Esta es la historia de Violeta, una bebé que nació con una enfermedad que era «incompatible con la vida» y de sus padres quienes decidieron cumplir la voluntad de Dios y no sucumbir ante la solución que les ofrecían que era «el aborto».
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| Imágenes de la web Salvar El 1 |
El Cirineo…
Hasta hace algunos meses atrás, no
me detuve a pensar en la humanidad de Simón de Cirene…
El Cirineo acaba de terminar su
jornada de trabajo, lo que implica que ya estaba cansado, y es obligado por los
romanos a ayudar a cargar la cruz a un reo de muerte… Ese reo es Jesús.
Es ¡obligado! El Cirineo se
encontraba ante la oportunidad y el mejor regalo de su vida. Y este regalo y
oportunidad le llegaba “disfrazado” de “carga y obligación".
En casa hace unos meses nos enterábamos
de un “regalo del cielo” de una gran oportunidad que nos cambiaría la vida y
que impactaría para siempre en nuestro rumbo de familia con un antes y un
después. Pero, sin embargo, al igual que al Cirineo, la noticia nos llegaba
“disfrazada" como carga y obligación.
Las rodillas nos temblaron, el
corazón se agitaba y el miedo trataba de apoderarse de nosotros ante esta
petición que nos hacía el Señor, pero estábamos ya sin pensarlo a las puertas y
dando pasos en ese camino, claro. Era duro y lo que esperaba al final de
nuestro esfuerzo no era nada esperanzador.
Dios nos puso cara a cara para
tenderle la mano, el corazón, todas nuestras fuerzas y el empeño para recorrer
juntos un “agridulce” viacrucis al lado de un “reo de muerte". Sabíamos lo
que nos esperaba en el Golgotha y si no hubiésemos logrado clavar los ojos en
el Cielo, Dios sabe que habríamos caído y huido de esta misión.
Para nosotros, la “sentenciada” era
la séptima hija que estábamos esperando, Violeta (la sexta ya se nos había
adelantado también de forma muy temprana en la barriga de mamá). Dios nos la
regalaba en un “perfecto empaque de regalo” que haría brotar lágrimas y temores
perfectamente pensados para ayudarnos a madurar la fe como familia, enseñando
entre muchas cosas, de forma muy temprana a nuestros cinco hijos menores de 11
años, a vivir un duelo “certero y cercano” aceptado con y por amor, para
inscribir en sus corazones desde tan pequeños, que la Voluntad de Dios es
perfecta y que toda vida se respeta y protege.
Viole, nuestra pequeñita flor,
llegaba a nosotros con un diagnóstico confirmado de un trastorno genético
“INCOMPATIBLE” CON LA VIDA. Tenía Trisomía 18, también llamado Síndrome de
Edwards. El órgano más afectado por su condición fue su corazón.
Estaba muy mal y se esperaba que muriese en el vientre o en el trabajo de
parto. Si sobrevivía, el pronóstico era de horas. Pero Dios nos la prestó por
17 días. Creo que ningún papá ni mamá desea recibir una noticia como
ésta, y quiero pensar que el temor y la angustia que vivimos es comprensible
aún para personas que ya caminamos en la fe.
Sin embargo, Violeta rompió muchos
pronósticos que pesaban sobre ella desde que se supo que “algo andaba mal”.
Fueron pequeños o tal vez, grandes milagros que Dios nos concedió como dulces besos
de amor en el viacrucis que recorríamos a su lado.
Tal vez uno de los más
significativos fuera que, tras llegar a España y con 27 semanas de gestación y
partiendo “de la nada” terminamos conectados con un programa que tiene la CUN de
Madrid para Embarazos de Mal pronóstico y de forma gratuita nos tendieron la
mano. Creo que es importante visibilizar por medios ese programa para ayudarles
a ellos, como institución, y para que más madres con embarazos con mal
pronóstico opten en medio de su temor por respetar la vida de sus hijos (https://www.cun.es/cunteacompana).
Uno a uno nuestros pequeños “sueños”
a cumplir con la corta estancia en nuestras vidas de nuestra pequeñita fueron
atendidos por Dios, y estoy segura que Él le prestó Su Corazón a nuestra
luchadora, no sólo en la gestación, sino los días que pudimos tenerla en
brazos, hasta cuando Dios, enamorado de la pureza de su alma, quiso llevarla a
su lado para llenarla de besos y cuidárnosla hasta que nos reencontremos ya en
la Eternidad.
Podría contar y contar muchas de las
cosas que Dios escribió y sigue escribiendo con un pincel suave y delicado en
nuestros corazones, en medio de la tormenta que hemos vivido. Pero por ahora
sólo quiero compartir que, contrario a lo que muchos pudiesen pensar, la
condición de Viole fue un regalo. Una oportunidad que nos concedió Dios para
experimentar el extremo amor que Él guarda por los pequeñitos, los frágiles y
“despreciados". El corazón aún duele, pero el alma ha sentido un bálsamo
de amor “inexplicable” en las semanas que hemos acompañado a Violeta dentro de
la panza y fuera de ella.
Hoy sólo ruego que si sabes de
alguien que en su vida esté pasando por algo “similar” que le alientes. Hazle
saber que hay regalos de Dios que se destapan a base de lágrimas, pero que
dentro llevan oro y perlas finas. Seguir a Dios siempre será el mejor camino
pues Él muere de ganas de mostrarnos su Amor.
La mejor forma que tenemos de honrar
la vida de Violeta es gritar al mundo que toda vida cuenta y que ha sido
pensada por Dios desde el inicio del mundo».
Fuente: SalvarEl1/InfoCatólica
