Canto
rodado
Hola,
buenos días, hoy Lety nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.
Ayer
una hermana se me acercó y me regaló cuatro piedras muy especiales: eran cuatro
cantos rodados. Me dijo que sabe que me gusta pintar a Cristo en este tipo de
piedras; se los habían regalado a ella y al instante pensó en mí.
La
verdad es que me encantó el detalle y le di las gracias. Pero lo curioso fue
cuando cogí las piedras en mi mano. Eran verdaderos cantos rodados, suaves,
pulidos, limpios.
Un
pensamiento cruzó mi mente:
“Cuánto tiempo y golpes han pasado estas piedras para llegar a ser cantos rodados, cuánta agua les ha golpeado y llevado de un lado para otro...” Y ahora estaban en mis manos, preparados para que pueda plasmar el rostro de Cristo en ellos.
“Cuánto tiempo y golpes han pasado estas piedras para llegar a ser cantos rodados, cuánta agua les ha golpeado y llevado de un lado para otro...” Y ahora estaban en mis manos, preparados para que pueda plasmar el rostro de Cristo en ellos.
Me
fui a la oración y saqué las acuarelas, dispuesta a pintar en una de las
piedras el rostro de Jesús.
Gracias
al pasado que había tenido esa roca, no tuve ningún problema para pintar, ya
que estaba totalmente pulida.
Según
pintaba Su rostro, Le pedía que mi vida y la tuya fueran como la de este canto
rodado, que no pongamos resistencia a su Voluntad, que confiemos en que todo lo
que nos ocurre es para nuestro bien.
No
sé los golpes que ha tenido que recibir esta piedra para llegar a este momento
totalmente pulida, pero, gracias a ello, ahora se puede ver el rostro de Jesús
en ella.
Cuando
entra en mi vida el sufrimiento, rápidamente me lo quiero quitar de encima,
porque me produce dolor y no sé gestionarlo; porque, en definitiva, lo llevo yo
en vez de dejar a Cristo que sea Él quien lleve la cruz y yo ayudarle. Mi Madre
Maestra me solía decir: “Lety, tienes una habilidad para quitarte el
sufrimiento de encima...”
Con
el tiempo, el Señor me ha hecho ver que todo lo que me pasa está en Sus manos,
y, lo que hoy por mi dolor veo como malo, si espero en Él, sé que descubriré
que todo formaba parte de mi historia para llegar a ser un canto rodado, para
que, cuando me miren, a quien vean no sea a mí, sino a Cristo en mí.
Hoy
el reto del amor es acoger y aceptar ese sufrimiento en tu vida y dejar a
Cristo que sea fuerte en ti para descubrir que el sufrimiento no te mata.
Escribe un mensaje a una persona que hoy te cause sufrimiento, pero antes habla
con Jesús y escribe desde el amor. La cruz de Jesús se transformó en
Resurrección. ¿Dejarás que transforme la tuya?
VIVE
DE CRISTO
Fuente:
Dominicas de Lerma
