El
Santo Padre aceptó la invitación de la Alcaldesa de Roma, Virginia Raggi, y se
reunirá con la Junta Municipal. Es el cuarto Papa que visitará el Capitolio
después de San Pablo VI, San Juan Pablo II y Benedicto XVI
El
director ad interim de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, Alessandro
Gisotti, declaró que el Papa Francisco "aceptando la invitación de la
alcaldesa de Roma, Virginia Raggi", acudirá al Capitolio el martes 26 de
marzo para reunirse con la Junta Municipal. Es el cuarto Pontífice que visitará
este emblemático lugar, después de San Pablo VI, San Juan Pablo II y Benedicto
XVI.
La visita de San Pablo VI
y la memoria histórica
San
Pablo VI lo hizo el 16 de abril de 1966 y pronunció un discurso en el que
destacó fundamentalmente la importancia de la memoria histórica de tal
encuentro.
«Esto
es un regreso - dijo el Pontífice en aquella ocasión - No somos extranjeros
aquí; ¡cuántos recuerdos, cuántos monumentos lo dicen! ¿Pero qué regreso? Aquí
vino, hace un siglo, Pío XI; aunque qué diferente es la situación actual. Ya no
tenemos ninguna soberanía temporal que confirmar aquí arriba. Conservamos su
memoria histórica, como la de una institución secular, legítima y, en muchos
sentidos, providente de los tiempos pasados; pero hoy no sentimos por ella
ninguna lamentación, ninguna nostalgia, y mucho menos reivindicaciones vagas y
secretas».
«Sin
embargo, otra minúscula soberanía temporal, casi más simbólica que efectiva,
nos califica en nuestra consideración de libres e independientes, no nos faltan
los títulos para pertenecer al pueblo de Roma; y nos sentimos orgullosos y
honrados de hacer nuestra la profesión de San Pablo, como aquella de una
excelente humana dignidad: civis Romanus, ciudadano romano (cf. Act. 16, 21;
22, 25-29): también queremos proclamarnos a nosotros mismos como tales. Sin
embargo, ahora es otra nuestra personalidad espiritual y jurídica, que ustedes
consideran y honran en este lugar y que ahora nosotros revestimos», aseveró San
Pablo VI, profundizando además sobre la personificación histórica y mística de
San Pedro, así como su vínculo histórico con el pueblo romano.
La visita de San Juan
Pablo II y el diálogo
32
años después, el 15 de enero de 1998, el Papa San Juan Pablo II visitó el
Capitolio.
En
su discurso, tras reconocer que se sentía un "ciudadano romano", el
Santo Padre reflexionó sobre la unidad entre la Roma cristiana y la Roma
civil destacando "que el rostro de Roma ha cambiado
profundamente con el paso del tiempo", ya que "la afirmación de los
diferentes modelos culturales, sociales y las nuevas sensibilidades han hecho
la vida en la ciudad más compleja, más abierta, más problemática".
Para
San Juan Pablo, "la Roma cristiana y la Roma civil no son opuestas, no son
alternativas, sino que están unidas entre sí, respecto a sus diferentes
competencias", y prueba de ello es ver cómo la ciudad extiende el diálogo
hacia todos, "con gran apertura y respeto, con un dinamismo que no la
abandona ni siquiera hoy, cuando está más vieja y cansada".
La visita de Benedicto
XVI: Roma debe recuperar sus raíces
Por
último, el 9 de marzo de 2009 llegó el turno de Benedicto XVI quien lanzó en
esta sede del gobierno local, una invitación a
que Roma "vuelva a apropiarse de su alma más profunda, de sus raíces
civiles y cristianas, para hacerse promotora de un nuevo humanismo que ponga en
el centro la cuestión del hombre reconocido en su realidad plena".
«Ante
el preocupante debilitamiento de los ideales humanos y espirituales que han
convertido a Roma en "modelo" de civilización para el mundo entero,
la Iglesia, a través de las comunidades parroquiales y de las demás realidades
eclesiales, está comprometida en una obra educativa capilar, orientada a
ayudar, en particular a las nuevas generaciones, a redescubrir esos valores
perennes. En la época posmoderna, Roma debe volver a apropiarse de su alma más
profunda, de sus raíces civiles y cristianas, si quiere hacerse promotora de un
nuevo humanismo que ponga en el centro la cuestión del hombre reconocido en su
realidad plena», aseguró el Papa emérito subrayando que el hombre desvinculado
de Dios, queda privado de su vocación trascendente:
«El
cristianismo es portador de un mensaje luminoso sobre la verdad del hombre, y
la Iglesia, depositaria de este mensaje, es consciente de su propia responsabilidad
con respecto a la cultura contemporánea», concluyó Benedicto, recordando que la
comunidad cristiana siempre está dispuesta colaborar con las autoridades
civiles para la consecución del bien común.
Sofía
Lobos - Ciudad del Vaticano
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