Pese a la secularización y el problema vocacional que sufre Occidente sigue produciéndose un goteo continuo de jóvenes que dicen sí a entregar su vida a Cristo ya sea a través del sacerdocio o la vida religiosa en sus distintas ramas.
| Sor Inmaculada María del Espíritu Santo. Dominio público |
La
celebración fue presidida por el vicario episcopal del Cerro de los Ángeles,
Manuel Vargas, el
sacerdote que ha acompañado espiritualmente a esta joven en su llamada a la
vida contemplativa.
Dios también se acuerda de la familia
En
su homilía Vargas explicó que “la
vida religiosa no es una renuncia a lo hermoso de la vida sino que, al revés,
consiste en haber encontrado en Cristo el ‘tesoro escondido’, que ya no
hace necesarios otros tesoros -de ahí el voto de pobreza-, ni otros amores -de
ahí abrazar la virginidad- ni ocuparse de decidir según uno -de ahí el voto de
obediencia-.”
De
este modo, el sacerdote recordó que “Dios recompensa no solo a la joven que dice sí a la vocación:
también a sus padres, que aceptan esta vocación y renuncian a los planes que
tenían sobre su hija”.
Una llamada surgida en una peregrinación
Sor
Inmaculada de María ha decidido dar este importante paso tras madurar con
tiempo la llamada que
asegura que recibió en una peregrinación con el grupo de la
Hospitalidad de Lourdes en Toledo.
Esta
joven toledana de 27 años, la pequeña de tres hermanos, participó también en el
grupo de ‘Hijas de María’ de la Parroquia Santo Domingo de Silos (Pinto),
donde también descubrió su vocación contemplativa la joven pinteña Rocío
Navarro, que recibió el hábito en Soria el pasado 9 de octubre.
Sor
Inmaculada relata que fue en el año 2015, a través de una amiga como conoció la
vida contemplativa y le llamó la atención “la alegría que se veía en las monjas”.
Fue
dos años después, ya en 2017, cuando percibió claramente que quería entrar en
el convento. “El Señor me fue
enamorando poco a poco”, asegura esta joven.
El
testimonio de su familia ha sido también muy importante en su camino
vocacional, sobre todo el de su madre “que vive con una gran fe su enfermedad”.
Esta
profesión ha supuesto para
ella “la vida entera”, pues afirma que se trata de “ser esposa de
Cristo y donarme a la humanidad. Dar plenitud a mi vida como cristiana
que se inició en el Bautismo y llevar mi vida de consagrada a plenitud hasta
que pueda reunirme con el Esposo, Cristo, definitivamente”.
Fuente: ReL