En que trata el gran amor que nos
mostró el Señor en las primeras palabras del Paternóster, y lo mucho que
importa no hacer caso ninguno del linaje las
que de veras quieren ser hijas de Dios.
1. "Padre nuestro que estás en los cielos" (1).
¡Oh Señor mío, cómo parecéis Padre de tal Hijo y cómo parece
vuestro Hijo hijo de tal Padre! ¡Bendito seáis por siempre jamás! ¿No fuera al
fin de la oración esta merced, Señor, tan grande? En comenzando, nos henchís
las manos y hacéis tan gran merced que sería harto bien henchirse el
entendimiento para ocupar de manera la voluntad que no pudiese hablar palabra.
¡Oh, qué bien venía aquí, hijas, contemplación perfecta!
¡Oh, con cuánta razón se entraría el alma en sí para poder mejor subir sobre sí
misma (2) a que le diese este santo Hijo a entender qué cosa es el lugar adonde
dice que está su Padre, que es en los cielos! Salgamos de la tierra, hijas
mías, que tal merced como ésta no es razón se tenga en tan poco, que después
que entendamos cuán grande es nos quedemos en la tierra.
Si nos tornamos a El, como al
hijo pródigo hanos de perdonar (4), hanos de consolar en nuestros trabajos,
hanos de sustentar como lo ha de hacer un tal Padre, que forzado ha de ser
mejor que todos los padres del mundo, porque en El no puede haber sino todo
bien cumplido (5), y después de todo esto hacernos participantes y herederos
con Vos.
3. Mirad, Señor mío, que ya que Vos, con el amor que nos
tenéis y con vuestra humildad, no se os ponga nada delante, en fin, Señor,
estáis en la tierra y vestido de ella, pues tenéis nuestra naturaleza, parece
tenéis causa alguna para mirar nuestro provecho; mas mirad que vuestro Padre
está en el cielo; Vos lo decís; es razón que miréis por su honra. Ya que estáis
Vos ofrecido (6) a ser deshonrado por nosotros, dejad a vuestro Padre libre; no
le obliguéis a tanto por gente tan ruin como yo, que le ha de dar tan malas
gracias (7).
4. ¡Oh buen Jesús, qué claro habéis mostrado ser una cosa
con El (8), y que vuestra voluntad es la suya y la suya vuestra! ¡Qué confesión
tan clara, Señor mío! ¡Qué cosa es el amor que nos tenéis! Habéis andado
rodeando, encubriendo al demonio que sois Hijo de Dios, y con el gran deseo que
tenéis de nuestro bien no se os pone cosa delante por hacernos tan grandísima
merced. ¿Quién la podía hacer sino Vos, Señor? Yo no sé cómo en esta palabra no
entendió el demonio quién erais, sin quedarle duda (9). Al menos bien veo, mi
Jesús, que habéis hablado, como Hijo regalado, por Vos y por nosotros, y que
sois poderoso para que se haga en el cielo lo que Vos decís en la tierra.
Bendito seáis por siempre, Señor mío, que tan amigo sois de dar, que no se os
pone cosa delante.
5. Pues ¿paréceos, hijas, que es buen maestro éste, pues
para aficionarnos a que deprendamos lo que nos enseña, comienza haciéndonos tan
gran merced? Pues ¿paréceos ahora que será razón que, aunque digamos vocalmente
esta palabra, dejemos de entender con el entendimiento, para que se haga
pedazos nuestro corazón con ver tal amor? Pues ¿qué hijo hay en el mundo que no
procure saber quién es su padre, cuando le tiene bueno y de tanta majestad y
señorío? Aun si no lo fuera, no me espantara no nos quisiéramos conocer por sus
hijos, porque anda el mundo tal que si el padre es más bajo del estado en que
está el hijo, no se tiene por honrado en conocerle por padre.
6. Esto no viene aquí, porque en esta casa nunca plega a
Dios haya acuerdo de cosa de éstas, sería infierno; sino que la que fuere más,
tome menos a su padre en la boca. Todas han de ser iguales.
¡Oh Colegio de Cristo, que tenía más mando San Pedro con ser
un pescador y le quiso así el Señor, que San Bartolomé, que era hijo de rey!
(10) Sabía Su Majestad lo que había de pasar en el mundo sobre cuál era de
mejor tierra, que no es otra cosa sino debatir si será buena para adobes o para
tapias (11). ¡Válgame Dios, qué gran trabajo traemos! Dios os libre, hermanas,
de semejantes contiendas, aunque sea en burlas. Yo espero en Su Majestad que sí
hará. Cuando algo de esto en alguna hubiese, póngase luego remedio y ella tema
no sea estar Judas entre los Apóstoles; denla penitencias hasta que entienda
que aun tierra muy ruin no merecía ser (12).
Buen Padre os tenéis, que os da el buen Jesús. No se conozca
aquí otro padre para tratar de él. Y procurad, hijas mías, ser tales que
merezcáis regalaros con El, y echaros en sus brazos. Ya sabéis que no os echará
de sí, si sois buenas hijas. Pues ¿quién no procurará no perder tal Padre?
7. ¡Oh, válgame Dios!, y que hay aquí en qué os consolar,
que por no me alargar más lo quiero dejar a vuestros entendimientos; que por
disparatado que ande el pensamiento, entre tal Hijo y tal Padre forzado ha de
estar el Espíritu Santo, que enamore vuestra voluntad y os la ate tan
grandísimo amor, ya que no baste para esto tan gran interés.
NOTAS
1 Mt 24,
35.
2 Entrar
en sí y subir sobre sí, eran expresiones corrientes entre los espirituales
contemporáneos y con significado más o menos alambicado. Aquí la usa la Santa
para designar con la primera la acción de recogerse al interior, y con la
segunda una elevación mística en general. -En otras ocasiones critica ella
misma la teoría del "subir sobre sí" (cf. Vida c. 22, nn. 1, 4, 5, 7;
y Moradas IV, c. 3, nn. 2 y 6).
3 Lc 24,
35.
4 Lc 15,
20.
5 En la
1ª redacción sigue insistiendo: hanos de regalar; hanos de sustentar, que tiene
con qué. -Siguen dos alusiones bíblicas a Ef 3, 15 y 2 Pt 1, 4.
6 Estar
ofrecido: haber hecho una promesa o voto personal, como un "romero" o
peregrino; frase típica, tomada del lenguaje popular.
7 ... y
otros también hay que no se las dan buenas, añade la 1ª redacción.
8
Alusiones a Jn 10, 30 y 8, 29.
9 Un
censor tachó en el autógrafo esta afirmación de la Santa, probablemente por
escrúpulo teológico: la fe del diablo no pudo estar exenta de dudas.
10 No sé
dónde lo halló, anotó marginalmente uno de los censores del autógrafo. -La
Santa leyó esta peregrina noticia en el Flos Sanctorum de su tiempo, que
basados en la etimología de la palabra (Bartolomaeus), hacían al Apóstol
descendiente de los Ptolomeos.
11 Que no
es otra cosa sino debatir ni será para bodoques buena o para adobes, había
escrito en la 1ª redacción. Bodoque era una "pelotilla de barro que se
tira con el arco o con la ballesta que llaman de bodoque" (Cobarruvias).
La Santa o quizá un corrector enmendó esa palabra cambiándola en "lodo".
12 En la
1ª redacción: Y cuando algo de esto en alguna hubiere, no la consintáis en
casa, que es Judas entre los apóstoles. Haced cuanto pudiéreis de libraros de
tan mala compañía. Y si esto no podéis, más graves penitencias que por otra
cosa ninguna, hasta que conozca que aun tierra muy ruin no merecía ser. Buen
Padre os da el buen Jesús. No se conozca aquí otro padre para tratar de él, si
no fuere el que nos da vuestro Esposo.
Fuente: Mercaba
