No es que Dios no nos
hable, sino que no estamos suficientemente atentos para discernir su palabra
Si una persona deja de comer o se
alimenta mal, su salud se resiente; si uno no lee y se cultiva intelectualmente,
su cultura se resiente y nos volvemos superficiales; si un cristiano abandona la oración, se
agota su vida interior y se vuelve mundano.
Hay cosas de las que uno advierte su
necesidad cuando las ha perdido.
Jesús ocupaba mucho tiempo en la oración,
en coloquio con el Padre, y nos confió la oración de los hijos de Dios que el
mismo Espíritu suscita en nosotros.
La oración requiere un aprendizaje. A menudo en la catequesis logramos con
gran esfuerzo que los niños aprendan de memoria las principales oraciones del
cristiano, pero ¿suscitamos en ellos una verdadera experiencia y dinámica de
oración? Enseñar a rezar de verdad el Padrenuestro no es tarea fácil…
Si quiere orar, busque su propósito
de manera metódica y planificada. En primer lugar, dedicando tiempos y espacios propicios para la
oración que cada uno debe escoger prudencialmente y a poder ser bajo la guía de
una persona experimentada en este terreno.
La oración vocal requiere un esfuerzo de
atención. Ser muy
conscientes de que nos dirigimos a Dios y de lo que le decimos. También saber escuchar al Señor.
No es que Dios no nos hable, sino que no
estamos suficientemente atentos para discernir su palabra.
Acostúmbrese a meditar cada día un
fragmento de los Evangelios.
La meditación y el silencio ayudan mucho y, por supuesto, la atención al
discernimiento.
Dios suele hablarnos a través de los
pensamientos y sentimientos que suscita en nosotros.
Los maestros espirituales insisten en que
para avanzar en el camino de la oración siempre hay que empezar con la compañía de un buen guía.
Como sacerdote, una de las experiencias
más consoladoras es atender personalmente a cristianos que buscan sinceramente
crecer en la fe y en la vida espiritual y piden ayuda y consejo.
Le recomiendo un libro excelente: El discernimiento, del P.
Marko I. Rupnik. Y finalmente, no
deje de acudir a la oración de la comunidad en la santa misa y, si es posible,
la Liturgia de las horas. Le deseo un buen recorrido cuaresmal.
Por Joan Antoni Mateo
Fuente:
Aleteia
