En el
penúltimo miércoles del mes de agosto de 2017 el Papa Francisco impartió su
catequesis en el Aula Pablo VI del Vaticano
Prosiguiendo el ciclo
sobre la esperanza cristiana, se centró en la novedad que ella nos trae, a
partir del mensaje de Dios en el libro del apocalípsis cuando dice «yo hago
nuevas todas las cosas».
El nuestro es el Dios
de la novedad y de las sorpresas
Nuestro Dios es un
Dios que crea novedad, dijo el Papa, es un Dios de sorpresas y no es cristiano
que nosotros caminemos con la mirada baja como si no hubiera un horizonte. Dios
no ha querido nuestras vidas “por error” obligándose a sí mismo a nosotros y a
difíciles noches de angustia, sino que nos ha creado porque nos quiere felices,
aseguró.
“En la catequesis de
hoy hemos considerado cómo la esperanza cristiana está abierta a la novedad más
grande, porque está abierta a Dios que sabe crear siempre cosas nuevas y
sorprendentes en nuestra vida y en la historia. La Biblia nos muestra que el
camino del creyente tiene una meta y un sentido. Es la Jerusalén del Cielo,
donde Dos nos espera lleno de ternura para enjugar nuestras lágrimas y darnos
descanso en nuestras luchas y fatigas”.
Dios nos espera, ésa
es la esperanza de los cristianos
Ser cristianos,
explicó también el Santo Padre, implica una perspectiva nueva, es decir, una
mirada llena de esperanza. Ante tantas calamidades en el mundo que se leen en
las páginas de los periódicos y a las cuales corremos el riesgo de habituarnos,
se puede pensar que la vida no tiene sentido, pero los cristianos no creemos
eso, creemos que en el horizonte del hombre hay un sol que ilumina siempre:
somos gente más de primavera que de otoño.
“Frente a tanto
sufrimiento en el mundo, a tantos niños que sufren por la guerra, al llanto de
las madres, a los sueños rotos de tantos jóvenes, a las penurias de tantos
refugiados, la esperanza cristiana nos asegura que tenemos un Padre que llora y
se apiada de sus hijos, que nos espera para consolarnos, porque conoce nuestros
sufrimientos y ha preparado para nosotros un futuro distinto”.
Dios, que llora con
nosotros lágrimas de piedad, nos tiene preparado un futuro diferente
Jesús, nuestra
salvación, es la gracia más grande de la vida. Él nos espera en el final pero
ya nos consuela en el camino, mientras nos conduce a Dios, expresó Francisco.
Entonces, será bello descubrir que nada fue desperdiciado: ni una sonrisa, ni
una lágrima. Por cuán larga nos haya parecido nuestra vida, nos parecerá haber
vivido en un soplo.
“La esperanza nos
lleva a creer con firmeza que la muerte y el odio no tienen la última palabra
sobre la vida humana. Que el mal al final será eliminado como la cizaña del
campo. Y, sobre todo, nos da a Jesucristo que nos acompaña y consuela en
nuestro camino”.
"Me gustaría
preguntarles, ¿nuestra alma está en la primavera o en otoño?"
Ya casi en el final de
la catequesis en italiano, el pontífice recordó que los cristianos
"creemos y sabemos que la muerte y el odio no son las últimas palabras
pronunciadas sobre la parábola de la existencia humana". Ser cristianos -
dijo- significa tener la mirada llena de esperanza hasta el día en que todo se
cumplirá, hasta el instante en el que Dios pronunciará su última palabra de
bendición «¡Yo hago nuevas todas las cosas!».
Griselda Mutual
Radio Vaticano
