Cuidar al que no me
pide que lo cuide, cada día llegar puntual,... Cada pequeño hábito vale mucho
A veces miramos a los políticos y nos quejamos de
la corrupción y de las mentiras. Aceptan regalos injustos y se dejan
comprar. Y nos indignamos porque no son trasparentes.
Quizás yo, a mi escala, a
veces me parezca a ellos. Yo también, como ellos, me dejo comprar. Pero como es en
privado, y sólo yo lo sé, lo justifico.
Otras veces me comparo con
personas como la Madre Teresa y pienso que su vida fue grande. Y que la mía no
cuenta. Que lo mío no vale.
O me comparo con los sueños
que tenía antes, cuando era más joven. Cuando soñaba con todo lo que podía
llegar a ser, y lo comparo con lo que soy ahora. Y tiro la toalla con tristeza, dejo de luchar.
Jesús me pide ser fiel en lo
pequeño. Pienso en Jesús, en sus treinta años de vida oculta. Esa vida sencilla
de Nazaret. Fue fiel en lo rutinario y oculto. En lo cotidiano, en las cosas
más pequeñas que nadie veía. Años en los que no sabemos lo que hacía. Años en
los que aprendía a vivir de María y de José.
¿Qué es para mí ser fiel en
lo pequeño?
Jesús me dice que sea fiel en
lo pequeño para modelar mi corazón. Y que así, cuando la vida me lo pida, pueda
llegar a ser fiel en lo grande. Quiero aprender esa fidelidad en lo pequeño. A
veces, en lo que nadie ve, me cuesta más ser fiel. Esa fidelidad en lo escondido es dura.
Me cuesta cumplir lo que me
he propuesto, cuando nadie me mira. Hacer las cosas sin que nadie lo sepa. Caminar sin hacerlo al
ritmo de los aplausos, en lo oculto de mi trabajo diario. Ser honesto en todo,
aun cuando nadie lo sepa. Permanecer
fiel a la palabra dada.
Ser fiel en lo pequeño es entregarme en lo más rutinario. En lo que
se repite cada día y a veces me cansa y no valoro. En mi vida
tal cual es ahora, no como la soñaba ni como la sueño ahora. Dios me sueña así y para Él, mi vida es la más grande.
Y todo lo que hago tiene un valor inmenso.
Quiero ser fiel en lo poco.
Eso supone ser santo y fiel en las cosas pequeñas. Perder el tiempo cada día con los hijos.
Cuidarlos sin que lo valoren. Visitar a un familiar enfermo o alejado, cuando
nadie me lo pide. Llamar al que nunca llamo. Cuidar al que no me pide que lo
cuide. Cada día llegar puntual a mi trabajo, o a las citas, o
a los compromisos.
No hacer el mínimo para
cumplir, hacerlo todo de forma extraordinaria. No vivir contando todo lo
que hago, para que nadie tenga que alabarme por mis méritos. Ser fiel en lo
pequeño es hacer bien lo que nadie ve, con
humildad, con alegría.
El otro día una persona que
trabajaba en el peaje de una autopista, cuando fui a pagar y lo saludé, me dijo: “Pues aquí estamos. Trabajando un poquito”. Con una sonrisa en la cara. Sin
amargura. Sin desgana. Dignificando un trabajo tan rutinario y repetitivo. Me
impresionó.
Ser fiel es hacer bien lo que
me toca. Dar lo que tengo donde Dios me lo pide. Aunque no sea el trabajo
soñado o el lugar esperado. ¡Conozco a tantas personas insatisfechas con
trabajos estupendos, que no saben valorar lo que tienen!
Vivir sencillamente con
alegría las cosas de cada día es santidad. Vivir las alegrías pequeñas que
cambian la vida, porque nos hacen sonreír a todas horas.
Ser fiel en lo pequeño es hacer las cosas de un modo grande, con un
sentido, aunque sean las mismas de siempre.
Ser fiel es estar al lado de
los míos cada día, no sólo cuando pasen cosas importantes, sino en las
sencillas y cotidianas. Es
vivir mi vida con Dios y caminar con Él cada paso, sea lo que sea lo que me
toque en el camino.
Fuente: Aleteia
