Desde dentro
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| Dominicas de Lerma |
Hola, buenos
días, hoy Sión nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.
El otro día
estaba preparando un bizcocho para desayunar. Era una receta nueva, así que,
cuando fui a echar la masa en el molde, ¡¡descubrí que me sobraba un montón!!
Justo entonces
tuve una brillante idea: ¡¡usar moldes de muffins!! Bien colocadito todo en la
bandeja de horno, ¡y no desaprovecharía ni una gota de masa!
Lo cierto es
que yo ya me estaba relamiendo pensando en mis magdalenas gigantes, viéndolas
crecer cual montañas, tan esponjosas…
Pero no. La
realidad fue que, en vez de montañas, salieron reproducciones en miniatura de
la meseta castellana. Aquello no subió lo más mínimo.
Admito que no
pude evitar sonreír: evidentemente, no es el molde lo que define al bollo,
¡sino la masa! Aunque cambies el molde, si la masa es de bizcocho, se
comportará como un bizcocho… ¡¡no como una magdalena!!
¡¡Cuánto he
podido orar con esto!! Sí, porque es muy fácil pensar que tienen que cambiar
las circunstancias para que podamos cambiar nosotros. Y, sin embargo, por mucho
que cambie lo exterior, ¡seguimos siendo los mismos! Nuestros dones y
debilidades nos acompañan, ¡aunque nuestra vida dé un giro radical!
El verdadero
cambio no depende del molde… sino de la masa. Por eso Cristo quiere trabajar tu
corazón. En tus mismas circunstancias, con las mismas personas… quiere hacer de
ti una criatura nueva. Y ese es el verdadero cambio: el que nace desde dentro.
Solo el amor de
Cristo puede hacer que tu corazón se vuelva esponjoso para acoger a los demás,
solo Él puede dar ese punto de azúcar que te llene de alegría…
Lo que sucede
es que al Señor le gusta obrar poco a poco. Él mismo habla del Reino como “la
más pequeña de las semillas, pero que, cuando crece, se convierte en un árbol…
y los pájaros anidan en sus ramas”.
¡Contigo hará
lo mismo! Si te pones en Sus manos, trabajará tu masa poco a poco, ¡y un día
descubrirás que estás en el molde perfecto!
Hoy el reto del
amor es pedirle al Señor… ¡que te vaya cambiando! Te invito a que le pidas
poder contemplar tu realidad con Su mirada, con Su amor. A lo largo de la
jornada, mira a tres personas descubriendo en ellas hijos de Dios, ¡y pídele
ver al menos una cualidad en ellas! Sin que cambie nada, todo será nuevo. Y, al
llegar la noche, ¡notarás tu corazón mucho más esponjoso! ¡Feliz día!
VIVE DE CRISTO
¡Feliz día!
Fuente:
Dominicas de Lerma
