Cielo estrellado
Hola, buenos días, hoy Verónica nos lleva al Señor.
Que pases un feliz día.
Ayer nos fuimos a dar un paseo por la huerta. Entonces
Israel empezó a buscar Marte; luego, Venus, la estrella polar... Al final sacamos
la aplicación para ver las estrellas y disfrutamos un montón reconociendo las
constelaciones y los planetas.
Yo inmediatamente me trasladé a Abraham, cuando Dios
le dice "multiplicaré tu descendencia como estrellas hay en el
cielo". Lo primero que sale cuando te pones en el lugar de Abraham es:
IMPOSIBLE. ¡Con todas las estrellas que hay!
Me imagino a Abraham mirando las estrellas y pensando
"¿Pero cómo va a suceder esto?"
Cuántas veces a nosotros nos pasa lo mismo. El Señor
nos promete algo, nos pone algo en el corazón pero rápidamente pensamos:
imposible. Empezamos a enumerar las razones más lógicas por lo que es imposible
y no abrimos nuestro corazón a lo que Él tiene pensado.
Pero Dios siempre cumple su promesa. Lo hizo con
Abraham. Y hoy lo quiere hacer contigo. Las estrellas del cielo son los regalos
que Él tiene pensados para nosotros, y al final del día empiezan a asomar por
el cielo cada uno de los detalles que el Señor ha tenido a lo largo de nuestra
jornada: un sitio en el aparcamiento, un café caliente, un abrazo en el momento
perfecto, una llamada...
Hay veces que las luces de la ciudad no nos dejan ver
con claridad las estrellas. Esos días todo parece negro pero, aunque tú no las
veas, ellas están ahí, el Señor siempre permanece. Hoy te invito a que apagues
todas esas luces que te impiden ver al Señor, que te impiden ver sus promesas,
sus regalos. Y, como Abraham, sé paciente y espera en el Señor, que, como dice
el salmo, "volverás a alabarlo".
Hoy el reto del amor es que salgas esta noche a ver
las estrellas, abrígate y mira la inmensidad de ellas. Cada una es un regalo
del Señor para ti. Cuando estés mirándolas, piensa en el día y recuerda dónde
has visto al Señor; dale gracias y pídele seguir viéndole.
VIVE DE CRISTO
Fuente: Dominicas de Lerma
