríos de invierno, ¡podía pasar una semana entera sin que necesitara regar!
Pero, ¡ay!, ahora que ha llegado el buen tiempo, si me descuido un poco, ¡se me
seca todo! ¡¡¡Qué exageración, hay que estar regando continuamente!!!
De pronto he caído en la cuenta de que algo muy
similar pasa en nuestro corazón: cuando conocemos al Resucitado, la primavera y
el calor llegan a nuestro corazón… ¡¡y cada día necesitamos más de Su agua!! O,
en otras palabras, cada día necesitamos más de Él, de Su presencia, de Su amor:
“Si conocieras el don de Dios y quién es el que
te dice «dame de beber», le pedirías tú, y él te daría agua viva” (Jn 4, 10).
Como mis plantas necesitan agua para vivir, del
mismo modo nuestra alma necesita ese agua que refresca y da vida. Y, cuanto
conoces a Jesucristo, cuando experimentas el calor de Su abrazo rodeando tu
vida, se acaba el invierno dentro de tu corazón, todo se llena de luz y color…
¡¡y cada vez necesitas más agua!!
Como toda relación de amistad, esta relación
también va creciendo, ¡y es precioso volver la vista atrás y contemplar el
camino recorrido! Tal vez al principio te bastaba con un simple saludo… y un
día te descubres compartiendo cada instante, ¡viviendo cada jornada en equipo!
De necesitar solo unas gotas, ¡a vivir totalmente sumergido en Su agua, en Su
amor!
Hoy el reto del amor es… ¡beber! Te invito a
que, cuando hoy bebas un vaso de agua, disfrutes tomándolo, experimentes su
frescura, el alivio de la sed: ¡es pura vida! Pídele al Señor poder descubrir
que, exactamente así, es cada minuto que pasas a su lado: un surtidor de agua,
¡que salta hasta la vida eterna!
VIVE DE CRISTO
¡Feliz día!
15 julio 2024
Fuente: Dominicas de Lerma