Aunque cuando comencé a escribir esto
que aquí va fue con la contradicción que al principio digo (1), después de
acabado me ha dado mucho contento y doy por bien empleado el trabajo, aunque
confieso que ha sido harto poco.
Considerando el mucho encerramiento y pocas
cosas de entretenimiento que tenéis, mis hermanas, y no casas tan bastantes
como conviene en algunos monasterios de los vuestros, me parece os será
consuelo deleitaros en este castillo interior, pues sin licencia de las
superioras podéis entrar y pasearos por él a cualquier hora.
2. Verdad es que no en todas las moradas podréis entrar por
vuestras fuerzas, aunque os parezca las tenéis grandes, si no os mete el mismo
Señor del castillo. Por eso os aviso, que ninguna fuerza pongáis, si hallareis resistencia
alguna, porque le enojaréis de manera, que nunca os deje entrar en ellas (2).
Es muy amigo de humildad. Con teneros por tales que no merecéis aún entrar en
las terceras, le ganaréis más presto la voluntad para llegar a las quintas; y
de tal manera le podéis servir desde allí, continuando a ir muchas veces a
ellas, que os meta en la misma morada que tiene para Sí, de donde no salgáis
más, si no fuereis llamada de la priora cuya voluntad quiere tanto este gran
Señor que cumpláis como la suya misma; y aunque mucho estéis fuera por su
mandado, siempre cuando tornareis, os tendrá la puerta abierta. Una vez
mostradas a gozar de este castillo, en todas las cosas hallaréis descanso,
aunque sean de mucho trabajo, con esperanza de tornar a él, y que no os lo
puede quitar nadie.
3. Aunque no se trata de más de siete moradas, en cada una
de éstas hay muchas: en lo bajo y alto y a los lados, con lindos jardines y
fuentes y laberintos (3) y cosas tan deleitosas, que desearéis deshaceros en
alabanzas del gran Dios, que lo crió a su imagen y semejanza (4). Si algo
hallareis bueno en la orden de daros noticia de él, creed verdaderamente que lo
dijo Su Majestad por daros a vosotras contento, y lo malo que hallareis, es
dicho de mí.
4. Por el gran deseo que tengo de ser alguna parte para
ayudaros a servir a este mi Dios y Señor, os pido que en mi nombre, cada vez
que leyereis aquí, alabéis mucho a Su Majestad y le pidáis el aumento de su
Iglesia y luz para los luteranos; y para mí, que me perdone mis pecados y me saque
del purgatorio, que allá estaré quizá, por la misericordia de Dios (5), cuando
esto se os diere a leer si estuviere para que se vea, después de visto de
letrados. Y si algo estuviere en error, es por más no lo entender, y en todo me
sujeto a lo que tiene la santa Iglesia Católica Romana, que en esto vivo y
protesto y prometo vivir y morir (6).
Sea Dios nuestro Señor por siempre alabado y bendito, amén,
amén.
5. Acabóse esto de escribir en el monasterio de San José de
Avila, año de 1577, víspera de San Andrés (7), para gloria de Dios, que vive y
reina por siempre jamás, amén.
NOTAS
EPÍLOGO
1
Prólogo, n. 1.
2 Alude a
los consejos dados en las M. IV, c. 2 y M. V, c. 7.
3 La
Santa escribió laborintios, como se decía en su siglo (Cobarruvias, p. 746).
4 Gen 1, 26
(cf. M. I, c. 1, n. 1). - Por error material, la Santa escribió semejanzas.
5 Quizá
por la misericordia de Dios: lo añadió la Santa entre líneas y al margen. - Al
fin de frase, por error material, escribió: visto letrados. Seguimos la
enmienda de fray Luis (p. 268).
6 Cf.
idéntica declaración y protestación en el Prólogo, n. 3. Las palabras santa y
Romana fueron añadidas por la Santa entre líneas. Otro tanto hizo en el pasaje
paralelo del prólogo donde añadió entre líneas santa, Católica Romana.
7 El 29 de
noviembre de 1577. Lo había comenzado el 2 de junio del mismo año: cf. Prólogo,
n. 3.
Fuente: Mercaba
