Alejandra Polo, salmantina de
25 años, lleva desde los tres años en Fe y Luz, comunidades de encuentro para
personas con discapacidad, sus familias y amigos, donde se comparte amistad, se
reza juntos y se celebra la vida
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Alejandra Polo, con Miguel Ángel, que también pertenece
a las comunidades de Fe y Luz en Salamanca
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Su
compromiso, a lo largo de los años, ha ido creciendo con esta realidad, hasta
el punto de convertirse en una de las caras juveniles del movimiento en nuestro
país.
Este
verano participó en el encuentro internacional de jóvenes menores de 30 años de
Fe y Luz que se celebró en Guardamar (Alicante).
Llevas toda la vida en
Fe y Luz
Empezó
en Salamanca hace 25 años y yo llevo 21.
Viene de familia, ¿no?
Tengo
una tía con síndrome de Down y siempre hemos estado muy implicados. Al
principio, evidentemente, iba porque me llevaban, pero a medida que pasaron los
años fui creciendo en la fe dentro de esta comunidad concreta. Incluso hice mi
Primera Comunión en una peregrinación a Lourdes durante una Semana Santa. No
hubo ni traje ni banquete. La celebración la hicimos con lo que nos pusieron
aquella noche en el hotel.
¿Y luego?
Con
la adolescencia llegaron las crisis. Me preguntaba qué hacía ahí y me alejé un
poco, aunque nunca del todo. Me afectaba mucho lo que me decían mis amigos, que
si era una secta, que vaya nombre… Más adelante lo fui retomando sola y ahora
mi compromiso es mucho más fuerte; de hecho, no entiendo mi vida sin mi
comunidad. También he crecido mucho a través de la pastoral juvenil de la
diócesis de Salamanca, pues ayuda mucho el encontrarte con otros jóvenes que,
como tú, creen en Dios.
¿Qué te aporta en tu
vida de fe una persona con discapacidad?
Lo
que me gana es su naturalidad. En Fe y Luz me siento a gusto porque no tengo
que disimular. Puedes ser tú mismo. Eso es lo que te enseñan. No tienen otra
cara, son como son, y viven su fe con naturalidad. Nunca les verás renegar o
callar sobre la fe delante de sus amigos, porque para ellos es un orgullo. Esa
naturalidad que tienen es la que creo que buscaba Jesús en la Iglesia. Una
Iglesia en la que no tengas que aparentar, en la que todo el mundo vale, donde
todos son igual de bien recibidos. Delante de Jesús, da igual cómo seas.
¿Cómo es tu comunidad?
Somos
la más joven de las cinco que hay en Salamanca, porque tenemos a seis menores.
Tiene, además, la particularidad de que muchas personas vienen de distintos
pueblos, con sus dificultades y ventajas. Pero lo más importante es que aquí
nadie es rechazado, ni uno es más que otro… Todos tenemos algo que aportar a
los demás. En Fe y Luz no se viene a ayudar a las personas porque tienen
discapacidad, como en una ONG, sino a compartir la vida y a que te ayuden.
Muchas veces los prejuicios son nuestras discapacidades.
¿Y las celebraciones?
Son
muy animadas y participativas: cantamos mucho, el Evangelio es interpretado con
teatro o mímica para que lo entiendan… Participamos todos. Es cierto que el
centro de Fe y Luz son las personas con discapacidad, pero también asisten los
familiares o amigos.
¿Qué te dicen tus amigos
que no creen o están alejados de la Iglesia?
Les
choca mucho esta opción y, muchas veces, lo entienden como un voluntariado.
Pero va mucho más allá.
Has estado en Guardamar,
con jóvenes de otros países de Fe y Luz. ¿Cómo ha sido la experiencia?
De
una gran esperanza. Hablamos de una Iglesia en la que no hay jóvenes y yo me he
encontrado todo lo contrario. Una juventud creyente y comprometida. Allí
estábamos los que tenemos un compromiso más o menos estable, pues se intenta
que seamos nosotros los que empecemos a tomar las riendas. Porque la mayoría de
los responsables de Fe y Luz son personas mayores.
Dentro de un año se
celebra un Sínodo de obispos sobre jóvenes. ¿Qué le pedís a la Iglesia?
Una
de las cosas que más sonó durante el encuentro fue el tema de la
responsabilidad, porque no se termina de confiar en los jóvenes. Cuando te
ofreces, pero pasas desapercibido o no te dejan tomar parte, al final
abandonas. Hay miedo a que los jóvenes tomen decisiones en la Iglesia. Todos
los queremos, pero si quieren hacer algo… ya veremos. Y si te dejan preparar
algo, luego te lo cambian.
Fran
Otero Fandiño
Fuente:
Alfa y Omega
