Picores
indomables
Hola,
buenos días, hoy Sión nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.
Desde
primera hora de la mañana sentí un picor extraño en el antebrazo. Me temí lo
peor. Sí, porque, al subir las temperaturas, hacen su aparición mosquitos,
arañas y demás bichitos nada recomendables. ¡Parecía que ya me había estrenado
con una de sus picaduras!
Me
remangué la chaqueta y me miré el brazo. Efectivamente, la zona estaba un poco
colorada.
Lo
sé, no se debe hacer... ¡pero no pude evitarlo! Me rasqué.
Te
aseguro que muy suave, no hice ninguna escabechina. Y me alivió mucho.
Volví
a bajar la manga de la chaqueta, pero, al poco, apareció de nuevo el picor.
Manga
para arriba, manga para abajo... ¡y vuelta a empezar! Así estuve un buen rato,
hasta que, de pronto, caí en la cuenta. Me quité la chaqueta, di la vuelta a la
manga... ¡y encontré el minúsculo pincho que me estaba machacando! ¡Esta vez sí
que acabé con el picor!
Es
curioso. Para resolver el problema no me servía una solución “rápida”, de corto
alcance: no valía con rascar el brazo, ¡había que ir al origen, buscar el
pincho!
En
la oración me di cuenta de que esto nos puede pasar muchas veces. Todos tenemos
en el corazón un sentimiento de “picor”: no podemos parar hasta sentirnos
amados, ¡necesitamos que nos quieran!
Y
podemos salir al mundo buscando ese cariño... pero eso es como rascarse el
brazo: tal vez alivie, ¡pero nuestra sed es mucho más profunda! ¡Necesitamos ir
al origen, encontrar la fuente del amor!
Hay
un amor que siempre es el primero en amar, un amor que ama sin pedir nada a
cambio, un amor que no necesita ser conquistado... Ese es el amor de
Jesucristo.
Cristo
ha sido el primero en amarte. Él ha deseado toda una eternidad que nacieras, ¡y
tiene grandes planes para ti! Él ha muerto y ha resucitado por ti. Si le dejas
entrar, Él colmará la sed de tu corazón, y podrás salir al mundo, no para
buscar amor... sino para entregarlo.
Hoy
el reto del amor es poner tu corazón en manos de Cristo. ¿No sientes ese
“picor” de querer ser amado? Te invito a que hoy, antes de empezar tu jornada,
dediques unos minutos a estar con el Señor. ¡Verás que tu corazón se llena! Y,
a lo largo del día, reparte ese amor disculpando o ayudando a una persona que
tengas a tu lado. ¡Feliz día!
VIVE
DE CRISTO
Fuente:
Dominicas de Lerma
