CANCIÓN 31
¡Oh ninfas de Judea!
en tanto que
en las flores y rosales
el ámbar perfumea,
morá en los arrabales,
y no queráis tocar
nuestros umbrales.
DECLARACIÓN
1. En esta
canción la esposa es la que habla, la
cual, viéndose puesta según la porción superior
espiritual en tan ricos y aventajados dones y deleites de parte de su Amado,
deseando conservarse en la seguridad y continua posesión de ellos, en la cual el Esposo la ha puesto en las
dos canciones precedentes, viendo que de parte de la porción inferior, que
es la sensualidad, se le podría impedir (y que de hecho
impide) y perturbar tanto bien, pide a las operaciones y movimientos de esta porción inferior que se sosieguen en las potencias y
sentidos de ella y no pasen los limites de su región, la
sensual, a molestar y a inquietar la porción superior y
espiritual del ánima, porque
no la impida aun por algún mínimo movimiento el
bien y suavidad de que goza.
Porque los movimientos de la parte sensitiva y sus
potencias, si obran cuando el espíritu goza, tanto más le molestan e inquietan, cuanto ellos tienen de más obra y viveza. Dice, pues, así:
¡Oh ninfas de
Judea!
2. Judea llama a la parte inferior del ánima, que es la sensitiva. Y
llámala Judea,
porque es flaca y
carnal y de suyo ciega, como lo es la gente judaica.
Y llama
ninfas a todas las imaginaciones, fantasías y
movimientos y afecciones de esta porción inferior. A
todas éstas llama ninfas, porque así como las ninfas con su afición y gracia atraen
para sí a los
amantes, así estas
operaciones y movimientos de la sensualidad sabrosamente procuran atraer a sí la voluntad de la parte razonal, sacándola de lo interior a que quiera lo exterior que
ellas quieren y apetecen, moviendo también al
entendimiento y atrayéndole a que se case y junte con
ellas en su bajo modo sensual, procurando conformar a la parte razonal y
aunarla con la sensual. Vosotras, pues, dice, operaciones y movimientos
sensuales,
3. Las flores
son las virtudes del alma, como arriba dijimos; los rosales son las tres potencias
del alma: entendimiento, memoria y
voluntad, que llevan rosas y flores de conceptos divinos y actos de amor
y de virtudes; el ámbar es el divino espíritu que mora en el alma; y perfumear este divino ámbar en las flores y rosales es
comunicarse y derramarse suavísimamente en las potencias y virtudes del alma,
dando en ellas al alma perfume de divina suavidad. En tanto pues que este divino espíritu está dando suavidad espiritual a mi
alma,
morá en los arrabales.
4. En los arrabales de Judea, que decimos ser la
parte sensitiva del alma; y los arrabales de ella son los sentidos sensitivos interiores como son la fantasía, la imaginativa, memoria, en los cuales se colocan y recogen las fantasías e
imaginaciones y formas de las cosas. Y éstas son las que aquí llama
ninfas, las cuales entran a estos arrabales de los sentidos interiores por las puertas de
los sentidos exteriores, que son: oír, ver, oler, gustar, tocar; de
manera que todas las potencias y sentidos de esta parte sensitiva los podemos llamar arrabales,
que son los barrios que están fuera de la ciudad. Porque lo
que se llama ciudad en el alma, es allá lo de más adentro, que es la parte
razonal, que es la que tiene capacidad para comunicar con Dios, cuyas
operaciones son contrarias a las de la sensualidad.
Pero, porque hay natural comunicación de la gente que mora en
estos arrabales de la parte sensitiva -.la cual gente es las ninfas
que decimos-. de tal manera que lo que se obra en esta parte ordinariamente se siente en la otra más interior,
que es la razonal, y por consiguiente la hace advertir y desquietar de la obra
espiritual que tiene en Dios, díceles que moren en sus arrabales,
esto es, que se quieten en sus sentidos sensitivos, interiores y exteriores.
Y no queráis tocar nuestros umbrales.
5. Esto
es, ni por primeros movimientos toquéis a la parte superior; porque los
primeros movimientos del alma son las entradas y
umbrales para entrar en el alma, y cuando pasan de primeros movimientos en la razón, ya van
pasando los umbrales, pero cuando sólo son primeros movimientos, sólo se dice tocar a los umbrales o llamar a la puerta, lo cual se hace
cuando hay acometimientos
a la razón de parte de la sensualidad para
algún acto desordenado.
Pues no solamente el alma dice aquí que éstos no
toquen al alma, pero aun las advertencias que no hacen a la quietud y bien de que goza; y así, esta parte
sensitiva con todas sus potencias, fuerzas y flaquezas en este estado está ya rendida
al espíritu. De donde ésta es ya una bienaventurada vida semejante a la del estado de la inocencia, donde toda la
armonía y habilidad de la parte sensitiva del hombre servía al hombre
para más recreación y ayuda de conocimiento y amor de Dios en paz y
concordia con la parte superior. (Dichosa el alma que a este estado llegare! Mas )quién es éste?, y
alabarle hemos, porque hizo maravillas en su vida (Ecli. 31,
9).
6. Esta canción se ha puesto aquí para dar a entender la quieta paz y segura que tiene el alma que llega a este alto estado; no
para que se piense que este deseo que muestra aquí el alma de
que se sosieguen estas ninfas sea porque en este estado molesten, porque ya están sosegadas, como arriba queda dado a entender, que
este deseo más es de los que van aprovechando y de los aprovechados que de los ya
perfectos, en los cuales poco o nada reinan las pasiones y movimientos.
Fuente: Portal Carmelitano
