El Pontífice puso en el centro la caridad, capaz de armonizar los tres pilares de su carisma: oración, acción y sacrificio
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En un encuentro
con los miembros del Círculo de San Pedro, una asociación benéfica romana que
ayuda a los más vulnerables, el Papa destaca la importancia de la caridad
cristiana como fuerza rectora que sustenta su labor.
"La
caridad sea siempre fuente de vuestra oración, alma de vuestra acción y
expresión de vuestro sacrificio espiritual". Con
estas palabras, León XIV confió este lunes 12 de octubre al Círculo de San
Pedro una orientación para continuar su misión al servicio de los pobres y de
las personas más vulnerables de Roma. En el primer encuentro con los miembros
de esta benemérita asociación, el Pontífice puso en el centro la caridad, capaz
de armonizar los tres pilares de su carisma: oración, acción y sacrificio.
Desde 1869, el
Círculo de San Pedro lleva adelante, en nombre del Papa, distintas iniciativas
de asistencia en la capital italiana: la distribución diaria de comidas, los
dormitorios para personas sin hogar, el alojamiento para familias en
dificultades y otros servicios dirigidos a quienes más lo necesitan.
Escucha el
reporte con la voz del Papa
"Es una
obra digna de alabanza, que realiza el mandamiento del Señor de una caridad
que, en secreto, espera únicamente de Dios su recompensa", afirmó el Santo
Padre, citando el Evangelio de Mateo (6,3-4). Asimismo, agradeció a los socios
por contribuir a formar "el rostro hermoso de la Iglesia, que testimonia
el Evangelio entre los pobres y los últimos".
La oración,
fundamento de la caridad
Al reflexionar
sobre la identidad espiritual de la asociación, León XIV propuso la caridad
como la palabra que reúne y da sentido a sus tres pilares. En primer lugar,
recordó que la oración constituye el fundamento de toda entrega auténtica, pues
permite recibir el amor que después se está llamado a compartir.
"No se
puede dar sino aquello que se ha recibido", subrayó el Pontífice, quien
animó a los presentes a volver siempre a la Palabra de Dios y a la oración,
entendidas como fuente inagotable de su dedicación a los demás.
La segunda
dimensión, la acción, expresa hacia dónde debe dirigirse el amor recibido de
Dios. La oración, explicó el Papa, adquiere eficacia cuando conduce al
encuentro con el prójimo. La caritas suscitada por el Espíritu Santo es
el amor de Dios derramado en los corazones, un amor que se traduce en
compromiso de vida y servicio.
Por eso,
insistió en que este amor debe convertirse en "meta, estilo y
sentido" de la existencia cristiana. No se trata únicamente de realizar
gestos de solidaridad, sino de permitir que el amor de Dios transforme la
manera de vivir y de relacionarse con los demás.
El sacrificio,
participación en la entrega de Cristo
El tercer pilar
del carisma del Círculo de San Pedro es el sacrificio, que León XIV presentó
como una dimensión esencial de la caridad y como el vínculo que permite
mantener el equilibrio entre la oración y la acción.
Para iluminar
este aspecto, recurrió a san Agustín y a su obra La ciudad de Dios (X,
6), donde el obispo de Hipona afirma que el verdadero sacrificio es toda obra
orientada a unirnos en santa comunión con Dios. Incluso la ayuda prestada a
otra persona, explicó el Papa a partir de esta enseñanza, alcanza su sentido
pleno cuando se vive en relación con Dios.
En esta
perspectiva, el tiempo, el entusiasmo y el esfuerzo que los miembros de la
asociación ofrecen a los más pequeños los hacen partícipes de la obra de
Cristo, que amó a la humanidad y entregó su vida por ella.
"Unidos a
su sacrificio, por tanto, ya no somos nosotros quienes vivimos, sino que Cristo
mismo vive en nosotros", afirmó León XIV, evocando la carta de san Pablo a
los Gálatas (2,20).
El óbolo de San
Pedro, signo de fidelidad y servicio
Durante el
encuentro, el Santo Padre expresó también su gratitud por el óbolo de San Pedro
entregado por los miembros del Círculo como signo de fidelidad y devoción al
Sucesor de Pedro.
"Vuestra
devoción está siempre presente conmigo, porque llevo siempre también el don que
me hicisteis en el momento de mi elección, y os lo agradezco
sinceramente", manifestó el Pontífice.
El Papa precisó
que el óbolo entregado en esta ocasión sostiene la solicitud del Obispo de Roma
por la ciudad y, al mismo tiempo, contribuye a responder a las necesidades de
la Santa Sede en su servicio a toda la Iglesia.
Al concluir,
León XIV encomendó el Círculo de San Pedro a la protección de la Virgen María, Salus
Populi Romani, y bendijo de corazón a sus miembros, a sus familias y a
todas las personas con las que se encuentran en el ejercicio de su apostolado
caritativo.
Sebastián
Sansón Ferrari
Ciudad del
Vaticano
Fuente: Vatican News