El
Papa Francisco ha recibido esta mañana a 30 participantes en el Capítulo
General del Instituto de la Caridad- Rosminianos
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| 2018.10.01 Capítulo General del Instituto de la Caridad (Vatican Media) |
Su fundador, el beato Antonio
Rosmini, afirmó el Papa, decía siempre que “el cristiano debe nutrir en sí
mismo un afecto, un apego y un respeto sin límite alguno por la Santa Sede y el
Pontífice
Esta
fidelidad a la sede de Pedro, les dijo el Papa, expresa la unidad en la
diversidad y en la comunión eclesial, elemento imprescindible para una misión
fructífera. La santidad es el camino de la verdadera reforma de la Iglesia
poniendo al centro el primado de la ‘virtud de la caridad’”.
Además,
como recordó Francisco, Rosmini “acompañaba la caridad con una fuerte ‘firmeza
interior’”. El Papa les pidió que el ejemplo de Rosmini les estimule para
avanzar en la fecundidad del silencio interior y en el heroísmo del silencio
exterior. El Fundador quiso atribuir a su familia religiosa la denominación de
“Instituto de la caridad”, para evidenciar la supremacía de la virtud de la
caridad, que, va por “encima de todo”. También es importante mantener la
"santa indiferencia" que su Fundador extrajo de San Ignacio de
Loyola: sin ella no es posible implementar una auténtica caridad universal.
Los Rosminianos y su apego
a la Iglesia y a la Santa Sede
El
Santo Padre les dijo que su visita manifiesta el apego a la Iglesia y a la
Santa Sede, que recomendó y vivió su Fundador. Durante la asamblea, los
Rosminianos, reflexionaron el tema: “Sean perfectos… sean misericordiosos”.
Un tema, les dijo el Papa, donde se trata de poner en primer lugar la
alegre noticia que todo cristiano está llamado a la santidad, y recorrer juntos
este camino en la caridad.
Esta
perspectiva, exquisitamente evangélica, es un punto focal de la enseñanza de su
Fundador, que se puede encontrar de manera especial en el libro de las Máximas,
añadió el Papa. La santidad y el ejercicio de las virtudes no están reservadas
a pocos, y mucho menos a algún momento particular de la existencia. Todos
pueden vivirlas en la cotidiana fidelidad a la vocación cristiana: los
consagrados en particular, en la fiel adhesión a la profesión religiosa. En
este sentido, el Beato Rosmini oraba: «Oh Dios, envíanos tus héroes». Fue
evidente en él lo que enfaticé en el reciente Motu proprio Majorem hac
dilection sobre el heroísmo de la vida, es decir, "una ofrenda de vida
para otros, mantenida hasta la muerte" (No. 5). La santidad es el camino
de la verdadera reforma de la Iglesia, que, como vio claramente Rosmini, transforma
el mundo en la medida en que se reforma.
Una invitación a organizar
las obras de caridad
Francisco
les pidió que en su actividad eclesial, organicen las obras de caridad
corporal, intelectual, espiritual y pastoral de manera que siempre sigan al
Espíritu Santo que indica dónde, cuándo y cómo amar. En lo que respecta a la
acción educativa, les dijo, no se debe limitar a la instrucción simple, sino
que es caridad intelectual. De hecho, el centro viviente de la educación
cristiana es la ciencia que se transmite a partir de la Palabra de Dios, cuya
plenitud es Jesucristo, la Palabra hecha carne.
Su
presencia apostólica se ha irradiado en la India, Tanzania y Kenia, así como en
los Estados Unidos de América y Europa: El Santo Padre les animó a que sean
hombres con las manos siempre extendidas hacia los sufrientes, para traerles la
ayuda de la fe y la caridad. Estoy pensando, en particular, en sus hermanos y
en las Hermanas Rosminianas que trabajan en Venezuela, llamados a ser testigos
de la cercanía espiritual y material con las poblaciones duramente afectadas.
Reflexionar sobre el
propio carisma
También
es bueno, añadió Francisco, que su Instituto continúe a reflexionar atentamente
sobre su propio carisma y, considerando los frutos que han madurado a lo largo
de los años, pueda abrirse cada vez más a las expectativas de la Iglesia y del
mundo. Con la luz del Espíritu Santo, encontrarán formas para continuar con
entusiasmo renovado, captando los signos de los tiempos, las urgencias sociales
y la pobreza espiritual y material de quienes esperan palabras y gestos de
salvación y esperanza. A esta labor apostólica se le unen los
"Ascritti", clérigos y laicos que, viviendo en el mundo, desean
alcanzar la perfección evangélica en comunión con su Instituto. Es bueno que se
involucren cada vez más en su vida comunitaria.
Queridos
hermanos, dijo por último, su Instituto, con la especificidad del carisma
rosminiano, todavía puede ofrecer un servicio válido en la proclamación del
Evangelio. Les insto a proponer con constancia y previsión la herencia
espiritual y doctrinal que han heredado. Que las dificultades inevitables no
les desanimen, sino que les animen a confiar siempre en Dios para continuar con
alegría y esperanza la misión que Él les ha confiado.
Patricia
Ynestroza-Ciudad del Vaticano
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