«No todos los que hoy son catequistas podrán acceder al ministerio», ha subrayado Rino Fisichella al presentar este martes el ministerio de catequista
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Se trata de «un nuevo ministerio»
que se entrega a «la Iglesia del tercer milenio». Y, al mismo tiempo, de un
encargo que «siempre ha acompañado el camino de la evangelización para la
Iglesia de todos los tiempos y latitudes». El proceso que ha llevado hasta
aquí, por tanto, solo se puede comprender «en la unidad entre una profunda
atención a nuestras raíces y una mirada realista al presente».
Instituir este ministerio, ha
explicado el responsable de nueva evangelización del Vaticano, «equivale a
establecer que la persona investida de ese carisma está realizando un auténtico
servicio eclesial a la comunidad». Es también una forma de promover «aún más la
formación y el compromiso de los laicos».
Ser catequista no se improvisa
Es un paso que «permitirá tener un
laicado mejor formado y preparado en la transmisión de la fe». En efecto, «los
catequistas no se pueden improvisar, porque el compromiso de transmitir la fe,
además del conocimiento de sus contenidos, requiere un encuentro personal
previo con el Señor». También una toma de conciencia de que se «habla en nombre
de la Iglesia» y se «transmite la fe de la Iglesia».
En este sentido, Fisichella ha
subrayado que «no todos los que hoy son catequistas podrán acceder al
ministerio». El motu proprioestablece los requisitos
para ello: personas «de profunda fe y madurez humana, que participen
activamente en la vida de la comunidad cristiana, que puedan ser acogedores,
generosos y vivan en comunión fraterna», que hayan recibido «la debida
formación bíblica, teológica, pastoral y pedagógica» y tengan «experiencia
previa de catequesis».
Además, ha aclarado el obispo, es
clave «la dimensión vocacional para servir a la Iglesia» donde «el obispo
considere necesaria» su presencia. A la vista de todo esto, «corresponde ahora
a las conferencias episcopales» determinar «los requisitos, como la edad y los
estudios necesarios, las condiciones y las modalidades de acceso al
ministerio», ha añadido el obispo.
Un deseo de Pablo VI
Fisichella ha subrayado además que
esta decisión conecta con el «gran impulso ofrecido por el Concilio Vaticano
II» al laicado. Asimismo, «lleva a cabo un deseo de Pablo VI». En 1975, en la
exhortación Evangelii nuntiandi, el Papa
Montini hablaba del de catequista como uno de varios «ministerios, nuevos en
apariencia pero muy vinculados a experiencias vividas por la Iglesia a lo largo
de su existencia», que resultan «preciosos para la implantación, la vida y el
crecimiento de la Iglesia».
Desde entonces, «tuvieron que pasar
casi 50 años para que la Iglesia reconociera que el servicio prestado» por
tantos hombres y mujeres «constituye verdaderamente un ministerio particular».
El presidente del Consejo Pontificio para la Promoción de la Nueva
Evangelización ha señalado en particular a tantas regiones «donde la presencia
de sacerdotes es nula o escasa». Allí, «la figura del catequista es la de aquel
que preside la comunidad y la mantiene arraigada en la fe».
En este sentido, ha mostrado su
esperanza de que gracias a este ministerio, en las Iglesias locales «el proceso
de la evangelización continúe su fructífero camino de inculturación en las
diversas realidades», y que tanto los propios catequistas como las iglesias
locales redescubran el valor de esta vocación.
El ejemplo de san Juan de Ávila
Por otro lado, Fisichella ha
subrayado que «no es casual» que el motu propriofuera
firmado este lunes, memoria litúrgica de san Juan de Ávila. El doctor de la
Iglesia español «fue capaz de ofrecer a los creyentes de su tiempo la belleza
de la Palabra de Dios y la enseñanza viva de la Iglesia en un lenguaje no solo
accesible a todos, sino revestido de una intensa espiritualidad». A través de
su figura, el Santo Padre invita a los catequistas a «inspirarse en el
testimonio de un santo que hizo fecundo su apostolado catequético a través de
la oración, el estudio de la teología y la simple comunicación de la fe».
Con todo, a pesar del protagonismo
del patrono del clero secular español, el obispo italiano ha recordado que la
labor de catequista no debe «caer en formas de clericalismo». Este ministerio
«debe expresarse no principalmente en el ámbito litúrgico, sino en el ámbito
específico de la transmisión de la fe mediante el anuncio y la enseñanza
sistemática».
El motu proprio completo puede leerse aquí.
María
Martínez López
Fuente: Alfa y Omega
