Marcos Felipe caminó durante dos años desde que se convirtió de forma inesperada hasta su bautismo el pasado sábado santo, que recuerda como "el día más importante" de su vida.
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| Marcos Felipe. Dominio público |
Ya
adulto, no quería saber nada
de la fe hasta que una amiga le invitó insistentemente a ir a una adoración. Fue el
primer paso para llegar a este 8 de abril, Sábado Santo, cuando, al recibir los
sacramentos de iniciación, pasó a ser "el día más importante" de su
vida.
Entrevistado
por El rosario de las 11 pm, el joven estudiante
de Medicina recuerda que nunca
vivió la fe en casa y, de hecho, su familia ni siquiera lo bautizó.
Su
primer contacto fue con una amiga de la carrera, en la Universidad Católica de
Valencia. "Siempre me
invitaba a ir a horas santas de Hakuna pero yo ni sabía lo que era ni
quería saberlo y como no era creyente le decía que no me apetecía",
explica.
Pero
la joven no se daba por vencida y cada vez que iba a rezar, a una misa o a una
adoración, invitaba a Marcos.
Finalmente,
él aceptó un lunes que habían quedado para estudiar. "No sé por qué dije que sí, pero lo
hice a ver qué pasaba, estaba con ella y no me apetecía dejarla ahí sin
más", recuerda.
Un encuentro totalmente inesperado con
Dios
Sus
expectativas eran nulas, aunque estaba ciertamente intrigado por lo que se
encontraría al llegar a la parroquia, cómo se iba a sentir, cuánto iba a durar…
Solo quería "que
acabase pronto". En
parte, le asustaba descubrir que algo allí pudiese gustarle. Al entrar, lo
único que tenía claro era que debía seguir el consejo que su amiga le
dio: "La mejor forma de vivirlo es ponerse en primera fila".
"Cuando acabó,
algo había cambiado.
Terminó, salimos fuera y mi amiga y otra compañera me preguntaron. En ese
momento no me salían las palabras. No sé que estaba sintiendo, pero me sentía
diferente. Me sentía una
persona al entrar y otra completamente distinta al salir", menciona.
Viviendo
todo un shock espiritual, Marcos se despidió siendo consciente de que había tenido lugar "lo último
que esperaba: un encuentro con Dios".
Conforme
pasaron los minutos y llegó a su casa, supo que aquel día había sido "un
antes y un después" y tomó conciencia de que aunque había estado tanto
tiempo rechazándole, "Dios hizo todo lo posible para que estuviese
ahí".
Bautizado en la vigilia pascual
Marcos
no dejó pasar aquella oportunidad de saciar un vacío que no podía llenar. Empezó a formarse por su cuenta y a
ir a cualquier iglesia que veía, simplemente a quedarse sentado, solo.
Veía como su incipiente fe
le hacía "más feliz que a nadie en el mundo" y que cada vez
que acudía a una parroquia o capilla se sentía "tremendamente
querido".
"Lo que me importaba era solo estar
con Dios, muchas veces iba solo, era donde quería estar, [encontré] algo
muy grande que me saciaba de verdad, lo que había estado anhelando sin
saberlo", explica.
Tras
una vida sin contacto con la fe, su familia y amigos restaron importancia a su
cambio pensando que estaba pasando una mala etapa y se agarraba a Dios como una
salvación, pero él sabía que lo
que estaba viviendo era algo "real", "un encuentro con alguien
que era más grande que todo y que estaba vivo".
Casi
desde el primer momento de su conversión, Marcos comenzó a formarse por su
cuenta, antes de hablar con sacerdotes. Buscaba entender lo que le sucedía. El
8 de septiembre, Marcos se sintió preparado para dar un paso más y pidió a los párrocos de su pueblo
la catequesis para recibir los primeros sacramentos.
Junto
al padre Gea, don Joaquín y su formadora, María Vicenta, Marcos completó una
formación que le llevó a la Vigilia Pascual del 8 de abril, cuando recibió el bautismo, la comunión y la
confirmación. Lo considera "el día más importante" de su
vida.
Una vida cambiada por completo: feliz y
evangelizando
"Dios ha cambiado mi vida por
completo. Soy una persona totalmente nueva, he aprendido a vivir valorando
un montonazo las cosas, apreciando cada segundo que nos regala y siendo
consciente de que soy abrazado por Él en casa momento", subrayó.
Es
un camino que apenas ha empezado. "Tengo muy claro que quiero vivir siempre en compañía
de Cristo, una vida de servicio, de amor y de oración. En mi familia y
amigos ha tenido mucho impacto, pero todos me han apoyado o por lo menos
respetado muchísimo", agrega.
Desde
su conversión, Marcos es consciente de que muchos perciben la forma en que Dios
ha cambiado su vida y sus rutinas. Hoy busca expresar su fe en en redes sociales, por ejemplo con
@lavidaesunregalo, una cuenta de Instagram que Marcos quiere "llevar
muy lejos".
"Con
este proyecto, mi idea es evangelizar, contagiar a tantos… cada experiencia de
cada uno es bonita, los planes y tiempos de Dios son siempre perfectos. Empecé
esta cuenta por redes sociales para evangelizar, ayudar, expresar la fe y dar
testimonio de que Cristo vive y estará vivo, de lo que ha hecho conmigo y
muchísimas otras personas", explica.
"Dios
nos quiere siendo conscientes de que esta vida es un regalo, pero que la meta debe ser el Cielo",
concluye.
G. de A.
Fuente: ReL
