¿Moviendo piedras?
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| Dominicas de Lerma |
Hola, buenos
días, hoy Israel nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.
¡Qué empeño
tenía! Se me había metido en la cabeza que en el jardín, frente a la Virgen,
quería poner un banco. Y como cerquita tenía una montaña de piedras enormes,
pues me empeñé en que una de esas estaría genial.
Pero mi empeño
no quedó ahí. “Yo misma creo que puedo sola, cogeré una carretilla y, si logro
montarla encima, la llevo hasta allí”. Y, efectivamente, así lo hice. He de reconocer
que realmente pesaba muchísimo pero, en mi empeño, se me redoblaron las fuerzas
y logré colocar la piedra en el lugar que había preparado.
Así que,
contenta por mi hazaña, fui a probarla, a ver si realmente estaba bien colocada
ahí. Me senté y… ¡qué fría estaba! Claro, fría… ¡como una piedra! Ahí no hay
quien aguante sentado más de medio minuto.
Al final me
entró la risa, porque vi claro que ese es el fruto de nuestro empeño y esfuerzo
personal. Moveremos piedras, a veces, incluso lograremos con mucho esfuerzo lo
que nos proponíamos y, sin embargo, ¿ese era el resultado esperado? O, mejor
aún, ¿era realmente lo que necesitábamos?
Los
“resultados” de nuestra vida no son fruto de nuestro esfuerzo personal. Porque,
¿quién puede transformar un corazón de fría piedra en un corazón de carne? Solo
Él. ¡En realidad todo es Don! Y en realidad el “éxito” de nuestra vida estará
en haber acogido cada día ese Don y haber vivido de Él.
Y es que muchas
veces hacemos más caso a nuestros propios deseos, a nuestros criterios, y nos
hacemos propósitos, en vez de escuchar más bien los sueños que el Señor ha
preparado para nosotros, y dejarnos transformar por Él para que se puedan
realizar en nosotros.
Si yo, en mi
empeño por colocar ahí una piedra, me hubiera abierto a Él, sí, seguro que se
lo hubiera propuesto como opción, pero Él mismo me habría hecho probarla antes
de moverla. Y, al darme cuenta, se me habría quitado la idea de la cabeza. Y
seguro, seguro que Él mismo hubiera puesto la mejor opción frente a mis ojos.
Hoy el reto del
amor es abrirte al Don del Señor. ¿Tienes ideas que te gustaría realizar?
Propónselas a Él en un rato de oración, con el corazón abierto a lo que te
pueda decir. ¿Te gustaría cambiar y has puesto todo tu empeño en ello? Mejor
pon tu corazón y tu vida en Sus manos, y deja que Dios sea el Dios de tu vida,
para que experimentes que en caída o en fortaleza, te ama.
VIVE DE CRISTO
¡Feliz día!
27 septiembre
2022
Fuente:
Dominicas de Lerma
