Junto
a la cruz
Hola,
buenos días, hoy Sión nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.
Ayer
estuvo prácticamente todo el día lloviendo. Mientras orábamos ante el
Monumento, había momentos en que se oía la lluvia golpeando con fuerza contra
las ventanas de la iglesia.
En
un momento en que tuve que salir, me encontré en el claustro con una hermana,
que me dijo:
-El
cielo está llorando...
Realmente,
con esos nubarrones negros, parecía que la naturaleza entera estaba de luto. Y sería
fácil pensar que hoy todos deberíamos estar así, de negro y llorando; sin
embargo, no es eso lo que siento en mi corazón.
La
verdad es que lo que me sale del alma en este día es dar gracias, ¡sí, dar
infinitas gracias al Señor!
Nadie
le quita la vida. Él la entrega libremente por amor a ti y a mí. Sabía lo que
iba a suceder, pudo escapar si hubiese querido. Y tuvo miedo. No lo ocultó,
sino que dejó que sus discípulos le vieran así, tan débil, y permitió incluso
que lo escribieran en los Evangelios. Jesús temía lo que iba a suceder... pero
su amor por ti fue mayor que su miedo a la muerte.
Creo
que son los dos puntos de vista que podemos tener ante el día de hoy: la muerte
o el amor.
Cristo
no nos pidió opinión para salvarnos, no nos consultó su plan... sencillamente,
lo realizó por amor. Gratuitamente nos entrega toda Su vida para que nosotros
tengamos Vida.
Todo
ser humano que nace está condenado a muerte. Y Él, que era el único inocente,
el único que tenía derecho a no morir, dejó que lo condenaran, abrazó tu muerte
para, de agujero negro, transformarla en puerta, camino.
Gracias
a la cruz de Cristo, hoy sé que todas mis muertes, en Él encuentran luz y
sentido. Gracias a la cruz de Cristo, sé que Él ha querido tomar todo lo mío
para vivirlo conmigo y redimirlo. Gracias a la cruz de Cristo, hoy descubro
cuánto me valora, cuánto nos valora: tú vales toda su sangre.
Cristo
considera que merece la pena morir por ti. No te ha preguntado, lo ha hecho.
Pudo
redimirnos con un suspiro, con una simple orden... pero se habría quedado muy
lejos de nosotros. Así, sufriente, corporal, amigo, ¡cómo nos entendemos!
¿Cómo
no amar a quien te ama tanto?
Hoy
el reto del amor es mirar la Cruz de Cristo en acción de gracias. Pídele a
Jesús poder descubrir que ella es el púlpito desde donde el Señor quiso gritar
su amor por ti. Es una declaración de amor, un regalo. Él muere por ti... para
que tú vivas por Él.
VIVE
DE CRISTO
Fuente:
Dominicas de Lerma
