CÓMO RELACIONARSE CON LA FAMILIA NO CATÓLICA

Tanto si eres un católico converso como si lo eres de toda la vida y tienes muchos familiares que se han alejado de la fe, no hay duda de que relacionarse con familiares no católicos puede resultar complicado

Zivica Kerkez | Shutterstock

Ser católico y tener una familia extensa, con muchos miembros no católicos, puede provocar ciertas fricciones. En la cena del viernes por la noche, nadie entiende por qué no te comes el guiso. En las vacaciones familiares, provocas un cambio de planes un tanto incómodo porque no puedes disfrutar plenamente del viaje hasta que encuentras una misa dominical en la parroquia local.

Surgen dudas morales sobre cómo actuar ante un hermano que vive en una situación matrimonial irregular, o qué decir —si es que hay algo que decir— a la tía abiertamente a favor del aborto que no deja de sacar el tema en alguna reunión familiar. Quizá te debatas entre si está bien dejar que los abuelos lleven a los niños a su iglesia protestante después de pasar la noche allí el sábado, o si deberías hablar con tu hermano, que hace bromas anticatólicas delante de los niños.

Puede resultar difícil no soltar alguna verdad catequética o algún reproche moral, pero este tipo de enfoque no ayuda a nadie. En cambio, hay algunas pautas que podemos tener en cuenta.

1. Sin discusiones

Las discusiones no sirven para que la gente cambie de opinión. De hecho, a menudo tienen el efecto contrario. Cuando las personas sienten que sus creencias se ven amenazadas, se aferran a ellas con más fuerza aún. Puede que resulte satisfactorio discutir con familiares no católicos, pero no es productivo.

¿Qué podría ayudar realmente? La felicidad y la alegría de tu vida. Tu forma de vivir es tu mejor argumento. No hacen falta palabras. No tienes que disculparte por tus convicciones católicas y debes tener claro que la verdad no es subjetiva. La verdad no es tuya —es de Dios—, pero esto no significa que sea sensato enzarzarse en discusiones constantes y estresantes al respecto.

2. Paciencia

La paciencia es imprescindible. La gente se aferra a sus costumbres. Somos tercos sin motivo alguno. No nos gusta el cambio. No puedes esperar que los miembros de tu familia que no son católicos vean las cosas como tú de la noche a la mañana. Puede que nunca lo hagan, o que tarden muchos años en hacerlo. Tu tarea no es obligarles a pensar de una forma concreta; tu tarea es quererles.

3. Prudencia

Cada familia es diferente, por lo que la forma en que cada uno se relaciona con sus familiares variará de una familia a otra. Debes estar atento a cómo reacciona concretamente tu familia no católica. ¿Se molestan cuando hablas de tu fe o están deseosos de saber más? ¿Te escuchan cuando les das consejos morales o eso les desanima? ¿Eres capaz de decirles verdades difíciles o hacerlo en el pasado ha dañado la relación?

La prudencia ayuda a determinar si la conversación es bienvenida o si conviene reducirla al mínimo. También te llevará a otros enfoques mejor meditados. Quizá tu familia esté más abierta a conocer el catolicismo a través de otra persona en lugar de a través de ti. Quizá les gustaría que les invitaras a misa para que lo vean por sí mismos, aunque no quieran hablar de teología. Si las palabras resultan contraproducentes, quizá lo único que los padres no católicos necesiten ver es que los nietos están creciendo felices como católicos y aman a Jesús.

4. La oración

Por último, la oración debe ser una constante. Rezar por los no católicos y por los católicos que se han alejado de la fe es la mejor manera de amarles. En última instancia, no somos quienes vamos a convencer a nadie de nada en lo que respecta a la fe religiosa. Dios se encargará de convencer a cada uno a su debido tiempo. Nuestra tarea es amarle a Él, amar a nuestras familias y rezar por ellas.

Michael Rennier

Fuente: Aleteia