“Yo soy la resurrección y la vida"
Hola, buenos días, hoy Matilde nos lleva al Señor. Que
pases un feliz día.
“Meditaba yo
para entenderlo, pero me resultaba muy difícil, hasta que entré en el Misterio
de Dios y comprendí...” (Salmo 72, 16-17).
Como al salmista, se me repite en lo interior esta
frase tan incisiva y sin aparente respuesta en mi razón: ¿Por qué el mal del
COVID-19?... ¿Por qué se ceba en los más indefensos, los mayores, cuyas fuerzas
físicas son escasas y sus dolencias muchas?...
Este es el “Meditaba yo para entenderlo”… ¡pero por
aquí, es un callejón sin salida para mí razón!…
No es éste el camino por donde se nos dará la
respuesta, sino de la mano de una fe en Dios, en su Misterio de Amor, como todo
se esclarece:
Comprendí desde Dios que “todo concurre al bien de los
que aman a Dios”, que nada escapa a su Providencia… Sólo “Él, sabe sacar bien
del mal” y así ha sido ahora:
-¡Cuánta oración de intercesión de unos por otros!…
-¡Cuántas súplicas de tantos, que en este desastre,
han abandonado su vida anterior y se han puesto al servicio de los que
fallecían o de los que luchaban con la enfermedad!…
-¡Cuántos que están dando la vida por los hermanos!…
-¡Cuántos que, en un reducido espacio, heroicamente,
reconstruyen su hogar por el amor y la oración en común!…
-¡Cuántas plegarias a la Virgen: “salud de los
enfermos”, “consuelo de los tristes”, “paz de los agonizantes”, “Madre de los
que lloran a sus seres queridos”!…
-¡Cuántos rosarios desgranados en las manos, con los
que “se ganan batallas”!…
-¡Cuántos que ven el “tener” como basura, comparado
con el valor de “la salud” o “la solidaridad” o “el amor” o “el crecer en
conocimiento e intimidad con Dios”!...
¡Y ha sido providencial que este desastre haya puesto
también a prueba nuestra sinceridad en convertirnos al Señor, en esta
Cuaresma!... Y… ¡la estima tan grande que hemos cobrado ahora al Misterio de la
Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo!: ¡Él ha dado su Vida, para que
tengamos Vida y no cualquier vida, sino Vida eterna!…
Hoy el reto del amor es meditar y caer en la cuenta de
los “Signos de Vida” que Dios ha despertado en tu confinamiento…
VIVE DE CRISTO
Fuente:
Dominicas de Lerma
