"Que ninguno se pierda" es un librito de 160 páginas que recoge 5 enseñanzas o charlas bastante recientes impartidas por la Madre Verónica María, fundadora de las religiosas de Iesu Communio.
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| Madre Verónica Berzosa habla a cientos de jóvenes católicos en Barcelona. Dominio público |
El
tema que repite es el
deseo de amor "que no pueda morir" y de inmensidad y bien eterno,
es decir, el deseo de Dios, que empieza ya con la sed de los que sufren aquí en
la tierra.
No
hace falta leer cada enseñanza de un tirón, pero algunas de ellas son más
ágiles y lo permitirían. De todas formas, pensadas para ser releídas como
lectura meditada, vale la
pena acudir a estos textos sin prisas y con espíritu orante.
Eso
no quiere decir que una persona alejada de la Iglesia no pueda sacar mucho
fruto de ellos, eso sí, siempre que tenga un ansia interior, o al menos una
inquietud espiritual. Si es así, resonarán en su alma muchas de las inquietudes
de Madre Verónica,
incluyendo las que vivió en su juventud de fiestas y noches vacías, de jóvenes
amodorrados y ácidos o violentos, cuyo vacío sin Dios la llevaría a la
entrega total y arriesgada a la vida religiosa a los 18 años.
1. Para las madres que lloran
El
primer texto del libro se titula, citando a San Agustín, "No puede perderse el hijo de
tantas lágrimas", se predicó para un apostolado mexicano y se
orientaba en un principio a tantas madres cristianas que sufren por sus hijos
alejados. Recuerdan que Santa
Mónica -Madre Verónica nació en el día de Santa Mónica- sufría como por un
parto con cada acción mundana y alejada de Cristo que veía realizar al
joven y disoluto Agustín.
También
analiza el encuentro de Cristo con la viuda de Naim. ¿Acaso no quieren todas
las madres la resurrección de su hijo caído en el pecado? Cristo se acerca, toca el féretro
y dice: "Joven, a ti te lo digo, levántate". Son temas muy
"de Iesu Communio", de animar a levantarse al joven hundido y
entregarlo a su madre.
Madre
Verónica quiere animar a tantas madres y recuerda su experiencia con su propia
madre terrenal. "Yo antes
no entendía las lágrimas de mi madre, hasta me parecían una exageración. Casi
nunca entendemos en el momento sus palabras, sino más tarde, quizá cuando
rompemos por fin a llorar por el arrepentimiento y el tiempo perdido".
2. Para los que no entienden la
adoración
La
segunda charla va dirigida a un encuentro nacional de Adoración Nocturna en
2021. Una persona dijo a Madre Verónica: "¿para qué sirve eso, qué valor tienen esas horas gastadas
cuando hay tantas necesidades? ¿No te parece un despilfarro de energías? Me
parece una forma de huir de la realidad, aunque os admiro porque parecéis
buenas personas".
Madre
Verónica señala que es una gran miseria no darse cuenta de que hay ausencia de
Dios. Luego acude a Santa Tereesa Benedicta de la Cruz, Edith Stein, quien
dice: "Tenemos que vivir
en la certeza de la fe, de que lo que el Espíritu de Dios obra escondidamente
en nosotros produce sus frutos para el Reino". Compara la oración
con corrientes de aguas invisibles, subterráneas... pero que dan vida. Al
final, adorar es una necesidad vital de quien ama, dice Madre Verónica.
Y
es la mejor intercesión: "yo
no puedo abrazar el mundo entero, pero Dios sí". "Oramos
unos por otros para que ninguno se pierda", añade, en la frase que da
título al libro.
3. Para los que no sienten libertad
La
tercera charla la impartió a
jóvenes católicos en Jaén en noviembre de 2021. Empezó de nuevo con Edith Stein, judía agnóstica y
filósofa, convertida de golpe leyendo a Santa Teresa de Ávila.
"El cristianismo me ha liberado de la vida que me había tirado por tierra,
me ha dado la fuerza para retomar, agradecida, la vida de nuevo", cita.
Verónica
comentó el caso de una joven que conoció, cristiana tibia, que estando muy enferma supo que iba a poder
recibir un corazón trasplantado que le salvaría la vida, la
"oportunidad de vivir
en verdad", sin olvidar que es con un corazón donado. ¿No deberíamos vivir todos
así? Porque cada cristiano tiene el corazón donado por Cristo.
Vivir
así implica una sed de libertad, una sed de verdad y una sed de amor que sólo
Dios podrá saciar. Hay que evitar
la idea de "seré feliz más adelante cuando..."
La
religiosa anima a vivir con plenitud ya, leyendo en los ojos de Jesús. Al
contrario que el joven rico, que no se atrevió a dejarlo todo, y quedó triste,
el cristiano ha de poder dejar sus cosas con alegría, mirándole a Él.
4. Para los que tratan de servir con
caridad
La
siguiente meditación se dirigió a voluntarios
y personal de Cáritas reunidos en la casa natal de San Francisco de Borja en
Gandía en mayo de 2022. Madre Verónica investigó sobre este santo noble y
jesuita y le cautivó una frase suya: "Me ofrecí a Jesús y pedí su amor sin medida, participando
de su inmenso amor".
Pero
los voluntarios de Cáritas van a servir a Cristo trabajando con personas muy
heridas. A ellos les dice, citando a Teresa de Calcuta: "Hay que amar hasta que duela".
Recordó también a los santos en los campos de exterminio, como Maximiliano
Kolbe y Edith Stein. Pero a
los que ven a Cristo en el pobre, les plantea, ¿no veis a Cristo en vuestra
propia pobreza?
"Puede
suceder que preocupados por la sed de los otros nos olvidemos de nuestra propia
sed", es decir, que haciendo buenas obras nos olvidemos de Dios, y
entonces ya sólo podamos ofrecer aridez y esterilidad.
Este
texto incluye un icono de
Rupnik que analiza, con dos mesas, la de la comunión y la del servicio al
necesitado, lleno de simbolismo.
Y
advierte también, ante el dolor y la secularización: "Podemos sentir miedo de alegrarnos, pero con la pérdida de la alegría
no mejora el mundo. No alegrarse en aras del sufrimiento no ayuda nada
a los que padecen", advierte. "Este mundo nuestro necesita muchos hombres que descubran la
alegría de extender el bien, y así todos recibirán el ánimo y el empuje
suficientes para seguir haciéndolo".
5. Para los tentados de quedarse
mirando, sin actuar
La
última de las charlas del libro la predicó a jóvenes católicos de Barcelona en
el encuentro
Betel22 en mayo.
Muchos serían jóvenes atraídos por Cristo, pero que dudan en dar pasos que
comprometan. Madre Verónica empezó hablando de la famosa foto de la hambruna en Sudán de Kevin Carter que ganó
el Pulitzer: un buitre
espera a que muera una niña desnutrida.
Todos
preguntaron al fotógrafo si
tras la foto ayudó a la niña. No, dijo él, había muchas más niñas iguales
alrededor, no podía ayudarlas a todas. Hizo la foto y se fue. Más
tarde se arrepintió de no haber hecho algo por al menos esa niña. Y a los 33 años se suicidó, dejando
una nota: decía que le atormentaban los horrores que vio en guerras y
hambrunas.
"¿No
es esta nuestra sociedad?", plantea Madre Verónica. Una sociedad que contempla,
incluso se escandaliza... pero no actúa, se distrae con entretenimientos, se
llena de vacío, y al final solo le queda el suicidio.
Más
que preguntar "dónde está Dios", ella cree que es Dios quien dice a cada hombre:
"¿dónde estás, qué haces, por qué no actúas?"
Madre
Verónica explica a continuación su vocación religiosa, cómo Dios la llamó de
una vida de ocio vacío, y como usó a una joven en Francia, una prostituta llamada Veronique,
para despertarla. Y así María José Berzosa se convertiría en Verónica. Es
este un texto que hará que todos sus lectores -no sólo los jóvenes- quieran
aprovechar bien la vida.
Se
trata, en fin, de un libro de 160 páginas que se lee con agrado, con citas de santos muy relevantes en
nuestra época, con cultura sin culteranismos, que pueden leer también
personas que se hacen preguntas espirituales en las periferias de la fe, y
cristianos que quieren meditar más sobre su vivencia. Una buena opción de
lectura espiritual.
Fuente: ReL
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