En torno a la
Navidad, han surgido a lo largo de la historia de la Iglesia algunos símbolos
que todos usamos y reconocemos
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Estamos transitando el
tiempo de Adviento, preparándonos para la Navidad. El Adviento y la
Cuaresma son los dos tiempos penitenciales que nos propone la Iglesia como
preparación y anticipación de la Navidad y de la Pascua respectivamente. Las
fiestas grandes requieren grandes preparaciones, y cuando se vive la
preparación adecuadamente el fruto de la fiesta se multiplica al infinito.
Pero además cuando la
realidad que festejamos es grande, cuando su significación espiritual es muy
importante, la tradición de la Iglesia incorpora algunos símbolos materiales
para prepararnos mejor, para que tengamos un asidero que nos eleve a las
realidades espirituales que contemplamos. La Iglesia tomó algunas
tradiciones de los pueblos que fue evangelizando, o creó sus propias formas de
“materializar” estas realidades espirituales, a modo de catequizar y de darnos
medios visibles que nos ayuden a acercarnos al Misterio. Los humanos
necesitamos de este tipo de símbolos.
En torno a la Navidad,
han surgido a lo largo de la historia de la Iglesia algunos símbolos que todos
usamos y reconocemos. Pero no siempre sabemos su historia, o cómo utilizarlos
mejor para adentrarnos en la espiritualidad navideña.
El árbol
navideño es el signo más visible y frecuente de la
Navidad, pero no siempre le damos un sentido religioso. El mundo comercial se
ha apropiado del árbol como un signo de “las fiestas”, quitándole al nacimiento
de Nuestro Señor el protagonismo. En muchas casas se acostumbra que el niño más
pequeño sea el que pone la estrella en la punta del árbol. Otras familias lo
arman rezando los misterios de gozo, otros piden al párroco la bendición del
pesebre y del árbol. Otras familias le dan un adorno a cada niño y se rezan
preces por cada adorno que se cuelga: con los azules, oraciones de
arrepentimiento; con los plateados, de agradecimiento; con los dorados, de
alabanza y con los rojos, de petición. No importa la tradición que usemos en
nuestra familia, lo importante es recordar que el árbol de Navidad es
un símbolo católico y que debemos recuperar su sentido.
Otro símbolo de la antigua
Europa, y una hermosa costumbre (que afortunadamente se está recuperando mucho
en América) es la corona de Adviento. Ésta
nos ayuda a hacer un seguimiento más intenso del tiempo de los cuatro domingos
anteriores a la Navidad. A medida que vamos prendiendo las velas, vamos
preparándonos para recibir a Nuestro Señor. En cada domingo podemos hacer
participar a toda la familia, preparando una pequeña liturgia, haciendo énfasis
en un aspecto particular del tiempo de Adviento. Nuestros amigos de ACIPrensa han
preparado una hermosa liturgia para cada domingo.
El último, pero no por ello
menos importante, el pesebre o nacimiento. Ésta es una tradición iniciada por el gran San Francisco de Asís y
que los franciscanos extendieron rápidamente por todo el mundo. En sus primeros
años eran “pesebres vivientes” y luego se convirtió en una representación a
escala con figuras de barro cocido, yeso o cera. Cada familia vive el pesebre a
su modo, algunas familias cada domingo de Adviento le van agregando figuras
teatralizando la historia para los más pequeños. El nacimiento es por supuesto,
el símbolo emblemático del día de Navidad, cuando se pone finalmente el niño en
el nacimiento, y la familia se congrega para cantarle villancicos y canciones
típicas de cada país.
Nos gustaría saber en los
comentarios cómo celebran la Navidad en sus familias y países. ¿Cuáles son las
oraciones o villancicos preferidos para este tiempo litúrgico?, ¿cómo
enriquecen la liturgia en sus casas o parroquias?.
Por: Andrés D' Angelo
Fuente:
Catholic-link.com
