“PODRÍA SER HOY MI ÚLTIMO DÍA”: ASÍ VIVEN LA GUERRA LOS CRISTIANOS DE JERUSALÉN

“La gente tiene miedo”

Dos franciscanos revisan los restos del misil que cayó en
Beit Sahur.| Crédito: Custodia de Tierra Santa.

El nombre de Jerusalén, según la tradición judía, significa Ciudad de Paz. Paradójicamente es probable que no exista otra ciudad en el mundo que haya sido más asediada, saqueada y destruida en su historia. Es allí donde “el Cielo se encuentra con el Infierno”, como aseguraba el rabino Adin Steinsaltz.

Aún hoy, la paradoja de Jerusalén afecta a miles de personas. Especialmente a la comunidad cristiana, acostumbrada a sufrir cierto grado de violencia en la Ciudad Santa, la  que en los últimos días ha empeorado gravemente, luego del inicio de la guerra en Oriente Medio, amenazando el corazón de las tres grandes religiones surgidas de los hijos de Abraham.

Dos sacerdotes contaron a ACI Prensa cómo se vive la situación en Jerusalén, en medio de los bombardeos de Irán, tras los ataques de Estados Unidos e Israel contra la nación árabe que iniciaron el pasado 28 de febrero. Se trata del P. Ibrahim Faltas, de la Custodia de Tierra Santa (CTS); y el P. Luis Eduardo Rodriguez, Legionario de Cristo.

“La gente tiene miedo”

Este 13 de marzo, los restos de un misil iraní —interceptado por las defensas israelíes— cayeron sobre una escuela primaria de la Custodia, ubicada cerca de la Puerta de Jaffa, en el oeste de la Ciudad Vieja. Fueron dos pedazos de metal que, según el P. Faltas, no ocasionaron víctimas porque las clases están suspendidas desde el inicio de los bombardeos.

“La situación es realmente muy difícil. Es muy, muy difícil. No hay nadie en las calles, la gente tiene miedo”, explica el sacerdote franciscano.

En el Campo de los Pastores de Belén, en Beit Sahour, un pedazo de misil de gran tamaño también impactó sin ocasionar daños. El P. Faltas advierte del potencial destructor de estos restos, “que son trozos de metal pesado que llegan a gran velocidad y pueden matar y destruir”.

La situación en la Ciudad Vieja es realmente crítica, es allí donde se concentran la mayoría de los Lugares Santos, de vital importancia para los cristianos. “No hay refugios. Todos tienen miedo”, dijo el franciscano refiriéndose a los habitantes de esta parte de Jerusalén.

“Se escuchan siempre las sirenas y luego la ciudad queda muerta: tiendas cerradas, escuelas cerradas, lugares de culto cerrados. No hay vida y la gente tiene miedo”, repitió.

Muchos de los cristianos en Jerusalén y en Tierra Santa, continuó el P. Faltas, están abandonando la zona “porque dicen que no hay futuro ni para ellos ni para sus hijos en esta tierra, y todos están verdaderamente desesperados”.

“En este momento necesitamos la oración de todo el mundo, y que no nos dejen solos, porque realmente estamos pasando por un momento muy difícil. Solo Dios puede salvarnos de esta situación, y por eso necesitamos la oración”, agregó.

“Podría ser hoy mi último día”

El legionario Luis Eduardo Rodríguez acaba de cumplir un año como sacerdote, además de un año y medio trabajando en Jerusalén. Es salvadoreño, sirve en el Centro Notre Dame de Jerusalén y colabora con la parroquia de San Simón y Santa Ana, que es de habla hebrea. Además, estudia en la Universidad Hebrea de Jerusalén.

Su corto ministerio sacerdotal se ha desarrollado, en buena medida, entre la violencia y la incertidumbre de la guerra. Esta realidad le ha permitido ver su vocación y su vida misma desde un ángulo de fe completamente nuevo.

“Cada vez que suenan las alarmas uno intenta seguir el protocolo y acercarse a los lugares seguros, pero es en esos momentos en que uno piensa: 'Podría ser hoy mi último día'”, añadió el P. Rodríguez.

Para el sacerdote legionario, quien vive el Evangelio está consciente de que “uno nunca sabe ni el día ni la hora” y que cada día puede ser el último, “pero es en situaciones así donde más real se siente esa verdad”. Dijo que lo único que pueden hacer los cristianos es tratar de vivir de la manera más normal posible.

“Al mismo tiempo es la única manera de vivir sanamente en una situación así, con la tranquilidad y la certeza de que uno está en el Señor y con el Señor, haciendo su voluntad, siguiéndole y bajo su protección, por lo que sucederá lo que Él vea más conveniente”, comentó.

El P. Rodríguez también remarcó el ambiente de “ansiedad e incertidumbre” en Jerusalén ante la posible duración de la guerra y sus consecuencias inmediatas, pero a la vez destacó la serenidad de los cristianos en medio de los bombardeos, “que solo puede venir de la fe y la confianza en el Señor”.

La comunidad cristiana “no está de parte de nadie” en medio del conflicto, porque “todos están siendo afectados por la situación”. El legionario aseguró que “están del lado de la paz y del lado de querer resolver el conflicto para construir algo mejor”.

La mayoría de los peregrinos de la ciudad y de los católicos que trabajaban en Jerusalén han logrado salir del país. Esto ha hecho que la vida de la mayoría de las parroquias haya cambiado drásticamente, con muchos menos feligreses. A la vez, los religiosos católicos de la ciudad “se han puesto a disposición de sus comunidades” para atender a los afectados por la guerra y a los más vulnerables.

En medio del sufrimiento y de la violencia, continuó, “se forja la fe y se acrisola la esperanza”. 

El sacerdote comentó que “es hermoso” ver a tantos cristianos esforzándose por trabajar y vivir su fe aún en medio de los peligros. Ese es “el mayor signo” que los cristianos de Jerusalén pueden enviar a los cristianos del resto del mundo.

“Ningún problema es demasiado grande —concluyó el P. Rodríguez— para la fe. Incluso cuando tenemos la muerte y la guerra a las puertas de casa, uno puede y tiene que seguir esperando y confiando en el Señor, creyendo en que su poder es lo único que de verdad puede cambiar corazones y transformar sociedades”.

Por Andrés Enríquez

Fuente: ACI Prensa