Cayendo en la misma piedra
Hola,
buenos días, hoy Sión nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.
Seguro
que te ha pasado alguna vez. Estás comiendo la mar de a gusto, y, de repente...
-¡¡Aaaaaaaayyyyy!!
Sí,
justo hace dos días. Me pegué un mordisco con todas mis ganas y me hice una
pequeña herida en la boca.
Pero,
lo mejor fue que, al día siguiente...
-¡¡Aaaaaaaayyyyy!!
¡¡Otra
vez!! En mi defensa diré que la heridita está en muy mal sitio, justo al lado
del colmillo...
Y,
pensando en estas cosas, ¡me mordí otra vez! ¡Me he mordido exactamente en el
mismo sitio tres veces! Imagina el cuidado y atención que estoy poniendo ahora
en cada comida...
De
pronto caí en la cuenta de que, tras cada mordisco, la heridita se inflama un poco
más, por lo que cada vez es más fácil volver a morderse... ¡y así nos pasa
también a nosotros!
Seguro
que hay días que te levantas estupendamente, pero, nada más poner los pies en
el suelo, algo te descoloca: una habitación desordenada, el atasco, una respuesta
poco amable...
Pueden
ser pequeñas cosas, tal vez en el momento irritan... pero son fáciles de
controlar, como la primera vez que te muerdes. Sin embargo, la heridita queda
ahí, junto con la pequeña inflamación.
¿Y
no te ha pasado alguna vez que parece que todos los golpes van al mismo sitio?
Así, a lo largo de la jornada puedes ir acumulando “mordiscos”, la herida se
inflama y cada vez te molestan más cosas más pequeñas... ¡y al final acabas
explotando por algo que, objetivamente, no es para tanto!
Pero
la clave está... ¡en parar la inflamación!
Cristo
te invita a no ir acumulando a lo largo del día. Él está siempre disponible
para ti, dispuesto a darte su paz, su alegría... Está deseando renovar tu
entusiasmo y tu ilusión, pero para ello necesita que te pongas en Sus manos. ¡Y
eso tantas veces como necesites! Ya dijo Él que “a cada día le basta su propio
afán...” ¡pero hay veces que podríamos cambiar lo de “días” por “horas”!
Si
notas que vas acumulando, no esperes a estallar: ¡para con Cristo y deja que Él
ponga tu contador a cero!
Hoy
el reto del amor es hacer una parada a mitad de la mañana. Sólo necesitarás
unos minutos, y ni siquiera tienes que salir de la oficina o de tu casa... Pero
hoy, a media mañana, para con el Señor y preséntale tu jornada. Pídele que te
renueve la alegría, ¡que, aunque ya hayan pasado unas horas, puedas empezar el
día de nuevo! Retoma la jornada con Él, ¡y verás con ojos nuevos a quien tienes
al lado! ¡Feliz día!
VIVE
DE CRISTO
Fuente:
Dominicas de Lerma
