Ponerse
a tono
Hola,
buenos días, hoy Israel nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.
Qué
terribles son las prisas... ¡por menos de nada te juegan una mala pasada!
El
otro día dejé la guitarra con algo de prisa en su soporte sin asegurarme de que
estaba bien fija y, claro, nada más darme la vuelta escuché un... “¡¡Pum!!”
Aunque
el sonido pareció alarmante, no le sucedió nada, permanecía intacta.
Pero
la siguiente vez que la fui a tocar, ¡sonaba como un cacharro, solo hacía
ruido! Así que, antes de seguir, saqué el afinador y me puse a devolverle su
sonido a cada una de las cuerdas.
Mientras
lo hacía, el Señor me regaló descubrir que cada uno de nosotros somos como una
de las cuerdas de un instrumento. Tenemos “un sonido” que emitir, Él nos ha
llenado de dones que son para los demás. Y que, además, quedamos enriquecidos
con los sonidos de los demás, con sus dones.
Porque,
¿te imaginas una guitarra con una sola cuerda? O, peor aún, ¿un piano con una
sola cuerda? El instrumento realmente quedaría muy pobre.
No,
eso no sonaría muy bonito, o pronto resultaría aburrido y repetitivo. Si somos
familia, hermanos, compañeros, nos necesitamos. Porque juntos formamos unos
acordes capaces de llenar cualquier circunstancia de alegría y fiesta, o de
fuerza y empuje, o de hacer más suave la tristeza...
Quizá
seamos distintos, como las cuerdas: unas más agudas, otras más graves; aquellas
más suaves, esas más finas... pero esta diversidad es la belleza de ser
familia, ¡todos somos necesarios!
Y,
para que suene la melodía, únicamente tenemos que dejarnos afinar por el
Artista. Y eso es algo que los auténticos artistas vuelven a repetir una y otra
vez cada vez que toman el instrumento en sus manos.
Hoy
el reto del amor es afinar tu cuerda. Hoy, al comenzar el día, entrégale al
Señor cada una de las circunstancias que prevés vivir y también las que sabes
que te sorprenderán. Deja tu día en manos del Artista para que en todo momento
te mantenga afinado, y así no sea tu cuerda la que desentone al conjunto. Él
solo tiene un diapasón (o afinador): ¡el Amor!
VIVE
DE CRISTO
Fuente:
Dominicas de Lerma
