Tres figuras marcadas por la entrega al amor de Dios, la confianza en su misericordia y la esperanza en su perdón
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| Aciprensa |
El Papa
Francisco autorizó la promulgación de los Decretos relativos a las virtudes
heroicas de las Siervas de Dios Enrica Beltrame Quattrocchi, hija del
matrimonio beatificado en el 2001, del fraile franciscano Plácido Cortese
muerto bajo tortura de la Gestapo y de la joven madre de Cinisello Balsamo,
María Cristina Cella Mocellin
Tres figuras
marcadas por la entrega al amor de Dios, la confianza en su misericordia y la
esperanza en su perdón. Estos son los rasgos que caracterizan a los nuevos
Venerables Siervos de Dios. Tras la audiencia de hoy con el Cardenal Marcello
Semeraro, Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, el Papa
Francisco autorizó al Dicasterio a promulgar los Decretos relativos a las
virtudes heroicas de Enrichetta Beltrame Quattrocchi, el hermano Plácido
Cortese y María Cristina Cella Mocellin.
"Riccardo, un don para nosotros”
La historia de
una madre que recuerda la de Gianna Beretta Molla y la más actual de Chiara
Corbella Petrillo. Es la corta pero fructífera vida de María Cristina
Cella Mocellin, nacida el 18 de agosto de 1969 en Cinisello Balsamo, en la
provincia de Milán. Creció en la parroquia, y durante sus años de escuela
secundaria comenzó su camino de discernimiento vocacional en la comunidad de
las Hijas de María Auxiliadora de Don Bosco. Cuando conoció a Carlos a los 16
años, cambió su perspectiva y sintió que estaba llamada al matrimonio. Dos años
después de que le descubrieran un sarcoma en la pierna izquierda, los tratamientos
y las terapias no le impidieron terminar el instituto y casarse en 1991. La
pareja tuvo dos hijos, pero en cuanto María Cristina descubrió que estaba
embarazada de su tercer hijo, la enfermedad reapareció.
Decidió
continuar con el embarazo, sometiéndose a un tratamiento que no pusiera en
riesgo la vida de su hijo. En una carta le cuenta a Ricardo, su tercer hijo,
esos momentos:
“Me opuse con
todas mis fuerzas a renunciar a ti, tanto que el médico entendió todo y no
añadió nada más. Ricardo, eres un regalo para nosotros. Fue esa noche, en el
coche de vuelta del hospital, cuando te moviste por primera vez. Parecía como
si estuvieras diciendo "¡gracias mamá por quererme!". ¿Y cómo no te
íbamos a querer? Eres precioso, y cuando te miro y te veo tan bello, animado,
simpático, pienso que no hay sufrimiento en el mundo que no merezca la pena
soportar por un hijo”
María Cristina
murió a los 26 años, segura del amor del Padre, fiel a Él en sus planes.
Una familia
amada por Dios
Nueve años
después de su muerte en Roma, la Iglesia reconoce las virtudes heroicas de
Enrica Beltrame Quattrocchi, la última hija del Beato Luigi Beltrame
Quattrocchi y María Corsini, fallecida a los 98 años. Una familia que vivió un
camino de santidad, demostrando, dijo Juan Pablo II que los beatificó en 2001,
que "es posible, es hermoso, es extraordinariamente fecundo y es
fundamental para el bien de la familia, de la Iglesia y de la sociedad".
Enrica tenía la
intención de seguir los pasos de sus hermanos: Don Tarcisio, Sor Cecilia y Don
Paolino, pero su destino era otro, su vocación era acompañar a sus ancianos
padres. Se implicó en el voluntariado, en las Damas de San Vicente con las que
acudía a las zonas más difíciles de la capital, en la Acción Católica junto a
su madre, y se dedicó a la enseñanza. A partir de 1976 fue Superintendente del
Ministerio de Patrimonio Cultural y Medioambiental. Su vida estuvo marcada por
varias enfermedades, dificultades económicas, pero sobre todo por la oración y
la participación diaria en la misa. En sus últimos años se dedicó a ayudar a
parejas en crisis. El amor a Dios era su razón de vivir.
El hombre de la
caridad y de la palabra
El rasgo más
destacado del fraile menor Plácido Cortese era su capacidad de entrega total.
Paciente, sencillo, dispuesto a asumir situaciones difíciles como las que
caracterizaron los últimos años de su vida. Nacido el 7 de marzo de 1907 en
Cres (actualmente Croacia), se hizo sacerdote en 1930, sirvió en la basílica de
San Antonio de Padua y unos años más tarde se convirtió en director de la
revista "Il Messaggero di Sant'Antonio".
Durante la
Segunda Guerra Mundial, en nombre del Nuncio Apostólico en Italia, Monseñor
Francesco Borgongini Duca, asistió a los internados croatas y eslovenos en los
campos de concentración italianos, especialmente en Chiesanuova, cerca de
Padua. Tras el armisticio de 1943, trabajó incansablemente para facilitar la
huida de antiguos prisioneros aliados, pero también de personas perseguidas por
los nazis, incluidos los judíos. Esta voluntad fue interpretada por los
alemanes como actividad política y lo llevó a la muerte. El 8 de octubre de
1944, mediante una estratagema, fue atraído fuera de la Basílica de San
Antonio, que se encontraba en una zona extraterritorial, y fue llevado al
cuartel de las SS a Trieste, donde murió tras las duras torturas sufridas.
Benedetta
Capelli – Ciudad del Vaticano
Vatican News
