El Santo Padre invita a encontrar algún momento de silencio en el cual
prepararnos para recibir la gracia de esta fiesta
Al medio día de este domingo soleado y
frío de Roma, el papa Francisco rezó desde la ventana de su estudio que da
hacia la Plaza de San Pedro la oración del ángelus, ante miles de fieles y
peregrinos que allí le esperaban.
El Papa recordó
que el próximo domingo es Navidad y nos invitó en esta semana a “encontrar
algún momento para detenernos, hacer un poco de silencio, e imaginar a la
Virgen y a san José que están yendo hacia Belén: el camino, el cansancio, pero
también la gloria, la conmoción, como el ansia por poder encontrar un
lugar, la preocupación…, etc”. Recordó también que para esto ayuda mucho el
pesebre. Invitó así a entrar en la verdadera Navidad, la de Jesús, para recibir
la gracia de amor, de humildad y de ternura.
A continuación el
texto del ángelus
“¡Queridos
hermanos y hermanas, buenos días!”. La liturgia de la cuarta y último domingo
de Adviento se caracteriza por el tema de la cercanía de Dios a la humanidad. El pasaje del
evangelio (cfr Mt 1, 18-24) nos muestra a dos personas
que más que todas las otras fueron involucradas en este misterio de amor: la
Virgen María y su esposo san José.
María es presentada
a la luz de la profecía que dice: “”La Virgen concebirá y dará a luz un hijo”.
El evangelista Mateo reconoce que esto sucedió en María, quien concibió a Jesús
por obra del Espíritu Santo, sin necesidad de José. El Hijo de Dios “viene” a
sus entrañas para volverse hombre y Ella lo acoge.
Así, de manera
única, Dios se ha acercado al ser humano tomando la carne de una mujer. También
para nosotros, de manera diversa, Dios se acerca con su gracia para entrar en
nuestra vida y ofrecernos como un don a su Hijo.
¿Y nosotros qué
hacemos? Lo recibimos o lo rechazamos? Como María, que ofreciéndose libremente
al Señor de la historia le ha permitido cambiar el destino de la humanidad, así
también nosotros recibamos a Jesús y busquemos de seguirlo cada día, para cooperar
con su designio de salvación sobre nosotros mismos y sobre el mundo.
María aparece por
lo tanto como modelo al que es necesario mirar y un apoyo sobre el cual contar
en nuestra búsqueda de Dios y en nuestro empeño para construir la civilización
del amor.
El otro
protagonista del evangelio de hoy es san José. El evangelista pone en evidencia
como José por si mismo no puede explicarse lo sucedido que ve verificar bajo
sus ojos, o sea que María estaba embarazada.
Justamente
entonces, Dios le es cercano con su mensajero y él es iluminado sobre la
naturaleza de aquella maternidad: “El Niño engendrado en ella proviene del
Espíritu Santo”. Así delante del hecho extraordinario, que seguramente suscita
muchos interrogantes, se confía totalmente en Dios y siguiendo su invitación no
rechaza a la prometida esposa, sino que la toma consigo.
Recibiendo a
María, José acoge sin saberlo y con amor a Aquel que en ella ha sido concebido
por obra admirable de Dios, para quien nada es imposible. José, hombre humilde
y justo nos enseña a confiar siempre en Dios, a dejarnos guiar por Él con
voluntaria obediencia.
Estas dos
figuras, María y José, que recibieron primeros a Jesús mediante la fe, nos
introduzcan en el misterio de la Navidad. María nos ayuda a ponernos en una actitud
de disponibilidad para recibir al Hijo de Dios en nuestra vida concreta, en
nuestra carne. José nos incita a buscar siempre la voluntad de Dios y a
seguirla con plena confianza
“La Virgen
concebirá y dará a luz un hijo a quien pondrán el nombre de Emanuel”, que
traducido significa: «Dios con nosotros»”. Este anuncio de esperanza que se
cumple en Navidad lleve a su cumplimiento la espera de Dios también en cada uno
de nosotros, en toda la Iglesia y en tantos pequeños que el mundo desprecia,
pero que Dios ama”.
El Papa reza el
ángelus y después dice:
“Queridos
hermanos y hermanas, saludo a todos los fieles, romanos y peregrinos que han
venido desde diversos países, a las familias, a los grupos parroquiales, a las
asociaciones. En particular saludo al nutrido grupo de Unitalsi de Roma, que ha
dado vida a un pesebre viviente que incluye a personas con discapacidad, así
como a los estudiantes del Instituto Calabrés de Política Internacional.
Les deseo a todos
un buen domingo. ¡El tiempo está lindo!
El próximo
domingo es Navidad. En esta semana tratemos de encontrar algún momento para
detenerlos, hacer un poco de silencio, e imaginar a la Virgen y a san José que
están yendo hacia Belén: el camino, el cansancio, pero también la gloria, la
conmoción, como el ansia por poder encontrar un lugar, la preocupación…,
etc.
En esto nos ayuda
mucho el pesebre. Busquemos entrar en la verdadera Navidad, la de Jesús, para
recibir la gracia de esta fiesta, que es una gracia de amor, de humildad y de
ternura. Y en estos momentos acuérdense de rezar también por mi”. Y concluyó
con la frase “¡Buon pranzo e arrivederci!”.
Fuente:
Zenit
