Continúa
el viaje apostólico de Francisco a los países Bálticos. Esta mañana llegó al
aeropuerto internacional de Riga, capital de Letonia
En la ceremonia de
bienvenida en el palacio presidencial, el Papa dijo que los 100 años de
independencia, les recuerda a la sociedad, el precio de la libertad, que
tuvieron que conquistar
Una
libertad hecha posible gracias a las raíces que les constituyen, como le
gustaba recordar a Zenta Maurina que ha inspirado a tantos de vosotros: «Mis
raíces están en el cielo». Sin esa capacidad de mirar hacia arriba, de apelar a
horizontes más altos que nos recuerden esa «dignidad trascendente» de la que
todos los seres humanos estamos formados, la reconstrucción de vuestra nación
no hubiera sido posible. Esa capacidad espiritual de mirar más allá, y que se
hace concreta en pequeños y cotidianos gestos de solidaridad, compasión y
auxilio mutuo, los ha sostenido y, a su vez, les ha dado la creatividad
necesaria para generar nuevas dinámicas sociales frente a todos los intentos
reduccionistas y de exclusión que siempre amenazan el tejido social.
Y
saber que entre las raíces que constituyen esta tierra se encuentra la
Iglesia Católica, dijo el Papa, en un trabajo de plena colaboración con las otras
Iglesias cristianas, lo cual es signo de cómo es posible desarrollar una
comunión en las diferencias. Realidad que ocurre cuando las personas se animan
a ir más allá de la superficie conflictiva y se miran en su dignidad más
profunda. Así, podemos afirmar que cada vez que las personas y las comunidades
aprendemos a apuntar más alto de nosotros mismos y de nuestros intereses
particulares, la comprensión y el compromiso mutuo se transforman en
solidaridad; la cual, entendida en su sentido más hondo y desafiante, se
convierte en un modo de hacer la historia, en un ámbito donde los conflictos,
las tensiones e incluso los que se podrían haber considerados opuestos en el
pasado, pueden alcanzar una unidad multiforme que engendra nueva vida (cf.
Exhort. ap. Evangelii gaudium, 228).
Trabajar por la libertad
La
celebración del centenario recuerda la importancia de seguir apostando por la
libertad y la independencia de Letonia, que ciertamente son un don, pero
también una tarea que implica a todos. Francisco dijo que trabajar por la
libertad es comprometerse por un desarrollo integral e integrador de las
personas y de la comunidad. Si hoy se puede hacer fiesta es gracias a tantos
que han abierto caminos, puertas, futuro, y les han dejado en herencia la misma
responsabilidad: abrir futuro poniendo la mirada en que todo esté al servicio
de la vida, generando vida. Y en este sentido, al finalizar este encuentro,
iremos hacia el Monumento de la Libertad donde estarán presentes niños, jóvenes
y familias.
Ellos
nos recuerdan que «la maternidad» de Letonia —analogía sugerida por el lema de
este viaje— encuentra eco en la capacidad de promover estrategias que sean
realmente eficaces y estén más centradas en los rostros concretos de estas
familias, ancianos, niños y jóvenes, que en el primado de la economía sobre la
vida.
La
“maternidad” de Letonia, dijo el Pontífice, se manifiesta también en la
capacidad de generar fuentes de trabajo para que nadie necesite desarraigarse
por construir su futuro. El índice de desarrollo humano también se mide por la
capacidad de crecer y multiplicarse. El desarrollo de las comunidades no se
produce únicamente, y menos se mide, por la capacidad de bienes o recursos que
se posean, sino por las ganas que se tenga de engendrar vida y crear futuro. Esto
solo es posible en la medida que haya arraigo en el pasado, creatividad en el
presente y confianza y esperanza en el mañana. Y se mide en la capacidad de
entrega y de apuesta tal como las generaciones pasadas nos supieron
testimoniar.
Por
su parte la presidente del país, Raimonds Vejonis, recordó en su discurso que
uno de los mayores desafíos en la actualidad es el culto dominante del
consumismo, que es igualmente dañino para el mundo interno y externo de la
persona. Esto crea un alejamiento general. El impacto del hombre en el
medio ambiente se siente cada vez más. Es una experiencia dolorosa para
nosotros ver los cambios en el Mar Báltico. Estoy convencida dijo, de que los
problemas de justicia social están directamente relacionados con la sostenibilidad
ambiental y el cambio climático. Las respuestas a todas estas preguntas están
en el corazón del ser humano. Estoy convencida de que su visita tocará muchos
corazones, estimulando un cambio positivo en cada uno de nosotros y en todo el
mundo.
Patricia
Ynestroza- Ciudad del Vaticano
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