Un
diccionario útil para conocer mejor el futuro
La escatología trata de
los acontecimientos que afectarán a cada individuo al finalizar su camino en la
tierra, es decir, la muerte, el juicio particular, el purgatorio, el infierno,
el cielo.
Y la escatología colectiva
trata los acontecimientos relacionados con el fin de los tiempos, es decir, la
parusía (segunda venida de Cristo), resurrección de la carne, juicio final o
universal y los “Cielos y Tierra nuevos”.
El juicio particular ocurre inmediatamente después de la muerte, y define si el alma va
al cielo, al infierno o al purgatorio. No hay una acción violenta de Dios, sino
simplemente el alma tendrá nítida conciencia de lo que fue su vida en la
tierra, y así, se sentirá irresistiblemente impulsada a Dios (cielo), o lejos
de la presencia de Dios (infierno) o a un estado de purificación (purgatorio).
El purgatorio es el estado en que las almas de los fieles que mueren en el amor
de Dios, pero aún con tendencias pecaminosas, son liberadas a través de una
purificación de su amor. Es decir, son almas justificadas, pero que aún
necesitan ser santificadas. El purgatorio fortalecerá el amor de Dios en lo
íntimo de la persona, con el fin de expulsar las malas tendencias. Todas las
almas del purgatorio, posteriormente, irán al cielo.
El infierno es un estado de total infelicidad. Es vivir eternamente sin Dios,
sin amar, sin ser amado. El alma entiende que Dios es el bien mayor, pero su
libre voluntad lo rechaza y sabe que será siempre incompatible con Dios. Eso
genera un inmenso vacío en el alma que odia a Dios y a sus criaturas. Sólo va
al infierno quien rechaza a Dios consciente, libre y voluntariamente. Pero,
¿cómo puede existir el infierno si Dios es bueno y nos ama?
El cielo no es un lugar en las nubes, sino un estado de total felicidad
capaz de realizar todas las aspiraciones del ser humano. En el cielo
participamos de la vida de Dios. Y cuanto mayor es el amor que la persona
desarrolló en este mundo, más profunda será la participación en la vida de
Dios. De este modo, en el cielo todos son felices, pero en grados diferentes,
pues cada uno es correspondido en la medida exacta de su amor. Dios es amor,
amor que se da a conocer a quien ama. No existe la monotonía en el cielo, sino
una intensa actividad de conocer y amar.
El limbo sería el “lugar” eterno donde irían los niños que mueren sin
Bautismo. No tendrían la visión sobrenatural de Dios, sino una visión natural
más perfecta de la que tenemos. Sin embargo, el limbo siempre fue una
suposición y jamás fue un dogma de fe. Al contrario, esos niños son confiados
por la Iglesia a la misericordia de Dios, que creemos tendrá un camino de
salvación propio a ellos.
Por Estêvão Bettencourt
Fuente: Apostila do
Mater Ecclesiae – Escatologia
Fuente: Aleteia
