La Confirmación no es
solamente un punto de llegada, sino sobre todo un punto de partida en la vida
cristiana
El
papa Francisco, una vez concluida la misa con motivo del Bautismo del Señor,
que celebró en la Capilla Sixtina, durante la cual bautizó a 28 niños, fue a su
estudio en el Palacio Apostólico para desde allí rezar el ángelus.
Ante
una plaza de San Pedro llena de peregrinos y fieles que le esperaban a pesar
del frío intenso que azota en estos días a Italia, el Papa rezó el ángelus, y
dijo las siguientes palabras.
Queridos
hermanos y hermanas, ¡Buenos días!
Hoy
es la fiesta del bautismo de Jesús, el Evangelio nos presenta la
escena que sucedió a orillas del río Jordán: en medio a la multitud penitente
que avanzaba hacia Juan el Bautista para recibir el bautismo está también
Jesús. Hacía la cola.
Juan
quería impedirlo diciendo: “Soy yo quien necesita tu bautismo”. El Bautista de
hecho tiene conciencia de las grandes distancias que hay entre él y Jesús. Pero
Jesús ha venido justamente para colmar la distancia entre el hombre y Dios: si
él está enteramente de la parte de Dios, también está enteramente de la parte
del hombre y reúne lo que estaba dividido.
Por
esto pide a Juan de bautizarlo, para que se cumpla cada justicia, o sea que se
realice el proyecto del Padre que pasa a través del camino de la obediencia y
de la solidaridad con el hombre frágil y pecador, el camino de la humildad y de
la plena cercanía a Dios y a sus hijos.
¡Porque
Dios está muy cerca de nosotros! En el momento en el cual Jesús, bautizado por
Juan, sale de las aguas del río Jordán, la voz de Dios Padre se hace sentir
desde lo alto. “Este es el Hijo mío, el amado: en Él he puesto mi
complacencia”.
Y
al mismo tiempo en Espíritu Santo, en forma de paloma, se posa sobre Jesús que
da públicamente inicio a su misión de salvación; misión caracterizada por el
estilo del siervo humilde y manso, armado solamente por la fuerza de la verdad,
como había profetizado Isaías: “No gritarás ni levantarás el tono (…) no
despreciarás una caña dañada, no apagarás la mecha de la llama débil,
proclamarás el derecho con verdad”.
Siervo
humilde y manso, así es el estilo misionero de los discípulos de Cristo:
anunciar el Evangelio con mansedumbre y firmeza, sin gritarle a nadie sino con
mansedumbre y firmeza, sin arrogancia o imposición.
La
verdadera misión no es nunca proselitismo pero atracción hacia Cristo.
¿Pero cómo? ¿Cómo se hace para atraer hacia Cristo? Con el propio testimonio, a
partir de la fuerte unión con Él en la oración, en la adoración y en la caridad
concreta, que es servicio a Jesús presente en el más pequeño de los hermanos.
A
imitación de Jesús, pastor bueno y misericordioso y animados por su gracia,
estamos llamados a hacer de nuestra vida un testimonio gozoso que ilumina el
camino, que lleva esperanza y amor. Esta fiesta nos hace descubrir nuevamente
el don y la belleza de ser un pueblo de bautizados, o sea de pecadores salvados
por la gracia de Cristo, insertados realmente, por obra del Espíritu Santo en
la relación filial de Jesús con el Padre, recibidos en el seno de la madre
Iglesia, vueltos capaces de una fraternidad que no conoce confines y barreras.
La
Virgen María nos ayude a todos nosotros los cristianos a conservar una
conciencia siempre viva y agradecida de nuestro bautismo y a recorrer con
fidelidad el camino inaugurado por este sacramento de nuestro renacer. Y
siempre con mansedumbre y firmeza”.
El
Papa reza el ángelus y después dice:
“¡Queridos
hermanos y hermanas! En el contexto de la fiesta del Bautismo del Señor, esta
mañana he bautizado a un buen grupo de recién nacidos, veintiocho. Recemos por
ellos y por sus familias. También ayer por la tarde he bautizado a un joven
catecúmeno.
Quiero
extender mi oración a todos los papás que en este período se están preparando
para el Bautismo de su hijo o lo han apenas celebrado. Sobre ellos y sobre los
niños invoco al Espíritu Santo, para que este sacramento así simple y al mismo
tiempo tan importante sea vivido con fe y con alegría.
Quiero
además invitarlos a unirse a la Red Mundial de Oración del Papa, que difunde
también a través de las redes sociales, las intenciones de oración que propongo
cada mes a toda la Iglesia. Así se lleva adelante el apostolado de la oración y
se hace crecer la comunión.
En
estos días de tanto frío pienso y les invito a pensar a todas las personas que
viven por la calle, golpeadas por el frío y tantas veces por la indiferencia.
Entretanto algunos no lograron sobrevivir. Recemos por ellos y pidamos al Señor
que nos caliente el corazón para poder ayudarlos.
Saludo
a todos los aquí presentes, fieles de Roma y peregrinos italianos y de varios
países, en particular al grupo de jóvenes de Cagliari, a quienes animo a
proseguir el camino iniciado con el sacramento de la Confirmación. Y les
agradezco porque ellos me dan la oportunidad de subrayar que la Confirmación no
es solamente un punto de llegada, como algunos dicen el ‘sacramento del adiós’,
no, no, es sobre todo un punto de partida en la vida cristiana.
¡Adelante
con la alegría del Evangelio! Les deseo a todos un buen domingo. Por favor no
se olviden de rezar por mí.
¡Buon
pranzo e Arrivederci!
Fuente:
Zenit
