Estaba
previsto en Rangún el 30 de noviembre por la mañana. Francisco los recibió en
el palacio del arzobispado y habló con ellos sobre su papel en el proceso de
transición
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| El Papa Francisco por las calles de Rangún |
La de ayer, lunes, debía ser
una jornada de reposo, esperando el “tour de force” que le espera hoy, martes
28 de noviembre, con los encuentros institucionales previstos y el discurso a
las autoridades políticas del país.
Pero Francisco anticipó los
tiempos y ayer por la tarde, en el palacio del arzobispado de Rangún, se reunió
con la cúpula militar birmana.
Visitó al huésped el general
Min Aung Hlaing, comandante en jefe de la Defensa. Los tres ministerios clave
del gobierno de Myanmar están en manos de los militares, el de la Defensa, el
del Interior y el que se ocupa de vigilar las fronteras.
El general Aung Hlaing iba en
compañía de una pequeña delegación compuesta por los Tenientes generales Tun
Tun Naung, Than Tun Oo y Soe Htut, que trabajan en la Oficina de las
Operaciones Especiales. Estaban presentes también el Coronel Aung Zaw Lin, en
calidad de transciptor, y un traductor del personal de la Iglesia católica
birmana.
El encuentro comenzó a las
17.55 (hora local) y la fase del restingido coloquio duró 15 minutos. «Se habló
–refiere el vocero vaticano, Greg Burke– de la gran responsabilidad de las autoridades
del país en este momento de transición». Al final de la reunión, que las
autoridades vaticanas definieron como una «visita de cortesía», se llevó a cabo
el intercambio de regalos: el Papa donó una medalla del Pontificado y el
general le regaló un arpa birmana en forma de barca y una taza de arroz
decorada.
La fuerza de los militares,
que son responsables de la dura respuesta del ejército en contra de los
Rohinyá, será mucho más evidente mañana, cuando el Papa y su séquito se
trasladen a la nueva capital del país, Nay Pyi Taw, construida en pocas décadas
y en la que vive un millón y medio de personas, principalmente militares y
empleados en los ministerios con sus familias.
Es una especie de “ciudad
prohibida” a los periodistas occidentales, que no pueden entrar a ella. Y fue
construida precisamente para estar lista a afrontar ataques: hay calles enormes
de diez carriles que pueden ser utilizadas como pistas de aterrizaje y para que
despeguen aviones militares. El núcleo de los palacios del poder político e
institucional está rodeado por un foso.
ANDREA TORNIELLI
ENVIADO A RANGÚN (MYANMAR)
Fuente: Vatican Insider
