"No hay
que tener miedo a los problemas de escasez que puedan surgir en los institutos
religiosos, porque “el Señor te visita a veces con la escasez, la escasez de
vocaciones, la escasez de bienes"
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| El Papa reza junto a los sacerdotes, religiosos y seminaristas |
En
el encuentro que mantuvo con sacerdotes, religiosos, seminaristas y diáconos
permanentes en la Catedral de San Pedro de Bologna, Italia, el Papa Francisco
advirtió que la vida consagrada
comienza a corromperse con la falta de pobreza.
En
su discurso improvisado, el Santo Padre afirmó que esa falta de pobreza es una
consecuencia que se deriva de una “psicología de la supervivencia” que afecta a
algunos institutos.
“Esa
psicología de la supervivencia nos lleva a una falta de pobreza”, y consiste en
que, ante las dificultades por falta de vocaciones o de otro tipo, “se busca la
seguridad en el dinero”.
“La
seguridad en la vida consagrada, en la vocación, no la da la abundancia de
dinero, viene de otra parte. Algunas congregaciones que disminuyen sus
miembros, pero agrandan sus bienes. Acumulan bienes como seguridad”.
Es
una situación que surge de razonar: “sobrevivo, estoy seguro, porque tengo
dinero”.
“El
pescado empieza a corromperse por la cabeza. Y la vida consagrada empieza a
corromperse en la falta de pobreza”, advirtió. “La psicología de la
supervivencia te lleva a vivir mundanamente, con esperanzas mundanas, y te
impide avanzar por el camino de la esperanza divina, la esperanza en Dios”.
El
Papa señaló que no hay que tener miedo a los problemas de escasez que puedan
surgir en los institutos religiosos, porque “el Señor te visita a veces con la
escasez, la escasez de vocaciones, la escasez de bienes… Con una verdadera
pobreza. La escasez de vocaciones es una verdadera pobreza”.
Cuando
eso ocurra, “es necesario hablar con el Señor. ‘¿Por qué las cosas suceden así?
¿Qué sucede en mi instituto para que las cosas terminen así? ¿Por qué mi
instituto ha perdido la capacidad de llamar?’. Hay que hacer un verdadero
examen de conciencia de la realidad y decir toda la verdad”.
Frente
a esa psicología de la supervivencia, el Papa situó la “psicología de la
construcción del Reino de Dios, que es una psicología fecunda, muy lejana de la
psicología de la supervivencia, que es siempre pesimista, orientada hacia el
cementerio”.
Pastores del pueblo y no
“pastores populistas”
Por
otro lado, el Papa Francisco estableció una diferencia entre los sacerdotes que
son pastores del pueblo y los que son pastores populistas.
Al
contrario que los sacerdotes populistas, los pastores del pueblo son sacerdotes
“cercanos al pueblo para ayudarle a encontrar a Jesucristo”. En cambio, el sacerdote
populista es “el pastor que es demasiado clerical, que se parece a aquellos
fariseos, doctores de la ley de la época de Jesús. Es el sacerdote que dice:
‘Yo estoy aquí y el pueblo allá’”.
El
Santo Padre explicó que los pastores deben situarse delante del pueblo, en
medio del pueblo y detrás del pueblo.
Los
pastores deben estar delante “para ver el camino, para marcar la senda en
actitud catequética. Deben estar en medio del pueblo para estar cercano a él. Y
también detrás, para ayudar a aquellos que van con retraso y para permitir al
pueblo ver qué camino deja”.
Francisco
insistió en que un buen pastor “debe estar en movimiento en esos tres puestos”.
Además,
recordó que el centro de la espiritualidad del presbítero es la “diocesanidad”.
La diocesanidad, explicó, “es una experiencia de pertenencia. Eso significa que
tú no eres alguien que va por libre, sino que eres un hombre que pertenece a un
cuerpo que es la diocesanidad, la espiritualidad diocesana, el cuerpo
presbiteral de la diócesis”.
“Sin
cultivar ese espíritu de diocesanidad, nos volvemos más individualistas, más
solos, con el peligro de volverse infecundos, o nerviosos, por no decir
neuróticos. El sacerdote que está solo, que no tiene una relación con el cuerpo
presbiteral, termina mal”, advirtió.
Asimismo,
el Papa se refirió a dos vicios que pueden acechar al sacerdote: “uno es el
pensar el servicio presbiteral como una carrera eclesiástica. No me refiero a
la vocación a la carrera eclesiástica, sino a la ambición. Es una verdadera
peste para el presbítero, la del ambicioso. Un ambicioso es capaz de crear
mucha discordia en el cuerpo presbiteral”.
“El
otro vicio es el de la rumorología”, afirmó, que consiste en decir: “‘De este
se dice esto, de ese se dice eso’. Así la fama del hermano sacerdote termina
manchada. La rumorología es un vicio que destruye la fama del sacerdote. Es un
vicio de clausura, de alma clausurada. La ambición y la rumorología son dos
vicios propios del clericalismo”.
Por Miguel Pérez
Pichel
Fuente:
ACI
