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| Cartel del DOMUND 2026. Dominio público |
Este año
conmemoramos el centenario del inicio de una campaña que ha marcado el mes de
octubre en la Iglesia universal, uniendo las iglesias de antigua evangelización
con las nuevas. ¿Cómo no recordar carteles, huchas y pegatinas, cuadernos para
pintar y, sobre todo, el testimonio de los misioneros que llegaban a colegios y
parroquias hablándonos de lugares lejanos en los que la fe necesitaba ser
anunciada?
Y hablo en
pasado, pero debería hablar en presente. A lo largo de estos 100 años, desde
que en 1926 Pío XI instituyera esta jornada Mundial de las misiones, el estilo
de la campaña y los medios a través de los cuales llega a nosotros ha cambiado,
pero el contenido ha sido el mismo: promover la oración y la sensibilidad por
las misiones, moviéndonos a la vez a colaborar con nuestros bienes en la ayuda
de los misioneros. Hoy esta campaña continúa llegando a nosotros porque sigue
siendo actual la llamada a ser misioneros en nuestra diócesis y en los
territorios de misión.
El papa León
ha publicado un mensaje en el que nos recuerda que el centro de la misión es la
unidad: la unidad con Cristo y la unidad entre nosotros. La comunión es el
principio de la misión. Recordamos que ser cristiano no consiste en tener un
conjunto de ideas o prácticas, sino en vivir un encuentro personal con Cristo y
crecer cada día en su amistad. En una ocasión, una persona me decía, que,
aunque siempre había ido a misa y había creído en lo que proponía la Iglesia,
ahora que había tenido este encuentro personal, se daba cuenta de que no había
imaginado que se pudiera amar tanto a Dios, que se pudiera tener tanta sed de
él y de que los demás le conocieran. La misión no es un deber externo a la fe, como
si fuera un compromiso que llevar a cabo. Brota como una necesidad del mismo
hecho del amor, porque nadie puede callarse si ha vivido algo que le llena el
corazón.
Y, al mismo tiempo, la misión nos lleva a la comunión. Anunciar a Jesucristo hace que salgamos del bucle de pensar solo en nosotros mismos, en nuestros problemas o dificultades. Permite que contemplemos con admiración que Jesucristo sigue siendo capaz hoy de transformar el corazón de un hombre o de una mujer que se abra a su escucha. Uno de los mayores riesgos de la Iglesia es que vivamos centrados en nosotros mismos, en nuestras estructuras, en nuestros problemas y desafíos… y nos olvidemos de la razón de nuestra existencia, que no es otra que la de ser testigos de la verdad del evangelio ante las gentes de hoy.
Anunciar a Cristo
nos une y hace que, sin perder la belleza de nuestros carismas, formemos juntos
el hermoso mosaico que es la Iglesia. El DOMUND es una campaña que nos une a
todos: parroquias y colegios, laicos, familias, sacerdotes y congregaciones
religiosas… todos nos juntamos un mismo domingo para recordar que hoy también
es posible y necesario anunciar el Evangelio.
Mirar estos
100 años de DOMUND nos llena de esperanza. Por dar solo algún dato, los
católicos en territorios de misión han pasado de 9,6 a casi 347 millones. La
riqueza de estas Iglesias se puede comprobar en su fuerza vocacional. Estas
diócesis, que estaban atendidas principalmente por congregaciones religiosas,
100 años después están constituidas y han multiplicado por 10 el número de
vocaciones consagradas y al sacerdocio. Una muestra de ello es el número de
sacerdotes estudiantes de África, Asia y América que se forman en las diócesis
españolas y aquellos que acuden para colaborar en la misión.
El corazón
se llena de alegría y agradecimiento al pensar en tantos misioneros que han
salido de nuestra tierra. Os pido un recuerdo y una oración por los que han
vuelto después de una vida totalmente entregada y por los que aún quedan allí.
Nos
felicitamos todos por este centenario y confiamos en que el DOMUND, como dice
Jesús María del Barrio, misionero diocesano de Segovia y muchos años en
Zimbabue, nos siga sirviendo «para llevar a Dios a todas partes».
Obispo de Segovia
Fuente: Diócesis de Segovia
