¿Seguro que no odias?
El
odio nos capacita para el mal. El amor nos hace más capaces para el bien.
Cuando recibimos odio es muy difícil responder con amor.
Sé
que es posible para Dios porque Él lo puede todo. Pero es cierto que cuando
recibimos amor es más fácil dar amor como respuesta. Cuando amamos es posible
amar más cada vez, el corazón se ensancha, se hace más grande, tiene más
cabida.
Cuando
odiamos el odio endurece el alma. Imposibilita para ver el bien en los demás. El odio hace mucho daño. Al que lo
siente. Al que lo recibe. El odio es devastador. Nos saca de
nuestra verdad. Nos hace peores de lo que somos.
El
otro día leía: “Hay una cierta
satisfacción que procede del odio. Odias, odias, odias y piensas que te sientes
mejor por odiar. Pero es una mentira. El odio destruye. Pero no el objeto de tu
odio. Te destruye a ti mismo. El odio es una decisión personal”.
Cuando
odiamos nos destruimos a nosotros mismos. No destruimos lo que odiamos. Ese sentimiento debería estar lejos del
corazón. Pero no es tan sencillo.
A
veces pienso que el mal se puede introducir en el corazón y llevarme a hacer lo
que no deseo. ¿Cómo puedo llegar en ocasiones a sentir ira? ¿Cómo puede mi rabia nublar mi mirada
hacia una persona? Es algo diabólico.
A
distinta escala a veces puedo sentirlo. Un sentimiento que me aleja de los
hombres. Incluso puedo
llegar a odiar al que amo. Me toca ser testigo tantas veces.
Personas que se amaban y ahora se odian. Lo compartieron todo y ahora no pueden
estar juntos un momento.
El
otro día leí sobre el origen de la llamada “mala
sangre”. Comienza con esos pensamientos negativos que tenemos
en el corazón.
Dicen
los especialistas que la serotonina
es la hormona que trae la paz y la felicidad. Está unida a algunas actitudes
que comienzan con S: Serenidad, sencillez, silencio, sensibilidad, sonrisa. Y
provoca actitudes con A: acogida, abrazo, acercamiento, amor, amistad.
Las
conductas que comienzan con R: resentimientos, rencor, rabia, reproche,
rechazo, generan la hormona del stress, llamada cortisol.
Cuando
abunda, se despiertan actitudes que comienzan con D: depresión, desolación,
desánimo, desaliento, dejadez, desesperación.
Cuando
nos llenamos de ira, de desesperanza, de tristeza por las circunstancias de la
vida, escasea la serotonina.
Decía
Tagore: “Si tiene remedio, ¿de
qué te quejas? Si no lo tiene, ¿de qué te quejas?”.
Hay
que dejar de lado las críticas y pensamientos negativos. Nos llevan a la ira, al odio. Es
importante quedarnos con lo positivo en todo lo que nos pasa.
¿Qué
actitudes abundan más en mi vida? Es una buena pregunta. Cuando me preguntan de primeras pienso
que no odio a nadie. Pero luego durante el día puedo llegar a
tener actitudes muy cercanas al odio.
Rabia,
desprecio, manías. Todas ellas son expresión de una falta de amor y
misericordia. Ese odio que me enfrenta a los hombres. Ese odio que me aísla y
endurece.
Me da
miedo endurecerme y volverme rígido. Incapaz de ver lo bueno de la vida, de las
cosas, de las personas.
Siempre
todo puede estar mucho mejor. Siempre puede llegar a estar mucho peor. ¿Por qué me quedo a veces en lo malo y no
veo lo bueno en mi vida?
Por Carlos Padilla Esteban
Fuente:
Aleteia
