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| Cardenal Cantalamessa, predicación de Adviento (AFP or licensors) |
De ahí que el
Predicador haya afirmado que “la fiesta de la Navidad nos permite ampliar el
horizonte: del mar de Galilea a todo el mundo, de los Apóstoles a nosotros”.
“El Hijo de
Dios ha bajado a esta tierra y Dios no puede perecer”
“Debemos
redescubrir el significado primordial y simple de la encarnación del Verbo, más
allá de todas las explicaciones teológicas y los dogmas construidos sobre ella.
¡Dios vino a morar entre nosotros! Quiso hacer de este acontecimiento su propio
nombre: Enmanuel, Dios con nosotros”
Además, el
Cardenal Cantalamessa repasó las controversias cristológicas del siglo V para
redescubrir la paradoja y el escándalo encerrado en la afirmación: “El Verbo se
hizo carne”, que significa – dijo – “la perfecta unión de la divinidad y la
humanidad en la persona de Cristo”, "la única cosa nueva bajo el
sol", como la define San Juan Damasceno.
Aludiendo a la
experiencia de Agustín recordó que señala el camino para superar el obstáculo,
a saber, “deponer el orgullo y aceptar la humildad de Dios”. A lo que agregó
textualmente:
“La humildad
proporciona la clave para entender la encarnación. Se necesita poco poder para
lucirse; se necesita mucho, sin embargo, para retirarse a un lado o borrarse.
Dios es este poder ilimitado de escondimiento de sí mismo: Se despojó de sí
mismo, tomando la forma de siervo... se humilló a sí mismo y se hizo obediente
hasta la muerte”
¡Dios es amor,
por eso es humildad!
El Predicador
afirmó que “el amor crea dependencia respecto de la persona amada, una
dependencia que no humilla, pero que hace feliz”. Por esta razón puede decirse
que las dos frases “Dios es amor” y “Dios es humildad” son como dos caras de la
misma moneda. Y explicó el significado de la palabra humildad aplicada a Dios
que “no consiste en ser pequeños (se puede ser pequeño de hecho sin ser
humilde); no consiste en considerarse pequeños (esto puede depender
de una mala idea de uno mismo); no consiste en proclamarse pequeños
(se puede decir sin creerlo); consiste en hacerse pequeños y hacerse
pequeños por amor, para elevar a los demás. En este sentido, verdaderamente
humilde solo es Dios”.
Francisco de
Asís lo entendió sin muchos estudios
El Purpurado
aludió además a San Francisco de Asís quien entendió este concepto sin muchos
estudios, y en cuyas alabanzas “al Dios Altísimo», en cierto momento, se dirige
a Dios diciéndole: «”Tú eres humildad!”. A lo que agregó:
“La Navidad es
la fiesta de la humildad de Dios. Para celebrarla con espíritu y verdad debemos
hacernos pequeños, como debemos abajarnos para entrar por la estrecha puerta
que introduce en la basílica de la Natividad en Belén”
¡En medio de
ustedes hay uno que no conocen!
Volviendo al
corazón del misterio, el Cardenal Cantalamessa dijo que “es relativamente fácil
creer en algo grandioso y divino, cuando se espera en un futuro indefinido” y
que “es más difícil cuando se debe decir, `¡Ahí está! ¡Es él’. El hombre está
tentado de decir inmediatamente: ¿Eso es todo?”. Y dijo que, en su opinión,
“Juan el Bautista nos ha dejado su misma tarea profética: seguir gritando: `¡En
medio de ustedes hay uno que no conocen!’”, puesto que “inauguró la nueva
profecía” que no consiste en anunciar una salvación futura, sino en revelar la
presencia de Cristo en la historia:
“Cristo no
está presente en la historia simplemente porque se escribe y se habla
continuamente de él, sino porque ha resucitado y vive según el Espíritu. No
sólo intencionalmente, sino realmente. La evangelización comienza aquí”
El problema
actual de la pobreza y la actitud de los cristianos
Después de
aludir a Pablo como complemento de lo que enseña Juan, el Predicador se refirió
a la distinción entre el hecho de la encarnación y el modo de
ella, entre su dimensión ontológica y la existencial, para arroja luz sobre el
problema actual de la pobreza y la actitud de los cristianos hacia ella. “Ayuda
a dar un fundamento bíblico y teológico a la elección preferencial de los
pobres, proclamada en el Concilio Vaticano II. Los Padres conciliares -
escribió Jean Guitton, observador laico en el Vaticano II - han redescubierto
el sacramento de la pobreza, es decir, la presencia de Cristo bajo las especies
de los que sufren”.
El sacramento
de la pobreza
“El
‘sacramento’ de la ¡pobreza! Son palabras fuertes, pero fundamentadas. Si, en
efecto, por el hecho de la encarnación, el Verbo ha asumido, en cierto sentido,
a cada hombre (así pensaban algunos Padres griegos), por el modo en que se ha
realizado, ha asumido, a título particularísimo, al pobre, al humilde, al que
sufre”
A la vez que
recordó el concepto de lo que se ha hecho o se ha dejado de hacer por el
hambriento, el sediento, el prisionero, el desnudo y el exiliado, en que Jesús
dice solemnemente: “A mí me lo hiciste”.
Iglesia de los
pobres
Llegado a este
punto de su predicación el Purpurado mencionó a San Juan XXIII, quien con
ocasión del Concilio, acuñó la expresión “Iglesia de los pobres”, que reviste
un significado que va más allá de lo que se entiende habitualmente:
“¡La Iglesia
de los pobres no sólo está formada por los pobres de la Iglesia! Los pobres son
de Cristo, no porque se declaren pertenecientes a él, sino porque él los
declaró pertenecientes a sí mismo, los declaró su cuerpo. Esto no quiere decir
que sea suficiente ser pobre y hambriento en este mundo para entrar
automáticamente en el reino final de Dios. Las palabras: ‘Vengan benditos de mi
Padre’ están dirigidas a aquellos que han cuidado de los pobres, no
necesariamente a los propios pobres, por el simple hecho de que han sido
materialmente pobres en la vida”
El Papa es el
padre de los pobres
Y con esta
reflexión puso de manifiesto que “la Iglesia de Cristo es inmensamente más
amplia de lo que dicen los números y las estadísticas”. De donde se deduce que
“el Papa, y con él los demás pastores de la Iglesia, es verdaderamente el
‘padre de los pobres’.
Por último
recordó a San Juan XXIII cuando en su mensaje de Navidad de 1962, elevaba su
oración pidiendo a la “Palabra Eterna del Padre, Hijo de Dios y María”, que
renovara, en el secreto de las almas, el admirable prodigio de su nacimiento.
El Cardenal Cantalamessa concluyó esta predicación invitando a hacer nuestra
esta oración:
“Pero, en la
dramática situación en la que nos encontramos, añadamos también la súplica
ardiente de la liturgia navideña: ‘Rey de los pueblos, esperado por todas las
naciones, piedra angular que unes a los pueblos en uno: Ven y salva al hombre
que has formado de la tierra’. Ven y levanta de nuevo a la humanidad exhausta
por la larga prueba de esta pandemia”
Vatican News
