Habla de la oración de quietud y de
unión y de la suavidad y gustos que causan al espíritu, en comparación de los
cuales no son nada los deleites de la tierra.
1. ¡Oh hijas mías, qué secretos tan grandes hay en estas
palabras! Dénoslo nuestro Señor a sentir, que harto mal se pueden decir.
Cuando Su Majestad quiere, por su misericordia, cumplir esta
petición a la Esposa, es una amistad la que comienza a tratar con el alma, que
sólo las que la experimentéis la entenderéis, como digo. Mucho de ella tengo
escrito en dos libros (1) (que si el Señor es servido, veréis después que me
muera), y muy menuda y largamente, porque veo que los habréis menester, y así
aquí no haré más que tocarlo. No sé si acertaré por las mismas palabras que
allí quiso el Señor declararlo.
Porque adonde he dicho (3) digo lo que el alma ha de hacer
aquí para aprovecharnos y esto no es sino para dar a entender algo de lo que
voy tratando, no quiero alargarme más de que en esta amistad (que ya el Señor
muestra aquí al alma que la quiere tan particular con ella que no haya cosa
partida entre entrambos), se le comunican grandes verdades; porque esta luz que
la deslumbra, por no entenderlo ella lo que es, la hace ver la vanidad del
mundo. No ve al buen Maestro que la enseña, aunque entiende que está con ella;
mas queda tan bien enseñada y con tan grandes efectos y fortaleza en las
virtudes, que no se conoce después ni querría hacer otra cosa ni decir, sino
alabar al Señor; y está cuando está en este gozo, tan embebida y absorta, que
no parece que está en sí, sino con una manera de borrachez divina que no sabe
lo que quiere, ni qué dice, ni qué pide. En fin, no sabe de sí; mas no está tan
fuera de sí que no entiende algo de lo que pasa.
4. Mas cuando este Esposo riquísimo la quiere enriquecer y
regalar más, conviértela tanto en Sí, que como una persona que el gran placer y
contento la desmaya, le parece se queda suspendida en aquellos divinos brazos y
arrimada a aquel sagrado costado y aquellos pechos divinos. No sabe más de (4)
gozar, sustentada con aquella leche divina que la va criando su Esposo, y
mejorando para poderla regalar y que merezca cada día más.
Cuando despierta de aquel sueño y de aquella embriaguez
celestial, queda como cosa espantada y embobada y con un santo desatino, me
parece a mí que puede decir estas palabras: Mejores son tus pechos que el vino.
Porque cuando estaba en aquella borrachez, parecíale que no
había más que subir; mas cuando se vio en más alto grado y todo empapada en
aquella innumerable grandeza de Dios, y se ve quedar tan sustentada,
delicadamente lo comparó; y así dice: Mejores son tus pechos que el vino.
Porque así como un niño no entiende cómo crece ni sabe cómo
mama, que aun sin mamar él ni hacer nada, muchas veces le echan la leche en la
boca así es aquí, que totalmente el alma no sabe de sí ni hacer nada, ni sabe
cómo ni por dónde (ni lo puede entender) le vino aquel bien tan grande (5).
Sabe que es el mayor que en la vida se puede gustar, aunque se junten juntos
todos los deleites y gustos del mundo. Vese criada y mejorada sin saber cuándo
lo mereció; enseñada en grandes verdades sin ver el Maestro que la enseña;
fortalecida en las virtudes, regalada de quien tan bien lo sabe y puede hacer.
No sabe a qué lo comparar, sino al regalo de la madre que ama mucho al hijo y
le cría y regala (6).
5. "Porque es al propio esta comparación que así está
el alma elevada y tan sin aprovecharse de su entendimiento, en parte, como un
niño recibe aquel regalo, y deléitase en él, mas no tiene entendimiento para
entender cómo le viene aquel bien: que en el adormecimiento pasado de la
embriaguez, no está el alma tan sin obrar, que algo entiende y obra, porque
entiende estar cerca de Dios; y así con razón dice: Mejores son tus pechos que
el vino.
6. Grande es, Esposo mío, esta merced, sabroso convite,
precioso vino me dais, que con sola una gota me hace olvidar de todo lo criado
y salir de las criaturas y de mí, para no querer ya los contentos y regalos que
hasta aquí quería mi sensualidad. Grande es este; no le merecía yo.
Después que Su Majestad se le hizo mayor y la llegó más a
sí, con razón dice: Mejores son tus pechos que el vino.
Gran merced era la pasada, Dios mío, mas muy mayor es ésta,
porque hago yo menos en ella; y así es de todas maneras mejor. Gran gozo es y
deleite del alma cuando llega aquí (7).
7. ¡Oh hijas mías! Déos nuestro Señor a entender o, por
mejor decir, a gustar (que de otra manera no se puede entender) qué es del gozo
del alma cuando está así. Allá se avengan los del mundo con sus señoríos y con
sus riquezas y con sus deleites y con sus honras y con sus manjares; que si
todo lo pudiesen gozar sin los trabajos que traen consigo (lo que es
imposible), no llegara en mil años al contento que en un momento tiene un alma
a quien el Señor llega aquí. San Pablo dice que no son dignos todos los
trabajos del mundo de la gloria que esperamos; (8) yo digo, que no son dignos
ni pueden merecer una hora de esta satisfacción que aquí da Dios al alma, y
gozo y deleite. No tiene comparación, a mi parecer, ni se puede merecer un
regalo tan regalado de nuestro Señor, una unión tan unida, un amor tan dado a
entender y a gustar, con las bajezas de las cosas del mundo. ¡Donosos son sus
trabajos para compararlo a esto!, que si no son pasados por Dios, no valen
nada; si lo son, Su Majestad los da tan medidos con nuestras fuerzas, que de
pusilánimes y miserables los tememos tanto.
8. ¡Oh cristianos e hijas mías! Despertemos ya, por amor del
Señor, de este sueño, y miremos que aún no nos guarda para la otra vida el
premio de amarle; en ésta comienza la paga. ¡Oh Jesús mío, quién pudiese dar a
entender la ganancia que hay de arrojarnos en los brazos de este Señor nuestro
y hacer un concierto con Su Majestad, que mire yo a mi Amado y mi Amado a mí; y
que mire El por mis cosas, y yo por las suyas! (9) No nos queramos tanto que
nos saquemos los ojos, como dicen.
Torno a decir, Dios mío, y a suplicaros, por la sangre de
vuestro Hijo, que me hagáis esta merced; béseme con beso de su boca, que sin
Vos, ¿qué soy yo, Señor? Si no estoy junto a Vos, ¿qué valgo?
Si me desvío un poquito de Vuestra Majestad, ¿adónde voy a
parar?
9. ¡Oh Señor mío y Misericordia mía y Bien mío! Y ¿qué mayor
le quiero yo en esta vida que estar tan junto a Vos, que no haya división entre
Vos y mí? Con esta compañía, ¿qué se puede hacer dificultoso? ¿Qué no se puede
emprender por Vos, teniéndoos tan junto? ¿Qué hay que agradecerme, Señor? Que
culparme, muy mucho por lo que no os sirvo. Y así os suplico con San Agustín,
con toda determinación, que "me deis lo que mandareis, y mandadme lo que
quisiereis"; (10) no volveré las espaldas jamás, con vuestro favor y ayuda.
10. "Ya yo veo, Esposo mío, que Vos sois para mí; (11)
no lo puedo negar. Por mí vinisteis al mundo, por mí pasasteis tan grandes
trabajos, por mí sufristeis tantos azotes, por mí os quedasteis en el Santísimo
Sacramento y ahora me hacéis tan grandísimos regalos. Pues, Esposa santa, ¿cómo
dije yo que Vos decís: qué puedo hacer por mi Esposo?
11. "Por cierto, hermanas, que no sé cómo paso de aquí.
¿En qué seré para Vos, mi Dios? ¿Qué puede hacer por Vos quien se dio tan mala
maña a perder las mercedes que me habéis hecho? ¿Qué se podrá esperar de sus
servicios? Ya que con vuestro favor haga algo, mirad qué puede hacer un
gusanillo; ¿para qué le ha menester un poderoso Dios? ¡Oh amor!, que en muchas
partes querría decir esta palabra, porque sólo él es el que se puede atrever a
decir con la Esposa: Yo a mi Amado. El nos da licencia para que pensemos que El
tiene necesidad de nosotros este verdadero Amador, Esposo y Bien mío (12).
12. Pues nos da licencia, tornemos, hijas, a decir: Mi Amado
a mí, y yo a mi Amado. ¿Vos a mí, Señor? Pues si Vos venís a mí, ¿en qué dudo
que puedo mucho serviros? Pues de aquí adelante Señor, quiérome olvidar de mí y
mirar sólo en qué os puedo servir y no tener voluntad sino la vuestra. Mas mi
querer no es poderoso; Vos sois el poderoso, Dios mío. En lo que yo puedo, que
es determinarme, desde este punto lo hago para ponerlo por obra".
NOTAS AL CAPÍTULO 4
1 Alude a
los pasajes de Vida (cc. 14-15), Camino (cc. 30-31), en que trata de la oración
de quietud; cf. además Mor. IV.
2 Tomamos
del ms. de Baeza el texto en cursiva.
3 En el
n. 1; cf. nota 1.
4 Más de:
más que.
5 Sobre
esta comparación, cf. Camino c. 31, n. 9, y el correspondiente c. 53, n. 5 de
la primera redacción. Véase además Mor. IV, c. 3, n. 10. - La desarrolla en el
n. siguiente.
6 Siguen
dos nn. (5-6) tomados del ms. de Las Nieves.
7
Prosigue una larga variante en el mismo ms.
8 Rm 8,
18.
9 Alude
al Cant. 6, 2 y 2, 16. - Compárese con la Relación 35, n. 2.
10
Confesiones, L. 10, c. 29. - Siguen tres nn. (10-12) tomados del ms. de
Consuegra.
11 Cant.
2, 16.
12
Corrijo el texto del presente n. por el ms. de Las Nieves.
El ms. de
Consuegra lo titula: "De algunos puntos de los Cantares. Tienen algunas
cosas de perfecta contemplación". - Lo reproduce el ms. de Las Nieves con
pequeñas variantes.
Fuente: Mercaba
