En el Credo de los Apóstoles, los católicos profesamos que Jesús luego de morir, “descendió a los infiernos”. ¿Qué sucedió en ese momento? Una gran beata mística tuvo una visión y esto fue lo que “se le reveló”.
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| Cristo crucificado / Extracto de una hoguera. Dominio público |
Cabe precisar
que lo que la Beata
Ana Catalina Emmerick (1774-1824) contó sobre este hecho no es
dogma de fe.
En la web de
santos corazones.org,
administrado por las Siervas de los Corazones Traspasados de Jesús y María, se
dan algunos extractos de las visiones. La Beata Emmerick señala que cuando
Jesús murió en la cruz, vio que el alma del Señor, en forma luminosa, entró en
la tierra. Lo acompañaban el Arcángel Gabriel y muchos otros ángeles.
En un lugar
especial, que describe como tres mundos, estaban los patriarcas que precedieron
a Abraham y, en otra parte, los que vivieron desde Abraham hasta San Juan
Bautista. Jesús era llevado triunfante por los ángeles y se dirigió hasta donde
estaban Adán y Eva. De acuerdo a la visión, Cristo conversó con “los primeros
padres” y ellos lo adoraron felices.
Según el relato
de la beata, el Señor fue luego a ver a los patriarcas antes de Abraham,
quienes tenían poco conocimiento del Mesías. Los ángeles mandaron a abrir las
puertas y los malos espíritus que atormentaban a algunos de ellos fueron
encadenados. Cristo se dio a conocer ante las almas de este lugar y lo
alabaron.
Luego todos
ellos se fueron con Jesús al lugar de Abraham. Allí se mostró ante los santos
de Israel, entre ellos los patriarcas, jueces, reyes, profetas y Moisés.
Asimismo, Cristo vio a sus parientes: Joaquín, Ana, José, Zacarías, Isabel y
Juan. La felicidad se tornó indescriptible.
Después, indica
la beata vidente, toda esa gran multitud se fue con Cristo a la zona de los
“paganos piadosos”, quienes tuvieron “un presentimiento de la verdad y la
desearon”. Estaban junto a malos espíritus quienes los habían engañado con
ídolos. Entonces, aquellas almas adoraron al Señor.
Posteriormente,
continúa el relato, Jesús puso un rostro severo y se fue al abismo del
infierno, donde reina la ira, la desesperación, la injuria, el sufrimiento, el
disgusto y el terror. Ejércitos enteros de demonios fueron arrojados en este
lugar. Además, todos los enemigos tuvieron que adorar a Cristo con mucho
suplicio. Lucifer terminó encadenado en el centro del infierno.
La Beata
Emmerick concluye este relato señalando que vio a muchas almas salir del
purgatorio e ir al cielo. También dice que Cristo fue a diversos lugares, como
liberando a toda la creación, mientras que los demonios huían y se iban al
abismo.
Además, cuenta
que Jesús fue al sepulcro de Adán, que quedaría debajo del Gólgota, lugar donde
se elevó la Cruz. Asimismo, observó que Cristo explicó con cariño el
cumplimiento de la ley a las almas de muchos profetas y del rey David.
Lo que
enseña el Catecismo
El Catecismo de
la Iglesia Católica, entre sus numerales
631 y 637 explica lo que quiere decir que Jesús bajó a los
infiernos y que guarda cierta relación con lo contado por la Beata Emmerick.
En resumen, el
Catecismo señala que “Cristo muerto, en su alma unida a su persona divina,
descendió a la morada de los muertos. Abrió las puertas del cielo a los justos
que le habían precedido”.
Por Abel
Camasca
Fuente: ACI Prensa
