¿Cuántas veces la sociedad materialista, tus propios anhelos del “espíritu navideño” y el estrés de diciembre te han robado el Adviento? Aquí unas claves para evitarlo
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| Dominio público |
Estamos todavía en tiempo de Adviento. Este es el tiempo que la Iglesia nos da para preparar la llegada de Cristo en Navidad. ¿Por qué cuatro semanas?
Ante todo, porque la Navidad –la llegada de Cristo al mundo– es una realidad
tan importante, que no la podemos “digerir” de la noche a la mañana. Nadie
prepara una boda la noche anterior. Como seres humanos, necesitamos tiempo para
darnos cuenta de lo que viene, a fin de celebrarlo correctamente.
También necesitamos tiempo de preparación, pues en Navidad, Cristo llega para
cada uno de nosotros. Pide posada en nuestro corazón y, si somos honestos,
nuestro corazón no siempre es la posada más agradable y limpia. El Adviento nos
da tiempo para prepararla y limpiarla, para recibir bien al Niño Jesús en la
Nochebuena.
Por desgracia, parecería que el Adviento es todo lo contrario. Todo está ya
adornado para Navidad, hay frenesí de compras, fiestas, pre-posadas, estrés. Y
el día 26, tan sólo un día después de la gran llegada, ya estamos empacando las
decoraciones y silenciando los villancicos. Todo está de cabeza. ¿Cuántas veces
la sociedad materialista, tus propios anhelos del “espíritu navideño” y el
estrés de diciembre te han robado el Adviento? ¿Y cómo hacer para que no te lo
roben este año?
El primer paso consiste en darte cuenta que Navidad se celebra a partir
de la Nochebuena, cuando celebramos la llegada de Cristo. No hay nada malo
en las pre-fiestas que son parte de nuestra cultura, pero no hay que
confundirlas con la verdadera Navidad. Si intentamos “adelantar” la celebración
de Navidad, tendremos una celebración sin Cristo: algo tan ridículo como una
fiesta de cumpleaños sin cumpleañero. Por eso, anticipar la celebración de la
Navidad siempre nos dejará vacíos, sin verdadera alegría. En un mundo de luces
y decoraciones, tenemos que darnos cuenta de que “¡todavía no!”
El siguiente paso es
de apartar un momento de silencio cada día. No tiene que ser mucho:
pueden ser tres minutitos, por ejemplo. Pero tres minutitos enteros en que me
retiro, hago silencio y me acuerdo que Cristo viene en Navidad. ¡Cristo viene
en Navidad! Si logras hacer esto diariamente, tu experiencia de la Navidad este
año será muy diferente, y muy especial. En cambio, si no estableces momentos de
silencio en tu Adviento, de repente será año nuevo y ni te habrás dado cuenta
de la llegada personal del Señor…
Otra ayuda para vivir bien el Adviento es hacer de él un tiempo de
preparación personal, como hacemos con la Cuaresma. Con actos de sacrificio
y mejora personal, puedo “limpiar” el pesebre de mi corazón al que llegará el
Niño Jesús el día 24. Una tarde sin radio, un café sin azúcar, una Misa entre
semana, una sonrisa para una persona “pesada”, 5 pesos más para un pobre: todas
son maneras de “barrer el pesebre” para que sea digno en su pobreza para el Rey
que ha de venir.
Finalmente, los símbolos y prácticas externos también nos
pueden ayudar a hacer del Adviento un tiempo de preparación. Tener una corona
de Adviento en nuestro salón o lugar de trabajo y encender las velas
correspondientes durante unas horas cada día, nos recuerda a fuerzas que
todavía no ha llegado el Señor. También se puede leer un versículo del capítulo
1 ó 2 del Evangelio de san Lucas a la hora de encenderla. Otra práctica es
construir nuestro Nacimiento gradualmente, añadiendo una pieza o decoración
cada día del Adviento; pero sólo en los días en que nos hemos esforzado para
vivir bien nuestro Adviento.
Un Adviento bien vivido asegura una Navidad hermosa y alegre. ¡Que no te
pierdas tu Adviento!
Por: P. Robert Havens
Fuente:
DesdeLaFe.mx
