Estas órdenes tienen una autonomía propia que les permite no depender de las diócesis donde se ubican sus monasterios, descubre por qué
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Philippe Lissac | GODONG |
Las órdenes
religiosas contemplativas son aquellas que se dedican principalmente a la
oración, la meditación y el trabajo en el monasterio, bajo la dirección de un
abad o superior y siguiendo una regla monástica
Estas órdenes
tienen una autonomía propia que les permite no depender de las diócesis donde
se ubican sus monasterios. Esto significa que no están sujetas a la autoridad
del obispo diocesano, sino que dependen directamente de la Santa Sede o de su
superior general.
Así, pueden
conservar su carisma, espiritualidad y disciplina sin interferencias externas.
Algunos ejemplos de estas órdenes son los Benedictinos, Cistercienses, Cartujos, Jerónimos y
Camaldulenses.
¿Qué ventajas
tiene esta autonomía?
La autonomía de
las órdenes religiosas contemplativas les permite vivir su vocación con mayor
libertad y fidelidad. Al no estar sometidas a las necesidades pastorales de la
diócesis, pueden dedicarse plenamente a la alabanza de Dios y a la intercesión
por el mundo. Además, pueden mantener una mayor comunión con otras comunidades
de su misma orden, tanto dentro como fuera del país.
La autonomía
también implica una mayor responsabilidad por parte de los monjes y las monjas,
que deben cuidar de su formación, su economía y su gobierno interno. Así,
pueden desarrollar sus talentos y sus carismas al servicio de la Iglesia y de
la sociedad.
¿Qué relación
tienen con las diócesis?
Aunque las
órdenes religiosas contemplativas no dependen de las diócesis, esto no
significa que vivan aisladas o desconectadas de ellas. Al contrario, mantienen
una relación de respeto, colaboración y comunión con el obispo y el clero
diocesano. El obispo tiene el derecho y el deber de visitar los monasterios, de
celebrar la eucaristía con ellos y de ofrecerles su apoyo espiritual y
material. Los monjes y las monjas, por su parte, rezan por el obispo y por las
intenciones de la diócesis, y pueden participar en algunas actividades
pastorales o caritativas cuando se les solicita.
Las órdenes
religiosas contemplativas son un tesoro para la Iglesia y para el mundo. Con su
vida oculta y silenciosa, dan testimonio del amor absoluto de Dios y del valor
de lo eterno. Con su oración constante y fervorosa, sostienen a toda la
humanidad con su fuerza espiritual. Con su trabajo sencillo y creativo,
contribuyen al bien común con sus obras de arte y cultura. Por eso, merecen
nuestro reconocimiento, nuestra gratitud y nuestra oración.
Matilde Latorre
Fuente: Aleteia