Prosíguese
en la materia comenzada del orden que tuvo doña Casilda de Padilla para
conseguir sus santos deseos de entrar en religión.
1.
En este tiempo ofrecióse dar un hábito (1) a una freila en este monasterio de
la Concepción, cuyo llamamiento podrá ser que diga, porque aunque diferentes en
calidad, porque es una labradorcita, en las mercedes grandes que la ha hecho
Dios, la tiene de manera, que merece, para ser Su Majestad alabado, que se haga
de ella memoria. Y yendo doña Casilda (que así se llamaba esta amada del
Señor), con una abuela suya a este hábito, que era madre de su esposo,
aficionóse en extremo a este monasterio, pareciéndole que por ser pocas y
pobres podían servir mejor al Señor; aunque todavía no estaba determinada a
dejar a su esposo, que como he dicho (2) era lo que más la detenía.
3.
Pues tornando a lo que decía, como ella viese que aun rezar ya el rosario hacía
de mala gana, hubo gran temor que siempre sería peor, y parecíale que veía
claro que viniendo a esta casa tenía asegurada su salvación. Y así, se
determinó del todo; y viniendo una mañana su hermana y ella con su madre acá,
ofrecióse que entraron en el monasterio dentro, bien sin cuidado que ella haría
lo que hizo. Como se vio dentro, no bastaba nadie a echarla de casa. Sus
lágrimas eran tantas porque la dejasen, y las palabras que decía, que a todas
tenía espantadas.
Su madre, aunque en lo interior se alegraba, temía a los
deudos y no quisiera se quedara así, porque no dijesen había sido persuadida de
ella, y la priora también estaba en lo mismo, que le parecía era niña y que era
menester más prueba. Esto era por la mañana. Hubiéronse de quedar hasta la
tarde, y enviaron a llamar a su confesor y al padre maestro fray Domingo, que
lo era mío, dominico, de quien hice al principio mención, aunque yo no estaba
entonces aquí (3). Este padre entendió luego que era espíritu del Señor, y la
ayudó mucho, pasando harto con sus deudos (¡así habían de hacer todos los que
le pretenden servir, cuando ven un alma llamada de Dios, no mirar tanto las
prudencias humanas!), prometiéndola de ayudarla para que tornase otro día.
4.
Con hartas persuasiones, porque no echasen culpa a su madre, se fue esta vez.
Ella iba siempre más adelante en sus deseos. Comenzaron secretamente su madre a
dar parte a sus deudos; porque no lo supiese el esposo, se traía este secreto.
Decían que era niñería y que esperase hasta tener edad, que no tenía cumplidos
doce años. Ella decía que como la hallaron con edad para casarla y dejarla al
mundo, ¿cómo no se la hallaban para darse a Dios? Decía cosas que se parecía
bien no era ella la que hablaba en esto.
5.
No pudo ser tan secreto que no se avisase a su esposo. Como ella lo supo,
parecióle no se sufría aguardarle, y un día de la Concepción, estando en casa
de su abuela, que también era su suegra, que no sabía nada de esto, rogóla
mucho la dejase ir al campo con su aya a holgar un poco; ella lo hizo por
hacerla placer, en un carro con sus criados. Ella dio a uno dinero, y rogóle la
esperase a la puerta de este monasterio con unos manojos o sarmientos, y ella
hizo rodear de manera que la trajeron por esta casa.
Como llegó a la puerta,
dijo que pidiesen al torno un jarro de agua, que no dijesen para quién y apeóse
muy aprisa. Dijeron que allí se le darían; ella no quiso. Ya los manojos
estaban allí. Dijo que dijesen viniesen a la puerta a tomar aquellos manojos, y
ella juntóse allí, y en abriendo entróse dentro, y fuese a abrazar con nuestra
Señora (4), llorando y rogando a la priora no la echase. Las voces de los
criados eran grandes y los golpes que daban a la puerta. Ella los fue a hablar
a la red y les dijo que por ninguna manera saldría, que lo fuesen a decir a su
madre. Las mujeres que iban con ella hacían grandes lástimas. A ella se le daba
poco de todo. Como dieron la nueva a su abuela, quiso ir luego allá.
6.
En fin, ni ella ni su tío ni su esposo, que había venido y procuró mucho de
hablarla (5) por la red, hacían más de darla tormento cuando estaba con ella, y
después quedar con mayor firmeza. Decíala el esposo después de muchas lástimas,
que podría más servir a Dios haciendo limosnas. Ella le respondía que las
hiciese él; y a las demás cosas le decía que más obligada estaba a su salvación
y que veía que era flaca y que en las ocasiones del mundo no se salvaría, y que
no tenía que se quejar de ella, pues no le había dejado sino por Dios, que en
esto no le hacía agravio. De que vio que no se satisfacía con nada, levantóse y
dejóle.
7.
Ninguna impresión la hizo, antes del todo quedó disgustada con él, porque al
alma que Dios da luz de la verdad, las tentaciones y estorbos que pone el
demonio la ayudan más; porque es Su Majestad el que pelea por ella, y así se
veía claro aquí que no parecía era ella la que hablaba.
8.
Como su esposo y deudos vieron lo poco que aprovechaba quererla sacar de grado,
procuraron fuese por fuerza; y así trajeron una provisión real para sacarla
fuera del monasterio y que la pusiesen en libertad. En todo este tiempo, que
fue desde la Concepción hasta el día de los Inocentes (6), que la sacaron, se
estuvo sin darle el hábito en el monasterio, haciendo todas las cosas de la
religión como si le tuviera y con grandísimo contento.
Este día la llevaron en
casa de un caballero, viniendo la justicia por ella. Lleváronla con hartas
lágrimas, diciendo que para qué la atormentaban, pues no les había de
aprovechar nada. Aquí fue harto persuadida así, de religiosos como de otras
personas; porque a unos les parecía que era niñería, otros deseaban gozase su
estado. Sería alargarme mucho si dijese las disputas que tuvo y de la manera
que se libraba de todos. Dejábalos espantados de las cosas que decía.
9.
Ya que vieron no aprovechaba, pusiéronla en casa de su madre para detenerla
algún tiempo, la cual estaba ya cansada de ver tanto desasiego y no la ayudaba
en nada; antes, a lo que parecía, era contra ella. Podía ser que fuese para
probarla más; al menos así me lo ha dicho después, que es tan santa que no se
ha de creer sino lo que dice; mas la niña no lo entendía. Y también un confesor
que la confesaba le era en extremo contrario, de manera que no tenía sino a
Dios y a una doncella de su madre, que era con quien descansaba. Así pasó con
harto trabajo y fatiga hasta cumplir los doce años, que entendió que se trataba
de llevarla a ser monja al monasterio que estaba su hermana, ya que no la
podían quitar de que lo fuese, por no haber en él tanta aspereza (7).
10.
Ella, como entendió esto, determinó de procurar, por cualquier medio que
pudiese, procurar su contento con llevar su propósito adelante. Y así, un día,
yendo a misa con su madre, estando en la iglesia, entróse su madre a confesar
en un confesonario, y ella rogó a su aya que fuese a uno de los padres a pedir
que le dijesen una misa; y en viéndola ida, metió sus chapines en la manga (8)
y alzó la saya y vase con la mayor prisa que pudo a este monasterio, que era
harto lejos. Su aya, como no la halló, fuese tras ella; y ya que llegaba cerca,
rogó a un hombre que se la tuviese.
El dijo después que no había podido
menearse, y así la dejó. Ella, como entró a la puerta del monasterio primera y
cerró la puerta y comenzó a llamar, cuando llegó la aya ya estaba dentro en el
monasterio, y diéronle luego el hábito, y así dio fin a tan buenos principios
como el Señor había puesto en ella. Su Majestad la comenzó bien en breve a
pagar con mercedes espirituales, y ella a servirle con grandísimo contento y
grandísima humildad y desasimiento de todo.
11.
¡Sea bendito por siempre!, que así da gusto con los vestidos pobres de sayal a
la que tan aficionada estaba a los muy curiosos y ricos, aunque no eran parte
para encubrir su hermosura, que estas gracias naturales repartió el Señor con
ella como las espirituales, de condición y entendimiento tan agradable que a
todas es despertador para alabar a Su Majestad. Plega a El haya muchas que así
respondan a su llamamiento.
NOTAS CAPÍTULO 11
1 Un hábito: una
profesión, había escrito primero, y luego, por exactitud histórica, se
corrigió. La freila (Hermana de velo blanco, o no corista), era Estefanía de
los Apóstoles, que tomó el hábito el 2 de julio de 1572, y fue famosa entre las
Descalzas primitivas.
2 En el c. 10,
n. 15.
3 Priora era
María Bautista, sobrina de la Santa y una de las más privilegiadas en
correspondencia espistolar con ésta. Confesor de la Madre era el P. Báñez. No
pudiendo datar con precisión el episodio, no es fácil puntualizar dónde se
hallaba la Fundadora; es probable que coincidiese con su permanencia en
Salamanca, desde fines de julio de 1573 hasta enero del año siguiente.
4 Esta imagen de
la Virgen preside todavía el coro de la Comunidad.
5 En otras
ediciones se lee: "alelarla por la red". Pero el autógrafo teresiano
dice "ablarla". - Por la red: es decir, a través de las rejas del
locutorio monástico.
6 Desde el 8 al
28 de dic. de 1573.
7 Convento de
monjas dominicas de Valladolid.
8 Sus chapines,
especie de zapatos o chanclos de postín, de alto tacón de corcho, usados por
las mujeres de entonces para añadir altura y esbeltez al talle.
