El otro día tenía que tocar en clase de órgano una
partitura... pero no había conseguido sacarla. Bueno, con la mano derecha, sí,
salía adelante; sin embargo, la izquierda la tenía atragantada.
-Bueno -me dijo el profesor a través de la pantalla- pues
toca solo con la mano derecha.
Así lo hice, pero, por mucho que me esforzase al
interpretarla, bien sabía yo que el resultado iba a quedar “muy pobre”.
Sin embargo, cuando llegué a la parte en que la mano
izquierda hace unos adornos bastante importantes en la melodía... ¡mi profesor
se puso a tocar conmigo!
Admito que me sorprendió, pues no me lo esperaba, ¡¡pero
quedó precioso!! Yo, desde Lerma, tocaba las notas de la mano derecha; y él,
desde Madrid, tocaba las notas de la mano izquierda, y, gracias a la
tecnología, ¡los dos escuchábamos la melodía completa!
Encontramos templos por todo el mundo, sin embargo, en todos
ellos celebramos la misma Eucaristía, se reza el mismo padrenuestro, se
confiesa el mismo Credo... ¿Te imaginas cómo se ve esto desde el Cielo? ¡Pues
como una única celebración en la que participamos todos, sin importar distancia
ni tiempo!
El Espíritu Santo es más potente que cualquier tecnología, y
Él une nuestros corazones para que canten una sola canción. Tu voz enriquece la
mía, ¡y juntos hacemos la más bella melodía! Y si tu voz faltase, ¡la canción
no estaría completa!
Ahora que debemos guardar distancia entre nosotros,
¡nuestros corazones pueden estar más unidos que nunca si los une Él! En Cristo,
seguimos siendo una gran familia... que permanece unida.
Hoy el reto del amor es que reces un avemaría por la
Iglesia, por todos sus miembros. En estos últimos días de Adviento, te invito a
dar la mano a la Virgen y a susurrarle despacio su oración. Y, mientras rezas,
piensa en todas las personas que hoy se unirán a esa plegaria que has
pronunciado... ¡nuestro coro “multi-temporal-espacial” está a punto de
comenzar! ¿Te unes? ¡Feliz día!
VIVE DE CRISTO
