Las cartas de Ratzinger al cardenal Walter Brandmüller publicadas por Bild son
el último intento para instrumentalizar al Papa emérito
La del Papa
emérito al cardenal Walter Brandmüller, publicada por Bild, no era
una carta. En realidad eran dos.
En la primera, escrita el 9 de noviembre de
2017, Benedicto XVI comentó la entrevista que Brandmüller concedió el 28 de
octubre al Frankfurter Allgemeine Zeitung.
La segunda es del 23 de
noviembre y Ratzinger la escribió para responder a una carta del cardenal.
Ambas cartas, inicialmente presentadas como una sola, fueron divulgadas para
tratar de contraponer al Papa emérito con el Papa reinante.
Vale la pena
examinar principalmente la primera de ellas. Benedicto XVI responde a las
afirmaciones de Brandmüller sobre la renuncia al Pontificado. El cardenal,
estudioso de historia de la Iglesia, había afirmado que Ratzinger, al decidir
hacerse llamar «Papa emérito» había creado una figura inexistente en toda la
historia de la Iglesia. El directo interesado responde de esta manera: «Usted,
obviamente, sabe muy bien que (aunque en raras ocasiones) ha habido Papas que
se han retirado. ¿Qué eran después? ¿Papas eméritos? ¿O qué más?».
Benedicto
XVI pone un ejemplo, que ha provocado muchas especulaciones. «Como usted sabe
–escribió Ratzinger a Brandmüller– Pío XI dejó claro que en el caso de que
hubiera sido arrestado por los nazis, al momento del arresto ya no habría sido
Papa. No sabemos si esta vuelta al cardenalato habría sido efectivamente
simple».
Benedicto se
refiere aquí a la carta que el Papa Pacelli dejó en caso de deportación: el
colegio cardenalicio habría debido considerarlo cesado y proceder con la
elección de su sucesor. «Así, los nazis deportarán al cardenal Pacelli, no al
Papa», dijo Pío XII a sus colaboradores. El ejemplo del Papa deportado por los
nazis ha provocado agitación entre los complotistas: ¿por qué Benedicto XVI
citó precisamente este ejemplo? ¿Tal vez él mismo renunció porque se vio
obligado, porque temía?
Leyendo el
resto de la carta, queda evidente que se cita el ejemplo en relación con la
vuelta del Papa que renuncia al colegio cardenalicio. «En mi caso –escribió
Ratzinger a Brandmüller– seguramente no habría sido sensato declarar
simplemente una vuelta al cardenalato. Habría estado permanentemente expuesto
al público como, precisamente, un cardenal (es más, mucho más, en él habrían
visto al ex Papa.
Esto habría
podido conducir, queriendo o no, sobre todo en el contexto de la situación
actual, a consecuencias pesadas. Con el Papa emérito traté de crear una
situación en la que yo fuera absolutamente inaccesible para los medios de
comunicación y en la que quedara claro que hay un solo Papa. Si usted conoce
una vía mejor y cree poder condenar la que he elegido, le ruego que me lo
diga».
Entonces,
Benedicto, desmontando una vez más absurdas teorías sobre el “papado
compartido”, sobre el Papa que renunció pero no del todo, sobre el Papa que
sigue siendo el verdadero Papa, así como las tonterías pseudo canónicas sobre
la existencia de un munus petrinus que se puede separar de su
ejercicio (con el que el munus permanecería con aquel que ya
no lo ejerce), trató de dar por concluida la cuestión sobre las elucubraciones
alrededor de su renuncia.
Brandmüller
respondió a esta carta el 15 de noviembre de 2017, pidiendo perdón por las
afirmaciones sostenidas en la entrevista: se dice dolido y asegura que ya no
volverá a decir nada más al respecto, pero insistió, seguramente, sobre el
“dolor” que ha provocado la decisión de la renuncia. El Papa emérito, que
evidentemente quedó herido con las palabras de Brandmüller, replicó el 23 de
noviembre, con una nueva carta, en la que agradeció su compromiso de no
cuestionar más su renuncia.
Después
Ratzinger añadió: «puedo comprender el profundo dolor que usted y muchos otros
han sentido con el final de mi Pontificado, pero el dolor, así me parece, en
algunos y también en usted se ha convertido en una rabia que ya no solo se
relaciona con la renuncia, sino que se extiende cada vez más hacia mi persona y
mi Pontificado en su conjunto». «De esta manera, el Pontificado mismo es
menospreciado y se confunde con la tristeza sobre la situación de la Iglesia
hoy». El Papa emérito concluyó invitando a Brandmüller a rezar para que «el
Señor venga a ayudar a Su Iglesia. Con mi apostólica bendición, suyo, Benedicto
XVI».
La frase sobre
la «situación de la Iglesia hoy» ha sido retomada como un juicio duro del Papa
emérito sobre su sucesor, aunque parezca una lectura simplista y reductiva: la
situación de la Iglesia hoy es la situación de la Iglesia de nuestro tiempo, no
solo identificable con los últimos cinco años. Si fuera de esta manera, habría
que suponer que los problemas, los abusos sexuales, la infidelidad del clero,
la disidencia doctrinal son fenómenos que han surgido de repente a partir de
2013 y que hasta ese momento la vida de la Iglesia era ideal. Además,
precisamente el mismo Joseph Ratzinger, cuando todavía era un joven y brillante
teólogo, en octubre de 1958, escribió un ensayo titulado Die neuen
Heiden und die Kirche (Los nuevos paganos y la Iglesia). Los temores de que
la Iglesia se estuviera “mundanizando” ya estaban presentes entonces en su
reflexión teológica.
Lo que es
cierto es que la publicación de las cartas de Brandmüller representa el último
episodio del intento por manipular la figura del Papa emérito. Hay que
preguntarse por qué el anciano cardenal alemán haya puesto en circulación las
dos cartas: es difícil imaginar que Bild las haya de su
vivienda en el Vaticano, pues se trata de ejemplares en papel y no de archivos
que se encuentran en un disco duro. En cuestión está la red
eclesiástico-mediática, con apoyos en el Vaticano, que ha protagonizado los
cotidianos ataques en contra del Papa Francisco. Una red que ha tratado de
enrolar en varias ocasiones a Benedicto XVI.
Además, la
discusión sobre la figura, todavía no codificada, el “Papa emérito” es un tema
sobre el cual la Iglesia tendrá que reflexionar en el futuro. Benedicto XVI
tomó una decisión, pero, inteligentemente, decidió no codificarla. No hay duda
de que la decisión de conservar el nombre pontifical, el hábito blanco y el
título de “Papa emérito” (en el que la palabra Papa está antes que el adjetivo
emérito), además de algunas declaraciones de sus colaboradores, han contribuido
a fomentar dudas, incertidumbres e incluso, en algunos, la idea de un Papa
emérito todavía un poco Papa, que se convierte en punto de referencia para los
grupos de los desilusionados del Papa reinante.
Andrea Tornielli
Fuente: Vatican Insider
