Decláranse los tres versos de la canción
1. La cual inflamación de amor, aunque comúnmente a
los principios no se siente, por no haber uviado o comenzado a emprenderse por
la impureza del natural, o por no le dar lugar pacífico en sí el alma por no
entenderse, como habemos dicho (aunque, a veces, sin eso y con eso comienza
luego a sentirse alguna ansia de Dios), cuanto más va, más se va viendo el alma
aficionada e inflamada en amor de Dios, sin saber ni entender cómo y de dónde
le nace el tal amor y afición, sino que ve crecer tanto en sí a veces esta
llama e inflamación, que con ansias de amor desea a Dios, según David estando
en esta noche, lo dice de sí por estas palabras (Sal. 72, 2122), es a saber:
Porque se inflamó mi corazón, es a saber en amor de contemplación, también mis
renes se mudaron, esto es, mis apetitos de afecciones sensitivas se mudaron, es
a saber, de la vida sensitiva a la espiritual, que es la sequedad y cesación en
todos ellos que vamos diciendo; y yo, dice, fui resuelto en nada y aniquilado,
y no supe; porque, como habemos dicho, sin saber el alma por dónde va, se ve
aniquilada acerca de todas las cosas de arriba y de abajo que solía gustar, y
sólo se ve enamorada sin saber cómo y por qué.
2. Pero hase de advertir que, como aquí comencé a
decir, que a los principios comúnmente no se siente este amor, sino la sequedad
y vacío que vamos diciendo; y entonces, en lugar de este amor que después se va
encendiendo, lo que trae el alma en medio de aquellas sequedades y vacíos de
las potencias es un ordinario cuidado y solicitud de Dios, con pena y recelo de
que no le sirve; que no es para Dios poco agradable sacrificio ver andar el
espíritu contribulado y solícito por su amor (Sal. 50, 19).
Esta solicitud y
cuidado pone en el alma aquella secreta contemplación hasta que, por tiempo
habiendo purgado algo el sentido, esto es, la parte sensitiva, de las fuerzas y
aficiones naturales por medio de las sequedades que en ella pone, va ya
encendiendo en el espíritu este amor divino. Pero entretanto, en fin, como el
que está puesto en cura, todo es padecer en esta oscura y seca purgación del
apetito, curándose de muchas imperfecciones e imponiéndose en muchas virtudes
para hacerse capaz del dicho amor, como ahora se dirá sobre el verso siguiente:
¡Oh dichosa
ventura!
3. Que por cuanto pone Dios el alma en esta noche
sensitiva a fin de purgar el sentido de la parte inferior y acomodarle y
sujetarle y unirle con el espíritu, oscureciéndole y haciéndole cesar acerca de
los discursos, como también después, al fin de purificar el espíritu para
unirle con Dios, como después se dirá, le pone en la noche espiritual, gana el
alma, aunque a ella no se lo parece, tantos provechos, que tiene por dichosa
ventura haber salido del lazo y apertura del sentido de la parte inferior por
esta dicha noche. Dice el presente verso, es a saber: ¡oh dichosa ventura!
Acerca de la cual nos conviene aquí notar los provechos que halla en esta noche
el alma, por causa de los cuales tiene por buena ventura pasar por ella. Todos
los cuales provechos encierra el alma en el siguiente verso, es a saber:
Salí sin ser
notada.
4. La cual salida se entiende de la sujeción que
tenía el alma a la parte sensitiva en buscar a Dios por operaciones tan flacas,
tan limitadas y tan ocasionadas como las de esta parte inferior son; pues que a
cada paso tropezaba con mil imperfecciones e ignorancias, como habemos notado
arriba en los siete vicios capitales, de todos los cuales se libra, apagándole
esta noche todos los gustos de arriba y de abajo, y oscureciéndole todos los
discursos, y haciéndole otros innumerables bienes en la ganancia de las
virtudes, como ahora diremos. Que será cosa gustosa y de gran consuelo para el
que por aquí camina, ver cómo cosa que tan áspera y adversa parece al alma y
tan contraria al gusto espiritual, obra tantos bienes en ella.
Los cuales, como decimos, se consigue en salir el
alma según la afección y operación, por medio de esta noche, de todas las cosas
criadas, y caminar a las eternas, que es grande dicha y ventura: lo uno, por el
grande bien que es apagar el apetito y afección acerca de todas las cosas; lo
otro, por ser muy pocos los que sufren y perseveran en entrar por este puerta
angosta, y por el camino estrecho que guía a la vida, como dice nuestro
Salvador (Mt. 7, 14). Porque la angosta puerta es esta noche del sentido, del
cual se despoja y desnuda el alma para entrar en ella, juntándose en fe, que es
ajena de todo sentido, para caminar después por el camino estrecho, que es la
otra noche de espíritu, en que después entra el alma para caminar a Dios en
pura fe, que es el medio por donde el alma se une con Dios. Por el cual camino,
por ser tan estrecho, oscuro y terrible (que no hay comparación de esta noche
de sentido a la oscuridad y trabajos de aquélla, como diremos allí), son muchos
menos los que caminan por él, pero son sus provechos sin comparación mucho
mayores que los de ésta. De los cuales comenzaremos ahora a decir algo, con la
brevedad que se pudiere, por pasar a la otra noche.
Fuente: Mercaba
