El romano pontífice deseó
un buen trabajo en modo particular en vistas a la próxima Jornada Mundial
de los pobres
La
evangelización pertenece por naturaleza al Pueblo de Dios: lo dijo el Papa
Francisco al Consejo Pontificio para la promoción de la Nueva Evangelización al
término de la sesión plenaria, que reflexionó en estos días sobre la urgencia
que siente la iglesia en este momento histórico particular de renovar los
esfuerzos y el entusiasmo en su misión perenne de evangelización.
El anuncio de la
misericordia, visible en el estilo de vida de los creyentes
“Este
Año Santo ha sido un tiempo de gracia que toda la Iglesia ha vivido con gran fe
e intensa espiritualidad. Por lo tanto, no podemos permitir que tal entusiasmo
se diluya u olvide. El pueblo de Dios ha sentido fuertemente el don de la
misericordia y el Jubileo vivido, redescubriendo especialmente el Sacramento de
la Reconciliación, como lugar privilegiado para experimentar la bondad de la
ternura y el perdón de Dios que no conoce límites. La Iglesia, por lo tanto,
tiene la gran responsabilidad de seguir siendo sin detenerse, un instrumento de
misericordia. De esta manera se puede permitir más fácilmente que la acogida
del Evangelio se perciba y experimente como un acontecimiento de salvación y
pueda traer un significado pleno y definitivo a la vida personal y social”.
El
anuncio de la misericordia, prosiguió el Papa Francisco, “que se vuelve
concreto y visible en el estilo de vida de los creyentes”, pertenece al
compromiso de cada evangelizador, que ha descubierto de primera mano la
llamada del apostolado, gracias a la misericordia que le fue reservada. Por ese
motivo quien tiene la tarea de anunciar el Evangelio no debe olvidar las
palabras del Apóstol Pablo: “Cristo Jesús me tuvo compasión para demostrar
conmigo toda su paciencia dando un ejemplo a los que habrían de creer y
conseguir la vida eterna”. (1 Tm, 1,16)
La Evangelización
pertenece al pueblo de Dios
A
propósito de este concepto, fueron dos los aspectos que el Papa quiso subrayar.
El primero, la necesidad de tomar de conciencia que la primera contribución a
la evangelización es la que los pueblos y sus culturas individuales, ofrecen al
camino del pueblo de Dios:
“De
todos los pueblos hacia los que nos dirigimos, emerge una riqueza que la
Iglesia está llamada a reconocer y valorar para llevar a cumplimiento la unidad
de “todo el género humano”, del cual es “signo”, y “sacramento”. (cfr.
Cost. Dogm.Lumen Gentium, 1). Esta unidad no está constituida “según la carne,
sino en el Espíritu” que guía nuestros pasos. La riqueza que viene a la Iglesia
de la multiplicidad de buenas tradiciones que poseen los pueblos individuales,
es preciosa para vivificar la acción de la gracia que abre el corazón a acoger
el anuncio del Evangelio. Son dones auténticos que expresan la variedad
infinita de la acción creadora del Padre, y que confluyen en la unidad de la
Iglesia para acrecentar la necesaria comunión con el fin de ser semilla de
salvación, preludio de paz universal y lugar concreto de diálogo”.
El
segundo aspecto indicado por el Santo Padre, fue que este “ser Pueblo
evangelizador”, hace tomar conciencia de una llamada que trasciende cada
particular disponibilidad personal, para ser insertada en “una compleja trama
de relaciones interpersonales”, algo que tiene una particular valencia, “en un
período como el nuestro en el cual se asoma con fuerza una cultura nueva, fruto
de la tecnología que mientras fascina por lo que ofrece, hace evidente en la
misma medida la falta de una verdadera relación interpersonal y de interés por
el otro”.
“Pocas
realidades como la Iglesia se pueden jactar de tener una conciencia del pueblo
en grado de valorizar el patrimonio cultural, moral y religioso que constituye
la identidad enteras generaciones”, afirmó el Papa, y destacó que ese es el
motivo por el cual es tan importante, dicho en palabras textuales, “saber
entrar en el corazón de nuestra gente, para descubrir aquel sentido de Dios y
de su amor que ofrece la confianza y la esperanza de mirar adelante con
serenidad, no obstante las dificultades graves y la pobreza que se está
constreñidos a vivir a causa de la avaricia de pocos”. “Si somos aun capaces de
mirar en lo profundo, - continuó - podremos encontrar el genuino deseo de Dios
que vuelve inquieto el corazón de muchas personas caídas, a su pesar, en el
abismo de la indiferencia”. “La alegría de la evangelización los puede alcanzar
y restituir la fuerza para la conversión”.
La Iglesia, pueblo en
camino hacia Dios
En
los últimos párrafos, reiterando a los obispos que el camino de evangelización
es obra de toda la Iglesia "pueblo en camino hacia Dios", afirmó
que redescubrir ese horizonte de sentido y de concreta práctica pastoral facilitará
el impulso para la evangelización misma, esto “sin olvidar el valor social que
le pertenece para un genuino desarrollo humano integral”.
En
la conclusión, el romano pontífice deseó un buen trabajo en modo particular en vistas a
la próxima Jornada Mundial de los pobres, que será celebrada en su primera
edición el próximo 19 de noviembre, y les aseguró su cercanía y su apoyo.
Griselda
Mutual
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Vaticano
