¿Quieres la unión familiar? La cercanía a Jesús,
María y José obra cambios poderosos en los hogares
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Dolors Massot - Aleteia |
“No había lugar para ellos en el mesón”,
leemos en el Evangelio. Eso nos mueve a pensar que Jesús
quiere nacer en el corazón de cada uno de nosotros. Y pensamos
también en que nosotros sí queremos acoger a Jesús, María
y José en nuestro hogar y en nuestra familia.
Hay una costumbre sencilla y muy
bonita que consiste en llevar a las casas una capillita de la Sagrada Familia.
Suelen ser capillas pequeñas, hechas de madera y de poco peso para que sean
fácilmente trasladables. En el interior hay una imagen de la Sagrada Familia en
Belén. Se cierran con unas puertas.
Llegan a casa y
se les busca el mejor lugar: el salón, el comedor, el vestíbulo de entrada… Hay
quien le pone su mantelito con puntillas hechas a mano, una lámpara que la
ilumine… Muchos también encienden una vela (de cera o led, según) que ya no se
apaga hasta que la capillita marcha a otra casa.
Esta es una
forma de fomentar durante todo el año la devoción a la Sagrada Familia,
porque durante un día (o varios) están en casa y comparten con nosotros los
momentos más entrañables. Cada familia hace lo que está en su mano para tener
más presencia de Dios aquellos días: rezar el rosario en familia, ponerle unas
flores, rezar las 3 avemarías antes de acostarnos, saludar al llegar a casa,
hacer un momento de oración, leer el Evangelio…
La presencia de
la Sagrada Familia nos ayuda a que la nuestra esté más unida. La
familia que reza unida, permanece unida. Alimentamos también nuestro
espíritu de sacrificio y ofrecemos algún donativo: las capillitas suelen tener
una cajita donde se recoge el dinero de la limosna. Es muy
bueno fomentar en los niños la generosidad haciendo que sean ellos los que
depositen algo de sus ahorros.
La capilla de
la Sagrada Familia (que también se llama capillita u hornacina en algunos
lugares) va de casa en casa, como peregrinando y buscando “un
lugar”. Por eso suele estar organizada en torno a una parroquia, una asociación
o un grupo de cristianos previo acuerdo: se elabora una lista y cada familia
sabe cuál es la siguiente casa a la que debe llevar la capillita. Lo habitual
es tenerla un día como mínimo. En el caso de que haya enfermos en
algún hogar, se puede pedir independientemente de que corresponda o no con el
turno asignado.
El origen de
las capillitas es medieval y arranca en el siglo XIII. La empleaban los franciscanos y las órdenes de caballería para fomentar
la piedad y la unión de la familia y entre las familias. Primero llevaban la
imagen de San Francisco de Asís, la Virgen del Carmen y San Antonio de Padua,
pero pronto también se incorporó la imagen de la Sagrada Familia. Desde el
siglo XIX existen abundantes capillitas de la Virgen.
Dolors Massot