Anestesia
Ayer,
unas amigas llevaron a Jubi al veterinario. Como es un poco movida, tuvieron
que sedarla para poder mirarla bien, y nos la devolvieron irreconocible,
¡parecía que la habían cambiado por otro perro!
Al
ponerse de pie, las patas apenas sostenían su cuerpo, y solo podía tumbarse y
dormir. Tuvimos que desplazarla en brazos hasta su caseta (algo impensable,
dado su nivel de actividad normal), acercarle agua, comida... Finalmente, por
la tarde, volvió a aparecer con su energía de siempre. La anestesia había
pasado, pero me dio mucho en que pensar.
Para
mí, el sueño, dormir, es momento de confianza. Dejo todas las defensas, la
razón a un lado. Digamos que es un momento en el que me vuelvo vulnerable, y,
es curioso, porque, en la Biblia, el Señor se manifiesta en sueños en muchas
ocasiones: a san José, Daniel, san Pablo, Abraham, etc. Es el momento en que
dejamos que Dios sea Dios; nos puede llevar en brazos, acercarnos la comida,
cuidarnos...
La
actividad, las dificultades, las preocupaciones... consiguen que, en ocasiones,
no haga efecto en nosotros esa “anestesia” que logra que podamos descansar
confiados y con paz, fruto de dejar en manos de Cristo todo aquello que tenemos
en el corazón. Seguimos organizando, programando...
No
tengas miedo, deja que Dios sea Dios en tu sueño, que pueda cogerte con
delicadeza en Sus brazos, puedas descansar sabiendo que cuida y se ocupa de
aquello que te preocupa.
Hoy
el reto del amor es que pongas una alarma a la hora aproximada en que te vayas
a ir a dormir esta noche. Cuando la escuches esta noche, haz algo concreto que
vuelva tu mirada a hacia Él o hacia María: da gracias por el día, lee algo que
alimente tu espíritu, ora, coge el Rosario... una cosa que te ayude. Recuerda
que, mientras duermes, Cristo vela por todo lo que tienes en el corazón. Cuando
el hombre duerme... Dios actúa.
VIVE
DE CRISTO
Fuente:
Dominicas de Lerma
